Las esdrújulas

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Cuestiones literarias y poética visual

Hay algo de cierto en que las musas están ahí cuando nos ponemos a trabajar en serio. Da la casualidad de que nos gustan las palabras esdrújulas, y esdrújula, precisamente, lo es.

¿Son las musas?

"Esdrújula", del italiano sdrucciola, alude a resbaladiza o deslizante y, en latín, disroleotare (dis-roteolus/rotulus) viene ya con la idea de ruedecilla o rodillo implícita en su etimología. Para no extendernos en vericuetos más propios de un blog de lengua, nos quedamos con su música y su cadencia y con que después de la sílaba tónica hay dos sílabas más.

En la forma se parece mucho a brújula, que indica siempre una dirección. Para no perdernos. Brújula, además, como si quisiera hacernos un guiño, es palabra esdrújula.
Luego, sí:

Somos dos sílabas tras la tilde: Marian y Marieta, filólogas de corazón y por convicción, enamoradas de todo lo relacionado con la belleza en general y con la palabra en particular, con esa que más allá de su representación ortográfica nos contiene, nos forma y nos transforma.

Tenemos una dirección: la palabra y las conexiones que nos propicia: con escritores, consagrados o no; con editores, para hacernos eco de sus novedades; con autores de los blogs literarios que vamos descubriendo y con booktubers, quienes en un momento de fatiga editorial y literaria, han tenido la virtud de arrastrar a miles de jóvenes a compartir su pasión por leer.

Te estarás preguntando qué relación tiene la foto de cabecera con todo esto de la esdrújula y la brújula. Y no, no es que se nos haya ido la pinza; bueno, nunca se sabe…

Verás:



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Ilustración: Xabier Iriondo


Te estábamos esperando en esas calles empedradas de letras, en esos tejados y fachadas que, si te fijas, son revocos de un material antiquísimo llamado palabra.

Y si te fijas más, encuentras una figura recortada en el azul cobalto de la noche urbana: es una gata. Quizá dos, si te fijas bien. Observan el ritmo de la ciudad. De hecho, si miras hacia arriba cuando paseas por ciertas calles, las ves, porque les interesan los humanos  les interesas tú,  por cierto, y no  tienen prisa.

Ahora te pedimos una sonrisa benévola porque tienes razón: no hay gata alguna que observe la ciudad. Se trata de una imagen poética, pero…  ¿a que es sugerente y da juego para soñar? Necesitamos imaginación para ensanchar nuestras posibilidades y dar alas a la realidad, así que continuamos:

Los humanos como tú, para comunicarse, emiten una cantidad de sonidos que asombran al gato más pintado. Así están ellas, que parecen no hacer nada. Ni pestañean.

Porque los gatos, para comunicarse entre sí, “suenan”, pero no como nosotros. Su lenguaje es silencioso, casi telepático. Mira que los humanos lo somos gracias a las palabras y mira todas las que tenemos disponibles…,  que si las sumamos a nuestra capacidad de leer los gestos y las actitudes, podríamos decir que les llevamos buena ventaja; en cambio, ¿cuántas veces no damos pie con bola o no acabamos como el rosario de la aurora cuando se trata de aclararnos entre nosotros?

Los gatos discuten de manera diferente. No se enredan en discusiones peregrinas.
Y se ponen  de acuerdo con mayor rapidez, quizá porque ven cosas que nosotros no vemos. Hay quien dice además que aunque pudieran hablar, no lo harían.
Nosotros lo que no sabemos es callar.

¿Has visto la luna de la portada? Justo detrás de ella está nuestra frontera.


Marian Ruiz - Marieta Pancheva

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