miércoles, 28 de marzo de 2018

Una semana peculiar y un burro


Semana Santa, saetas, tambores, Marian Ruiz


La semana se tiñe de saetas y morados, ajena al jolgorio de la primavera. La propia primavera permanece ajena a sí misma. Las músicas son lastimeras; los cánticos de quienes se arrancan, exaltados hasta el paroxismo para mayor gloria del poeta.

¡Oh, la saeta, el cantar
al Cristo de los gitanos,
siempre con sangre en las manos,
siempre por desenclavar!
¡Cantar del pueblo andaluz,
que todas las primaveras
anda pidiendo escaleras
para subir a la cruz!

Las ramas verdes y las palmas trigueñas pusieron una nota de vida en un escenario evocador de martirio y muerte. La naturaleza es así de inconsciente. O es más consciente que nosotros y sabe que, contra cualquier indicio y lógica humana, todo acaba bien. Y si no, es que no ha acabado.

En la procesión interviene hasta un burro de carne y hueso, “pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Solo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro. Lo dejo suelto, y se va al prado, y acaricia tibiamente con su hocico, rozándolas apenas, las florecillas rosas, celestes y gualdas… Lo llamo dulcemente: “¿Platero?”, y viene a mí con un trotecillo alegre que parece que se ríe, en no sé qué cascabeleo ideal…”.

 
Semana Santa, saetas, tambores, Marian Ruiz
No es Platero; es Bomer.

Pero no, no es Platero. Es un burro que se ha brindado a esta representación, uno de los pocos papeles dignos que la historia le reserva, además del de Juan Ramón Jiménez y de esta historia del pozo que protagoniza con toda naturalidad, y que te cuento ahí debajo.

Hay, además, pájaros cantando, ajenos a que la cosa va de lo que va. Aunque puede que estén conjugados con las ramas verdes y las palmas, anticipando la apoteosis final.

La Iglesia, que no es una institución proclive a la novedad, insiste en hacernos creer que somos culpables de una tara que para mayor drama goza de una salud excelente. Una especie de virus en el ADN que se replica generación tras generación e insiste en el peligro de que nos creamos más listos de lo que somos.  

En cambio, los burros, libres de prejuicios, nos rescatan de ese estigma al contarnos que sí, que nos echarán tierra a paletadas y que cuanto más cerca nos sintamos de la salida, más tierra nos echarán. 

Pero que hay solución: auparse sobre ella por el método de alzarse con cada palada. Cada problema y cada dificultad que superamos nos colocan en mejor posición.


Semana Santa, saetas, tambores, Marian Ruiz


Solo hay que sacudirse la tierra metafórica y dar un paso más. Y no es autoayuda, sino sentido común. 

Por cierto, la ofensa que pretendemos cuando llamamos burro a alguien, como para someterla a consideración después de las historias que nos brindan y lo majetes que son.

En fin: una semana peculiar, de ritos sagrados y fiestas paganas; y dentro de la una, la otra, que no vamos a desdeñar los disfraces de quienes el resto del año no tienen oportunidad de jugar a ser otros. 

El misterio, intacto, y nosotros, ajenos a su esencia. Quien lo atrapa en todo caso es el burro, que no se calienta la cabeza y toma las cosas como le vienen. Como son.  

Marian Ruiz

4 comentarios:

  1. Y tanto que es sentido común!!!

    Abrazos.

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    1. Nos empeñamos en ponerle otros nombres y no es más que eso.

      Abrazos, Verónica.

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  2. ¡Hola Marian!
    Terminó la semana para ti peculiar para otros tradición y creencias...No olvidemos que en la historia mental de nuestra raza entre los gérmenes que más poderosamente han influido está la religión junto a gobierno,familia,lenguaje,propiedad...

    Desde épocas muy remotas ha existido una progresión logica :salvajismo,fetichismo, totemismo,chamanismo,antropomorfismo, divinidades y,moralidad asociado a la religión, y seguirán progresando.....

    El cuento que rescatas del Burrito,¡genial!. El no se calienta la cabeza,actúa y punto.

    ¡Feliz semana!. Besos.LDV

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    1. Confío en que el siguiente paso nos traiga un poco más de sensibilidad por lo que nos rodea, con independencia de creencias y rituales; que podamos abandonar la apatía, la desesperanza, y que el compromiso de todos para con todos y hacia todo sea por fin el nuevo pegamento.

      El burrito es adorable, lo mires por donde lo mires ;-).

      ¡Bienvenida a la primavera, Lirio! Un abrazo.

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