miércoles, 21 de marzo de 2018

Todos copiamos


copiar-imitar-buscar la propia voz-Marian Ruiz


Hasta que hay un momento en que conviene dejar de hacerlo.

Voy  a intentar explicarme:

Leemos mucho, leemos a los grandes y a los pequeños; a los primeros, por aquello de que la veteranía es un grado, como dicen, y tiene mucho que enseñarnos; a los pequeños, en el sentido literario del término pequeño, por ver qué no saben o dónde están parados. Por si podemos ayudar.

De todos se nos pega. Y más si se trata de algo que nos gusta o que nos sirve; o si eres como yo, que durante años anoté frases y citas sin mentar autorías porque lo que me motivaba era el qué. Mientras jugamos a componer nuestra propia voz, repetimos, reescribimos y copiamos.

No te me alarmes: copiamos.

Esa cosa llamada talento

 
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Cuando te salía como lo de ella, el mérito era, cuando menos, compartido.


Lo de copiar viene de lejos. Recuerda: cuando eras cría, si calcabas lo que decía/hacía la maestra y, sobre todo, tal como lo decía/hacía, triunfabas. No se necesitaba tu imaginación para mucho más. Las salidas de tiesto se veían como sospechosas. Puede que esto ya sea pelín distinto entre quienes son críos hoy porque sus educadores sean de otra manera. Ojalá.

Pero, a ti que eres adulta, te pasa igual ahora cuando aprendes a hacer macramé. Y quien dice macramé, dice pintura, escultura o punto de cruz. O jardinería. Lo primero siempre es reproducir ese modelo de ahí.

Si te queda igual o muy, muy parecido, la gloria es para ti. Te alimenta el optimismo para una temporada. Todo lo que sale de la creatividad es fuente de grandes satisfacciones, pero empiezas haciéndolo al modo como se viene haciendo: por el camino derechito.

Y un buen día te dicen que ya no. Que copiar está muy feo. De repente; de repente, te han echado a los lobos y tú, sin saber qué cara poner y con el susto mordiéndote los talones.

«En la medida en que todo autor ha sido antes lector de otros textos que conserva en su memoria en el momento de producir el suyo, necesariamente establece con todos ellos una relación dialógica, por lo que, en todo discurso no oímos solamente la voz del autor, sino una pluralidad de voces superpuestas».
Marta Ferrari

Porque tú, como creativo, te tomas muy en serio

A mí componer música o cocinar alto (alta cocina lo llaman) se me da fatal, pero se me da bien combinar colores, organizar espacios o animar una charla; incluso, escribir. Pero me ha solido fallar la confianza por ir sobrada de hipercriticismo. Y por querer parecerme. El temor de que alguien descubriera que ni era tan experta ni tan buena como aquella. De que recién lo estaba intentando.

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Lo chulo que habría sido hacer esto...

Yo, como persona creativa pero autoexigente en exceso, me he solido arrugar antes de la hora. Producto todo de la domesticación y la disciplina, y de no tener seguridad en la propia capacidad de crear ni de saber que tenía que experimentar y apropiarme de mi experiencia. Esto nadie me lo dijo.

¿Te cuento una historia? 

Una vez le eché coraje y me presenté en las oficinas de El País. Entonces me dedicaba a componer sesudos artículos sobre decoración de interiores. Llevaba veinticuatro (24) temas en cartera con sus respectivos tratamientos. Aquí, la conversadora y animadora de charlas que te escribe se vino arriba y los defendió con una pasión a la altura. Me dijeron que adelante. ¡En El País! 
Salí con un par de números de la revista El País semanal en la que acababan de otorgarme licencia para colaborar. Busqué ansiosa a Anatxu Zabalbeascoa que escribía (aún creo que lo hace) el tipo de artículos que a mí me fascinaban.

Y la amarga realidad se presentó ante mí con toda su crudeza: nunca me parecería a ella.

El canguelo fue de tal calibre que en aquel mismo instante abandoné el proyecto. No volvieron a saber de mí.


Decir, pero no decir lo mismo 

Ni de cualquier manera.

Lo que yo no sabía era que no tenía que parecerme a Anatxu. Eso lo descubrí después. Supuse que al decirme sí esperaban que mis colaboraciones fuesen similares a las suyas, cosa que nunca salió de sus bocas, sino que fui yo quien supuso, aleccionada por lustros de educación disciplinaria y de hacer como mandaba el modelo.


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Pero siempre pedían que fuese derechito.

El asunto es cómo salirse del piloto automático. El trabajo, aun tratándose de algo creativo que se hace con todo el agrado del mundo, es duro. Te gusta esto o lo otro, ves, miras, lees, calibras. Tienes que procesarlo, integrarlo y entonces decidir algo al respecto. Tu idea, cómo tú lo ves, desde qué ángulo. Ese es el camino. No tienes por qué estar de acuerdo con cada cosa que ves ni tiene por qué gustarte.

Porque solo en la medida en que podemos añadir algo de nuestra cosecha y decirlo distinto vale la pena. Es tener criterio. Lo que brota de la mera copia no interesa y lo que brota de la ignorancia es frágil y vacilante. Para eso, la vida, la observación, ese diálogo mudo e inquisitivo que nos traemos con lo que vemos.


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Ni tan mal si acaba saliéndonos algo así.

Y está muy bien que nos salga como nos salga porque, de hecho, es haciendo como aprendemos. Lo gozoso de crear es crear; al final, solo va de seguir haciendo algo con nosotros mismos, de entendernos. Si los demás opinan sobre lo que hacemos, bien, que la mirada ajena solo puede venir de fuera. Pero soltemos, no nos apeguemos a la crítica, ni a la buena ni a la mala; y sigamos picando piedra sin hacer dilemas de ello. 

Ya grandes, no nos queda otra que asumir lo que hubo y enderezar lo ladeado. Puede que alguna vez, como dice el poeta, sobrevenga algo que valga la pena:

«No sé si somos conscientes de que escribir es reescribir, volver a decir lo ya dicho por otros, presentándolo bajo una luz nueva, añadiendo tal vez una inflexión, un tono de voz único, inconfundible, que en algunos casos merece la pena ser oído».
Ángel González

Marian Ruiz

6 comentarios:

  1. En las primeras etapas necesitamos copiar para cultivar la capacidad de crear. Vamos aprendiendo. Con una formación más amplia y ecléctica, aprehendemos,adquirimos técnica, desarrollamos nuestra propia sensibilidad y dirijimos nuestra mirada al objetivo. El talento facilita el proceso.

    Tú no necesitas imitar a nadie. De acuerdo que mires la retórica y forma de escritura de otros, pero ¡ya te vale! lo que cuentas de El País. ¿Ni lo intentaste?. Me dejas flipada.

    Adióssss.Buenas noches!!!. LDV

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    1. Es para flipar. Yo misma sigo flipando cuando recuerdo la de veces que me he negado a mí misma. Ya no. Pero me temo que la educación sigue ofreciendo pocas alternativas: si te sales del camino derechito, vas a tener que montártelo aparte. No sé si hoy los preparan para escoger, para que confíen en sí mismos y no machacarlos por su elección.

      ¡Feliz SS, Lirio, aquí o allá, con las últimas plumas del invierno o entre las faldas de la primavera! Un abrazo.

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  2. Interesante lo que nos dices, Marian, y muy cierto.
    Aprendemos copiando desde el minuto uno en esta vida, pero hay que crecer con ella.
    Personalmente empecé muy a lo Lorca, porque me flipaba, pero hay que encontrar(se), crecer, madurar.
    Cierto que abunda la copia, el plagio. Te dejo algo de los Smith de "Cementery Gates":
    Si tienes que escribir prosa o poemas, asegúrate que que estén escritos con tu propia voz, no los copies o tomes prestadas..., siempre hay en algún lugar alguien con una gran nariz que sabrá que no son tuyas y que se regodeará cuando caigas.

    Esta entrada para comentar mucho y me quedo con el resaltado en negrita sobre lo gozoso de crear y con el final de mi admirado Angel González, una de mis grandes fuentes que me han influenciado y mucho.

    Besos, Marian.

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    1. De acuerdo contigo, Verónica. Ahora bien, cuando han sido otros quienes han manejado los estándares y te han castigado por salirte del renglón, puedes necesitar tiempo para restañar la autoconfianza. Lo consigues cuando has elaborado un discurso propio y los has mando a todos a escardar cebollinos. No antes. Espero que esto se esté haciendo ya de otras maneras, haciendo hincapié en la necesidad de construir esa voz propia.

      Ángel González: también yo me quedo con él. ¡Y contigo!

      Un abrazo.

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    2. Verdad, Mirian.
      Esto de la escritura no es tan fácil como algunos creen creer...
      Abrazo.

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    3. No es fácil, no, ni siquiera para quien se sabe bendecido por el talento. Primero, el talento, después viene el oficio y, entre uno y otro y a la par, ser capaz de adentrarse en los paisajes que ofrece la vida.

      Abrazo también para ti.

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