miércoles, 7 de febrero de 2018

Qué hacen por ti las redes sociales que no hace la comunidad real




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Ya te lo adelanto: nada. 

Me regalaron un cubo de Rubik y una caja que se ensamblaba a base de piezas que debían encajar milimétricamente. Me desesperé. ¡Qué trastos inútiles! 

También las redes sociales hay a quien le parecen eso: trastos inútiles.
Cometemos errores, estamos aprendiendo a ser virtuales. 

Agudeza, perspicacia e intuición se afinan. También la rapidez mental, una agilidad a veces sospechosa. 

Solidaridad, depende. 

Compartir valores. Ser proactivo. Van de eso, se supone, aunque también hay quien las utiliza solo para la queja.

Ecumenismo. No hay fronteras. (Esta sí que es buena).

Lenguajes nuevos. Sinapsis nuevas.


Escribimos como somos 
Mostrarnos, eliminar complejos y retraimientos

Construir una personalidad virtual como extensión de la propia personalidad real. No será posible de otra manera. No lo será sustraerse a lo que uno es, digo.

Aprovechar oportunidades de crecimiento que nos brindan otros usuarios.

Todos accedemos a las mismas oportunidades.


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O no. 

En la comunidad real no accedemos todos a las mismas oportunidades y en la virtual, tampoco. Las redes son fantásticas para promocionar y difundir contenidos, pero estos tienen que parecerse como dos gotas de agua a quien se brinda a difundirlos. Si no, ni por simpatía. 

Alguien a quien sigo se quejaba de que había hecho favores al difundir contenidos de quienes no habían tenido la deferencia de reaccionar con la debida cortesía. Ley de mínimos. Pues ni siquiera. 

Responder con el látigo de la indiferencia, que lo mío es merecido y lo tuyo, obligación. 

A quien no le haya pasado algo así, que tire la primera piedra. Será de la cofradía del lo mío es merecido y lo tuyo, obligación.


Una historia real

Twitter es un agujero negro, insaciable, presto a fagocitar lo que le echen, así sea gasolina. Facebook también tiene lo suyo.

A Ana, en Facebook, le había ofendido una burla de Germán. Se lanzó sobre el teclado pidiéndole una explicación. Germán no se disculpó, sino todo lo contrario. Argumentó que lo había hecho para ayudar, para sacarla de su error.  El chico se creció, se vino arriba. 

Según Ana, se cree muy listo porque ha leído unos cuantos libros de autoayuda. 

Un día se encuentran. Físicamente. En la pura calle. Ninguno saca el tema, pero no hay más que ver sus caras: cortan el aire como navajas. Dicen cosas triviales: el tiempo, tu madre, Fulano esto, Zutana lo otro. Algo les dice que lo que les ha pasado no se soluciona más que por el medio que lo ha ocasionado. 


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Son dos personas inteligentes, resueltas, con una capacidad más que notable para idear y llevar a cabo proyectos complejos; sin embargo, se someten al reducido espacio de una red social para atajar sus diferencias. O intentarlo, al menos. 

Mucha mayor conexión con todo el mundo y una paradójica e inquietante desconexión al mismo tiempo. 

Los corazones, a muchas leguas de distancia. 

Eso son, a menudo, las redes.


Competencias digitales y tecnológicas

Quinientos, mil, tres mil amigos, un porrón de seguidores. Para qué. Fulanita hace tiempo que no me marca nada. Fulanito me ignora porque cree que soy chula. Que no hago las cosas como las que tendría que hacer, dice. A mí me fastidia que piense eso de mí. 
 
Los egos no dejan de medirse en Facebook, Twitter, Instagram...

Y Menganita me dice que soy una creída que va de intelectual porque solo hablo de cosas raras. Esto lo suelta porque ella escribe tal cual le sale de la boca y yo no.

Facebook va siendo menos amigable: apenas muestra mis contenidos; si no paso por taquilla, ni flores. Pero sé que si pago estoy perdida, que será como abonarse al bótox o a las operaciones de estética: una vez probados, a ver quién es la guapa que se baja del carro. 

¿Y cuántos de los seguidores están realmente interesados en lo que escribes? Ya te lo digo yo: un número entre irrelevante y ridículo.

Asumo que soy mediocre. O genial. En ambos casos, nadie se ha dado cuenta.

Aun así, es importante estar. Y escribir lo que se quiere. Dicen. 


Identidad, voyeurismo, soledad, términos que requieren actualización.



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Dar con una frase ocurrente que saque de la modorra a quienes ni con café se espabilan. Mi vida por un like. Mi ración diaria. Mi dosis.

Dicen que las redes sociales ayudan a desarrollar competencias digitales y tecnológicas. Que te informas, que te enteras de muchas cosas que de otro modo no.
Pero te enteras como en las porterías. 

Las redes son patios virtuales de vecinos. O patios de vecinos virtuales. Puede no haber nadie real detrás. 


Antes de las redes

Dicen que socializas, pero no dicen para qué, para construir qué con esa libertad de poder decirlo todo sin cortapisas. La peña es muy sensible y si no eres de su cuerda, te ignora.

Antes de que las redes hicieran su aparición apabullante y se nos colaran hasta la cocina, habíamos empezado a hablar de inteligencia emocional. Qué lástima: no nos dio tiempo a pasar los primeros exámenes. La comunidad real sigue en mantillas y si la virtual es una extensión...

Ha acabado creciendo uno solo de los brazos: el del ratón. 

Entre Ana y Germán la cosa quedó en tablas. Tablas maltrechas. Ya nada es igual: ni los proyectos ni la gracia. Cada uno se buscó sus aliados y así cada uno tiene quien le garantice que está en lo cierto. Antes habrían sabido dar con otro lugar mejor para resolver sus diferencias. 

Benditas-malditas redes sociales. ¿Acabarán siendo trastos inútiles? Al menos, el cubo de Rubik tenía su punto: solo te peleabas con él y solo se enteraban en tu casa. O ni siquiera. 

Marian Ruiz  

12 comentarios:

  1. Odio las RR.SS., Marian, cada vez más. Normalmente me ponen de mala uva (por lo que se lee en ellas), aprendo alguna cosilla (de vez en cuando) y se comen mi tiempo (aunque poco, porque me niego a dárselo). ¿Lo único positivo? Haberte conocido a ti y a unos cuantos más.

    Genial artículo y a ver si quedamos pronto otro día para otro cafe cara a cara :-)

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    1. Querida Ana: yo no las odio y cumplo con ellas como si fueran mandamientos, aun sin saber hacia dónde me llevan y si me llevan siquiera. Pero te diré que aprecio tener recursos en el mundo analógico que me permiten arreglar mis diferencias cara a cara además de, como dices, habernos conocido unos cuantos que damos a cada contexto lo que merece. Desde luego, no más.

      Gracias por tu visita y sí, nos vemos, por supuesto. En vivo y en directo. ;-)

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  2. Marian,conoces la respuesta luego no te hace falta discutir la pregunta. En redes coexiste todo. Las personas inteligentes las utilizan en su provecho . El capitalismo cognitivo va más allá del cap.económico.Javier de Rivera, te cuenta muy bien lo demás.

    Con redes o sin redes, Daniel G. sigue vigente.
    Te desespera que la gente no respete una ley de mínimos ¿qué esperas?. Se impone la vanidad.
    Por otra parte, no eres mediocre.Escribes muy bien y tienes tu chispa. Me da la sensación de que corriges demasiado y por el camino se pierde frescura y gracia.
    Desde que estoy por tu blog, ya tenías tiempo de haber terminado tu novela, que digo yo, que tampoco tendrá que ser un tocho.

    Besos. LDV.

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    1. Hay preguntas retóricas que dan juego para un repensar colectivo, Lirio. Javier de Rivera y Daniel G. (¿hemos coincido en algo que no sé y tú sí?) y las miradas de otros muchos lúcidos nos invitan constantemente a ponerlo todo en cuarentena.

      Escribo y tengo mi chispa, repulida, como dices. Lo sé. Habla de mi inseguridad al fin y al cabo. Otras, de mi prudencia, acaso. Tengo mi proceso. Y la suerte de tener interlocutoras que, como tú, me sorprenden cada vez.

      Mi novela, sí, podía haber estado terminada ya si yo no tuviera que estar partiéndome el pecho en la selva. (Y no, no será un tocho).

      Un abrazo, amiga mía.

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  3. Hay de todo y según dónde navegues, eso tienes.
    Para mi son parte de mi trabajo porque, y adelante que lo que voy a decir no es nuevo, la vida real está fuera de la pantalla.
    Es curioso la de alter ego y personajes que se pueden crear y que luego, en el cara a cara, no son ni parecidos.
    Nunca me he creído halagos y no participo en broncas ni odios.
    Para mi son lo que son y nada más.

    Abrazo.

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    1. Creo que quienes venimos de ser analógicos antes que digitales tenemos buenas ventajas (no todos, claro), porque algo sabemos de lidiar cara a cara con las diferencias. También yo uso las redes, como sabes, y me las tomo en serio y no al mismo tiempo. A menudo me parecen la feria de las vanidades, pero son herramientas humanas que reflejan dónde estamos. Y desde donde estamos tenemos que seguir construyendo.
      Creo que tenemos una visión muy parecida de ellas y celebro haberte conocido gracias a ellas, además ;-)
      Un abrazo, Verónica.

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  4. Marian,hablas en tu artículo de la desigualdad en el acceso a la información ....etc. Ignoro lo que sabes de redes. Mencioné a Javier porque es un experto ,simplemente. No que yo sepa y tu no.

    Besos.LDV

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    1. Hablo, Lirio, de que no se trata de escribir artículos con enjundia, bien pulimentados, etc., sino de conocer estrategias de visibilidad, muchas veces, al margen de la calidad. Y sé quién es Javier de Rivera, pero a quien conozco personalmente es a Daniel Gabarró, aunque puede que no sea el mismo que el Daniel G. que mencionas. Por si tú y yo estuviéramos coincidiendo en un curso con él y yo no lo supiera. (Me conoces más tú a mí que yo a ti).
      Y también agradezco "conocerte" gracias a esto...
      Un abrazo.

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  5. Me refiero a Daniel Goleman, el otro ni
    p--- idea.

    Adios.Buenas noches.LDV

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    1. Jijijij... Deja que me ría mientras llega que coincidamos en un curso de algún Daniel o de algún Javier y nos desvirtualicemos. ¡Buenas noches, LDV, y a soñar con cosas hermosas!

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  6. La desvirtualización es necesaria, casi imprescindible. De ella también se tira en esos patios de vecinos subyugados al ego de unos y otros. En fin que estoy de acuedo contigo y no nos queda más remedio que buscar nuestro lugar en el mundo (virtual o no) y hacerlo siguiendo criterios propios... o no propios, pero que entendamos más ajustados a nuestra realidad.
    Yo, como tú, creo (bien lo sabes) en la ley de mínimos, de cortesia, pero aquí, la vanidad y el alto concepto de uno mismo tira esa ley por la borda. Un artículo muy completo y complejo. Besos

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    1. Me parece que los próximos algoritmos de Google van a tener que hilar fino para dar con quienes estamos en el “sí, pero depende”. A mí me encanta haberos conocido gracias a las posibilidades que brindan las redes, pero me espanta la posibilidad de llenarme de prejuicios en función de que me deis o no likes, de que todo esto se reduzca a una rivalidad entre egos. Desvirtualicémonos alguna vez, como dices, Anabel, y confrontemos experiencias.
      Un abrazo, compañera.

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