miércoles, 24 de enero de 2018

Ritmo trepidante, ritmo sosegado


ritmo-novela-Marian Ruiz

Dime si la escoges por su ritmo trepidante, porque te va a mantener con el alma en vilo, o por todo lo contrario: porque su melodía es de tal naturaleza que pide detenerse como quien se dispone a contemplar el instante en que se abre una flor.

Dime cómo escoges las novelas, si te va la velocidad o si prefieres las que te traen rumor de caracolas.

 «No he querido saber pero he sabido que una de las niñas, cuando ya no era niña y no hacía mucho que había regresado de su viaje de bodas, entró en el cuarto de baño, se puso frente al espejo, se abrió la blusa, se quitó el sostén y se buscó el corazón con la punta de una pistola»

Y a partir de ahí, trescientas páginas para saber quién es esa niña y por qué se mata.

Mi amiga Milena me regaló —en realidad, me traspasó— Corazón tan blanco, de Javier Marías, «porque no puedo con él». «A mí, eso de que se tire tres páginas hablando de cómo cae una hoja, qué quieres que te diga: me sulfura. O cómo alguien se toca el pelo…
Pero ¿qué me quieres contar, si caerse millones de hojas al suelo es algo que viene pasando cada otoño, almadediós? Y tocarse el pelo, cada mañana se lo toca todo hijo de vecino. ¡Cuéntame una historia, por lo que más quieras, y no te vayas ni por las ramas ni por las hojas! Qué coño me importa si es así o es asá el fulano o la fulana. Y encima ese puñao de palabras raras… ¡que adónde vas sin diccionario!». 
 

                                             
El valor de las intuiciones en el ritmo lento

Ritmo-novela-Marian Ruiz

Leí Corazón tan blanco y sí, era cómo lo contaba y, sobre todo, lo que no contaba: lo que había que inducir o deducir. Adónde apuntaba el dedo. Era entrar en un tempo lento de concatenaciones y asociaciones. Parecía que la historia desaparecía, pero no. O lo hacía para enlazar correlatos que, siendo ajenos a ella, lograban que fuera ganando en consistencia, avanzando a ese ritmo sosegado, buscando la atención en el ir pausando sucesos para explicar lo inexplicable, o con disertaciones acerca de la muerte, abriéndose paso en las propias zozobras y en las consecuencias de los actos. 

No es lo que pasaba afuera. Es lo que pasaba adentro. Y era encontrar la correspondencia. 

Para eso hace falta ajustar también el propio ritmo: ir despacio. Algo que en ciertas etapas de la vida suele resultar bastante molesto.



El valor del ritmo rápido

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La saga Millennium es otra cosa. Falcó, no siendo trepidante, es otra cosa. Las novelas de Henning Mankell son otra cosa. Están presentes las circunstancias, que obligan y condicionan a personajes que acaban siendo viejos conocidos de tan bien trazados. Sus avatares nos jalean como a ellos porque se hacen valer en medio de un mundo hostil, con sus atributos y sus miserias como únicas defensas. 

Nos importa qué les pasa a Lisbeth Salander y Mikael en Millennium, si hay un complot para cargársela y por qué. Si Kalle Blomkvist conseguirá o no llegar hasta ella y quizá, como en el caso de Wallander, a pesar de sí mismo. Si Falcó tiene algún rasgo de humanidad en su alma mercenaria. 

El curradísimo inspector de policía Kurt Wallander, sensible, radicalmente humano, sigue desentrañando enigmas a pesar de sí mismo y a pesar de su vida, que va pidiendo a gritos ser relevada.

«Eso es otra cosa, nada que ver», dice Milena.


Y el valor de hacerlo de todos modos

ritmo-novela-Marian Ruiz

Esto viene a colación sea cual sea el estilo que más te enganche. Lo transcribo tal cual. Léelo imaginando un adorable deje venezolano, un deje que ayuda a seguirlo con atención porque tiene eso que me ha dado pie a este artículo: ritmo. 

Su autor, Pedro León Zapata:

«Hacerlo parado fortalece la columna; boca abajo, estimula la circulación de la sangre;  boca arriba es más placentero; hacerlo solo es rico, pero egoísta; en grupo, puede ser divertido; en el baño es muy digestivo; en el auto puede ser peligroso; hacerlo con frecuencia desarrolla la imaginación; entre dos, enriquece el conocimiento; de rodillas, resulta doloroso. 

En fin, sobre la mesa o sobre el escritorio, antes de comer o sobremesa, sobe la cama o en la hamaca, desnudo o vestido, sobre el césped o en la alfombra, con música o en silencio, entre sábanas o en el clóset… hacerlo siempre es un acto de amor y de enriquecimiento. 

No importa la edad ni la raza ni el credo ni el sexo ni la posición económica. Leer es un placer. Enriquece tu hábito con la lectura y recuerda que cada vez que alguien lee un libro muere un burro». 

ritmo-novela-Marian Ruiz


Lee. Sea de un estilo o sea de otro, de un ritmo o de otro; a veces frenético, a veces lento. Es lo de menos. 

Y siempre con perdón de los burros y del resto de los animales, que pocas veces merecen nuestras comparaciones.

¡Ah! Y ten un diccionario a mano. Lo prometo: no agrede. Al contrario: acabarás siendo más sabio.

Marian Ruiz

5 comentarios:

  1. Me ha gustado tu artículo, Marian. Solo siento que no lo lean aquellos que más podrían aprovecharlo: los que no suelen leer.
    Un abrazo.

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    1. Muchas gracias por tu visita, Javier.

      Creo que lamentarnos por quienes no han descubierto aún lo que se pierden solo consigue restarnos parte del placer que nos reporta a nosotros.
      Precisamente hoy he leído tus conclusiones acerca de "La buena reputación" y...¡no sabes cómo coincido con ellas!

      Otro abrazo para ti.

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  2. Tengo problemas para añadir comentario,
    desconozco si el problema es mío. Me cuesta que se active.

    Me gusta tu blog porque ayudas a resca-
    tar viejos libros. Hace tiempo que no recordaba a los Julian Marías.
    "Corazón tan blanco", lo recuerdo en casa de mis padres. Un libro debe seducirme desde el minuto 1 y éste no lo consiguió . Tú cuentas todo ¡tan bien! que = le doy una segunda oportunidad.
    Y si, existe un tiempo para lecturas trepidantes y otro para lecturas más sosegadas.

    Besos. Buen finde. LDV.

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    1. Pues por lo que veo tu comentario se ha subido sin problema aparente. ;)
      Hay que dejarse hipnotizar con Corazón tan blanco. No querer saber y tener que saber a pesar de todo. La novela obliga a destejer el pasado para poder hilvanar el presente o de lo contrario, el presente estará siempre en el filo de la navaja con independencia del escenario en el que suceda la vida. También yo la leí en una segunda oportunidad, metiéndome en ella y no soltándola durante un buen rato.

      Gracias por tus elogios, Lirio. Lo llamo “salario emocional”.

      ¡Un abrazo enorme y buen finde también para ti!

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  3. Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

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