miércoles, 31 de enero de 2018

Derecho natural



Título: Derecho natural
Autor: Ignacio Martínez de Pisón
Páginas: 446
Fecha publicación: 2017
Editorial: Seix Barral
ISBN: 9788432232220
Temática: Narrativa realista

Derecho natural es la primera novela que leo de Ignacio Martínez de Pisón (Zaragoza, 1960). Se puede decir que es una crónica de los recuerdos de infancia de Ángel, la voz protagonista.

El prólogo hace las veces de primer capítulo y centra la trama circunstancial: un padre al que le va naciendo el cantante Demis Roussos como a quien le nace barba. Pienso que me enfrento a una historia cómica del tipo ¿conseguirá ese señor ganarse la vida como doble del cantante griego?

Admito que me hizo desconfiar. Solo al ir avanzando en la lectura reconozco que se vuelve necesaria: proporciona un respiro a los sinsabores y redondea la caracterización del padre.

En Derecho natural hay una familia que hoy llamaríamos desestructurada. En la España de la Transición era una de tantas, con sus rotos, sus descosidos, sus hilvanes. El punto de vista es del hijo mayor —Ángel, como su padre— quien al inicio de la novela no debe tener más de siete u ocho años. Es su mirada, la mirada de un niño que corre paralela a la propia infancia del país postfranquista.

Hay una madre, y en este caso, enamorada de un hombre que es el padre de sus hijos y que tiene una presencia errática en la vida familiar. Es un actor de películas de serie B, irresponsable, egocéntrico, con una autoestima autoinflada y delirios de grandeza. Aparece cuando menos se lo espera, pletórico de planes, sueños y promesas, y desaparece también en cuanto le sopla un aire.

Estas intermitencias van arrojando un saldo inevitable en la mujer, que vuelve a quedar embarazada y sola; y paulatinamente, en sus tres hijos, así como en Paloma, fruto de otra relación del aspirante a estrella de cine.


«Fue la primera vez en mi vida que comí langostinos. Mi madre me enseñaba a pelarlos y mi padre me decía que si me quedaba con hambre, pediríamos otra bandeja. En lo más profundo de mí mismo sentía un turbio desasosiego, pero al mismo tiempo era incapaz de sustraerme a la alegría general».


La historia se construye con el nivel de detalle que merece una narrativa pegada a nuestra historia común de los 70 y 80, llena de guiños reconocibles entre quienes vivimos esa época y guardamos memoria de ella. Transcurre en Barcelona, sus calles, sus intersecciones.

Los personajes y sus perfiles son redondos:

·        *El padre, un malandrín convencido de sus propias mentiras, en permanente huida hacia delante, aunque con un apego particular e inmaduro a lo que considera suyo y que le hace volver y volver, pero siempre a destiempo;  

·        La madre, mujer nacida para sobrevivir que termina alzándose victoriosa sobre sus propias inconsistencias y miserias;

·        Los abuelos, con su facilidad inocente y enternecedora para asimilar unos sonidos a otros en refranes y dichos: «cada uno en su casa y adiós a la de todos».

·         Las hermanastras, Cristina y Paloma: durante un tiempo, más que gemelas, y protagonistas de una simpática subtrama;

·         Manolo, el hermano raterillo: empieza robando en El Corte Inglés y termina haciéndolo en colegios y hospitales. Es el protegido de su madre que, tras pasar por la cárcel, se redime y da un giro de 180º;

·         Ángel, el protagonista, con su actitud conciliadora, su instinto de superviviente y su triste historia de amor. «¿Cómo se resume una vida?», se pregunta.

¿Y dónde colocar el punto final: al término de un episodio cómico o de uno dramático? Lo que se cuenta no es indiferente a su remate y este tiene la virtud de reconducir ese pasado deudor.

Porque es así: un deje tragicómico recorre el relato de esta familia. La manera del ser de ese hombre que a cada instante vende la piel del oso sin haberlo cazado provoca, entre otros, episodios de abandono y estratagemas para sobrevivir.

El párrafo que sigue recoge de forma muy sintética la esencia de la novela, según me parece. Paloma, la niña trasplantada de una familia a otra y que termina recalando en tierra administrativa —con otra familia circunstancial—, escribe cuentos, pero son cuentos no como los que cuenta su padre, sino con el marchamo de la verdad:

«En su caso no había mímesis ni impostación: todo lo que contaba tenía el aroma inconfundible de la vida. Haber conocido lo más ominoso de la existencia le daba acceso al vasto territorio de las emociones».    

En el epílogo tengo por fin respuesta a la pregunta que me hacía en el prólogo: las voces de Demis Roussos y de Big Demis —Ángel padre, imitador del cantante, efectivamente— suenan a coro.

Ángel hijo recuerda a su progenitor «feliz, emocionado, sonriente, gigantesco, cantando una de esas cursis canciones pasadas de moda»:

«Para cruzar el umbral no deseo nada más…».

«Acariciado por tu voz, morir al lado de mi amor…».

Ignacio Martínez de Pisón escribe con un lenguaje limpio y accesible, y sabe dibujar cada trama con trazo certero. ¿Qué más puedo decir? Que combina de forma equilibrada acción y pensamientos, así que la lectura se hace muy fluida. Doy fe de que es posible leer casi 500 páginas suyas en diez días. Y conectar.

Marian Ruiz

6 comentarios:

  1. Estoy en tiempo de casi no-lectura de novelas. Leo como puedo, a trancas y barrancas. "Derecho natural" con tu estupenda reseña,ha despertado mi curiosidad. Me has hecho reír con lo de "cada uno en su casa y adiós a la de todos".
    Queda anotada.

    Buen fin de semana. Abrazo. LDV

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    1. Bueno, lees blogs, al menos este ;). Hay épocas para todo. En esta novela, por si te animas, te puedes adentrar sin miedo a perderte. Es muy rica de leer. Y lo de los abuelos, hinchante; mira, te regalo otras cuantas: "Estamos entre la espalda y la pared", "más sabe el viejo por diablo...", "no hay peor cojo que el que no quiere ver" o "los árboles no te dejan ver el monte"... Están muy bien caracterizados en ese registro.

      Buen fin de semana, Lirio. Otro abrazo de vuelta. ¡Y gracias por pasarte!

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  2. Me ha gustado "Derecho Natural.Martinez de Pisón es un extraordinario narrador,arrastra hasta el final con sus toques de humor.
    Imaginar al gualtrapas con el blusón,
    el gorro de ducha puesto, chorreteando el aceite de romero y ensayando el triki triki.. .produce carcajadas. Los refranes trastocados .....idém.
    Y qué decir del narrador con esa resignación sin condiciones cuando dice " Por poco que quedara en ella que valiera la pena amar, yo quería amarlo por completo".

    Besos. Buena semana LDV.

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    1. ¡Madre mía, Lirio, no puedo creer que el día 2 me dijeras que estás en tiempo de casi lectura de no-novelas, a trancas, etc., y que en dos días te hayas calzado casi 500 páginas! Alucinante. Me tienes que explicar cómo es tu palmarés cuando estás en "época alta" (o no, que me desmayaré).

      Sí que es un extraordinario narrador Martínez de Pisón. Y el libro, muy ameno, como has podido ver. La escena que relatas es... total. Como la frase que mencionas del narrador.

      Un abrazo, ¡superlectora! (Me quito el sombrero).

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  3. Respuestas
    1. ¡¡Y a mí me encanta que te encante, Amparo!! ¡Gracias por tu entusiasmo! Un abrazo.

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