miércoles, 17 de enero de 2018

Antivalores en la literatura


antivalores-literatura-Piper Valcall-Marian Ruiz


Esta entrada me la ha sugerido la lectura del último artículo de Piper Valcall. Piper habla sobre libros que denomina «problemáticos», o porque sus personajes representan valores desfasados y hábilmente enmascarados como deseables, o porque defienden conceptos tergiversados y lo que emana de ellos es indeseable. Habla de libros que defienden antivalores. 

Personalmente entiendo por antivalor lo inmoral y entiendo por inmoral lo que causa perjuicios para ciertos seres humanos, esas actitudes que dificultan —cuando no directamente entorpecen— la creación de vínculos interpersonales

Esas feas conductas
… que deshumanizan y rebajan nuestra condición empañan los logros que, pese a quien pese, vamos haciendo. 

Un libro será o no «problemático» dependiendo del mensaje que se desprenda de él, pero no porque haya personajes que representen actitudes hostiles. Podéis leer el artículo de Piper y comprobar que muestra ejemplos bien argumentados de lo uno y de lo otro: de libros que aun llamándolos así no lo son y de los que lo son aunque alguno no se haya dado ni cuenta. El asunto está en desde qué lugar se escriben esas obras, si hay razones para ofenderse y denostar al autor y, de ser así, quién debería tirar la primera piedra. Y cómo. 

Aparte: en esta selva que llamamos realidad hay, además de menos verde cada vez, misóginos, homófobos, misántropos, racistas, egocéntricos, esclavistas, envidiosos e insensatos de todo tipo y pelaje. 

Mucha fauna que saca pecho por su condición de animal algo aventajado y para desgracia del colectivo, por descontado, con perdón de los animales genuinos, que están fuera de este análisis. 

Daría para varios artículos cada espécimen de esa fauna intransigente que se esconde dentro y fuera de la literatura.



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Autores y personajes controvertidos
Respeto y tolerancia social (me repatea «tolerancia» con esa carga de perdonavidas, pero…) son dos valores de base. Como no podemos ponernos de acuerdo en tantas cosas, nos queda tolerarnos, aceptar ideas de quienes están enfrente y con las que no estamos de acuerdo. 

Me pregunto si cuando incurrimos en lo mismo que criticamos, si cuando vomitamos lo primero que se nos viene a la poza/boca cuando algo nos espanta y no traemos razones, somos mejores que aquellos a quienes estamos criticando. Me da que no. Que alguien discrepe o tenga una opinión distinta no nos da licencia para apedrearlo, ni real ni simbólicamente. Más que nada porque ya lo hemos hecho a lo largo de la historia con dudosos resultados. 

Otra cosa es protegerse. Eso es de sentido común.

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Abominaban de sus semejantes Einstein, Flaubert, Bukowski, Burroughs, el propio Quevedo (desilusionado de la vida y de sus semejantes), Proust, Emily Dickinson («cambiar cuando lo hagan las colinas») y tantos personajes de ficción (Lecter, Hyde, Holmes) con los que discrepar en muchas de sus conductas. Sin embargo, podemos reconocer los méritos de esos autores o el papel de esos personajes si tenemos en cuenta las obras que protagonizaron y el contexto en que lo hicieron. 

Nos hemos ido haciendo listos por el camino, pero de ahí venimos.

Cuando Bukowski dice: «Yo no analizo jamás, me limito a reaccionar…  Yo ando con todos mis prejuicios. Jamás intento mejorarme o aprender algo. No soy uno que aprende, soy uno que evita», me entra una desazón inigualable, a mí, que siempre trato de ir un pasito más allá de mí misma. Pero entonces recuerdo el valor de este gran escritor que también dejó frases como: «Un intelectual dice una cosa simple de un modo difícil. Un artista dice algo difícil de modo simple» y montones de otras que me conmueven.

Aviso a navegantes y desbrozadores: la realidad casi siempre viene ataviada de blanco y negro y sabiamente combinadas su cara y su cruz.
 
Qué hacer
Ser original y poner a raya la bilis requiere autocontrol, conocimiento, inquietudes de índole superior —que hablan de humanidad en sentido estricto—, buenas dosis de inteligencia emocional. Y talento. 

Es mucho más fácil ser bocazas, extravagante o ridículo para hacer ver como que se va de justiciero y de enrollao con tal o cual causa. Dar golpes de efecto. Pero a ver qué talento hay ahí y cuánto ayuda al colectivo. Son reacciones que nos mantienen en lo morboso. Ni observamos ni nos observamos. No evolucionamos. Continuamos en esa Edad Media a la que alude Piper en la que por menos que cantaba un gallo lo ponían a uno a animar brasas en hogueras.



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Nos quedan dos opciones: o seguir echando balones fuera o empezar a notar que tenemos una resposabilidad colectiva.   

J.G. Ballard dijo respecto a uno de sus personajes: «Su profunda misantropía era solo un reflejo del imperecedero desprecio que sentía por sí mismo».

Piper promete hablar sobre qué hacer si nuestro libro sufre una de esas reacciones furibundas en las redes sociales —me niego a llamarlas críticas—. Estaremos atentas.

Y que cada cual vaya sacando conclusiones. A buen seguro será una manera de hacer algo distinto.

Marian Ruiz

4 comentarios:

  1. Escribientes hay muchos. Escritores, y además buenos, pocos.
    Totalmente de acuerdo con que no hay críticas en redes; hay ataques de odio y agresividad.

    Abrazo.

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    1. Al final somos las personas quienes hacemos lo uno y lo otro. La profesión ni quita ni pone. Creo que es el "ser" con sus mejores atributos -respetuoso, empático, de buen talante- lo que puede traer ventajas a todo. Y no pocas.

      Abrazo, amiga.

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  2. Para neutralizar intransigentes,bocazas,antivalores.....
    busquemos cierta fertilidad en nosotr@s
    mismos, busquemos arte y pasemos sin miedo:

    Con libros para CautivARTE.
    Poesía para EmbriagARTE.
    Vacíos para LlenARTE.
    Belleza para InundARTE.
    Y muchas cosas más para FlipARTE.

    Besos. LDV.


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    1. Efectivamente, Lirio: todo lo que podemos hacer está en nosotros. En rigor, es el único lugar en el que podemos actuar y desde donde podemos hacer esas elecciones que estimulantes y energetizadoras.
      ¡Bienvenida de nuevo! ¡Un abrazo de estreno (de 2018)!

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