miércoles, 13 de diciembre de 2017

Leer para que sirva de algo



Qué leer-leer con eficacia-Marian Ruiz


Nos han dicho que tenemos que leer, que a cambiar el mundo se empieza leyendo, que leer es revolucionario.

Pero se han equivocado. Nos lo han dicho porque lo que subyace ahí es que:

  • ·         nuestras ideas no son nuestras; nos las colocaron padres y entorno
  • ·         esas ideas ensartadas nos hacen sentir de una manera determinada
  • ·         los sentires que provocan forjan los hábitos
  • ·         los hábitos hacen que nos comportemos así o asá
  • ·         los hábitos tuyos, los míos, los de otros, son la realidad; la realidad se crea con los hábitos de todos  

Está claro: actuamos de manera distinta cuando estamos convencidos de que vamos a ganar que cuando dudamos de nuestras fuerzas. Más nos vale tener buenos pensamientos (y en consecuencia, buenos sentimientos, hábitos...).

Hmmm... Como que algo así pudiera decretarse.

Entonces, ¿por qué dicen que si leemos podemos cambiar algún fotograma de la realidad?

Calcula cuánto te lleva de media leer uno: ¿una semana?, ¿quince días?, ¿un mes? Un mes para una novela de trescientas páginas es una barbaridad, porque cada vez que la retomas tienes que echar para atrás y recordar de qué iba, a quiénes habían matado, no confundir unos personajes con otros.

Si me dices que es un ensayo plagado de referencias y frases que grabarías en piedra (y que anotas), un mes de lectura puede estar bien. O si me dices que lees libros de desarrollo personal y haces práctica de lo que lees (aunque antes sería bueno diferenciar el oro de la paja).

Creo que hay un modo de cambiar el software que nos endosaron, de evitar los costes que nos acarrea y las dificultades de hacer algo rompedor. Es cambiar los contenidos que vamos ingresando nosotros. O seguiremos diciendo per secula seculorum que esto es una mierda.

Si queremos una realidad distinta, tenemos que pensar de manera distinta.


Cambiar el software

Y para ello, ya que leemos, leer de un modo distinto.


Qué leer-leer con eficacia-Marian Ruiz
El software de nuestro patrimonio mental se guarda bajo siete llaves.
Hay que remangarse para cambiarlo.

Te contaré para qué leo yo.

Leo para entenderme, entender a los demás y entender de qué va la vida; un proyecto inútil que terminará, sospecho, admitiendo que el mayor grado de sabiduría era no-saber.

Cada vez que alguien me habla de padres y madres lectores, de casas con libros y tertulias literarias, me siento mucho más proletaria de lo que fuimos en la mía, donde no hubo hambre de cultura, sino la convicción de que eso era de otros y para otros. Otros a los que se les debía pleitesía y respeto, dijesen lo que dijesen, que para eso sabían y para eso habían estudiado. Gentes que habitaban una realidad paralela, con casas mucho más grandes y mucho espacio de más para poner libros.

Cambiar el software no iba a ser fácil.  

Soledad Puértolas hablaba recientemente de la intención que se pone cuando se emplea la lengua (que en sí nada tiene de machista) para hablar desde perspectivas igualitarias; de igual modo, para cambiar algo hay que poner intención. Y leer con intención es leer despacio, libreta en ristre y lápiz señalador.

Y antes, saber escoger los libros.

¿Para qué lees tú?


Dicen que aprender es recordar

No viejos conceptos, sino lo que hay detrás. Conectar con una sabiduría mucho más vieja.


Qué leer-leer con eficacia-Marian Ruiz
Para recordar que no todos los puentes desembocan en el mismo sitio.

Vuelvo a mi para qué: yo leo para salir del atolladero, como te decía.

Si es una novela de aventuras, de ciencia ficción o negra, me quedo con los personajes, con cómo sienten, si me inspiran empatía. Y si no me la inspiran, por qué no. Por ejemplo: William Stoner, protagonista de Stoner es un personaje que no me la provoca, pero John Williams, su autor, me obliga a conectar con la dignidad de ese hombre inaudito: un tipo gris que hace lo que le mandan y que en la universidad sigue haciendo las cosas como las hacía en la granja, «a conciencia, pero sin placer ni angustia», y que vive satisfecho porque la realidad no es peor de lo que es; un tipo del que olvidan hasta su nombre.

La anécdota, es decir, a dónde van los personajes, qué se les rompe por el camino o quién les hace putadas, me interesa en la medida en que puedo encontrar paralelismos con putadas propias o ajenas. La anécdota me entretiene. Lo que encuentro determinante es cómo la vive el personaje.

Al final, a todos nos pasan cosas, es la sal de la vida, pero ¿cuál es el viaje del héroe? 

¿Qué aprende, qué se lleva cuando acaba la historia? No puede ser el mismo cuando empezó que cuando sale; si no ha sacado algo en claro, ¿para qué las danzas?


El viaje del héroe y el nuestro


Qué leer-leer con eficacia-Marian Ruiz
Este, sin ir más lejos, tiene clarísima su causa.

¿Y nosotros? Si al terminar el libro no podemos mirar la realidad con ojos un poco distintos, ¿para qué?

Yo escogería bien qué leer. Subrayaría. Tomaría notas de lo que me provoca, lo que me toca. Pensaría y sacaría conclusiones de lo leído, las que fuera capaz. Las pondría por escrito. En realidad es lo que hago, al menos con los libros que tienen chicha. Por eso digo que está jodido leer más de treinta o cuarenta al año.

O pasan sin pena ni gloria y sin cambiar nada, condenados a seguir buscando a quienes deciden no rendirse y recuerdan que belleza también es conocimiento aplicado.

A veces, lo reconozco, también leo por leer, aunque me es cada vez más difícil. ¡Con todo lo bueno que espera y que espera de mí la mejor respuesta posible!

Venía a decirte que con intención nos vamos saliendo de los discursos aprendidos, conectamos con nuestra parte sabia y reorganizamos el software. ¡Y ese sí que es nuestro! Todos, pero con más razón los lectores, deberíamos ser exploradores de lo que (nos) pasa por dentro y establecer diálogos entre lo que leemos y lo que (nos) provoca lo leído.

Solo así leer (nos) servirá de algo.

Me despido con una cita de Unamuno que tomo prestada de este artículo«Cuanto menos se lee, más daño hace lo que se lee». Es decir, más propensión a creer en lo que se lee como verdad irrefutable; una vía utilizada por regímenes fundamentalistas y religiones monoteístas para que evitar que sus dogmas y consignas se vieran afectados por vientos contaminantes.

Ya sabes, ¡a leer mucho y bueno!

Ahí te lo dejo.

Marian Ruiz

6 comentarios:

  1. Leer siempre sirve. Dices que nuestras ideas nos las colocan. Cada individuo tiene un entorno primario del desarrollo, una cultura ( sino seríamos monstruos).
    Tenemos un cerebro( disco duro) y una cultura (nuestro programa y sist.operativo). Se va reprogramando según necesidades.
    Estoy de acuerdo en leer mucho y bueno (el problema el tiempo). El pensamiento, en muchas ocasiones esta altamente influenciado por el lenguaje.
    Leemos para conocer el mundo y relacionarnos mejor con el.

    PD: Deje un mensaje en la entrada anterior. No ha salido. Te animaba a escribir.

    Besos. LDV.

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    1. El entorno nos provee de lo necesario para salir adelante y es fantástico; no quiero imaginarme lo contrario. Otra cosa es quedar presos toda la vida de ideas que no hemos cuestionado siquiera, ideas que a veces son limitantes y que frenan nuestras mejores posibilidades. Si no leemos, si no nos interesamos por contenidos nuevos, difícilmente sabremos si cuando somos adultos pensamos por nosotros mismos o, por el contrario, somos pensados por otros. Lo del tiempo... cada quien tiene que ver cómo lo administra, sin duda.

      Abrazo.

      PD: Siempre eres bienvenida, Lirio del valle, aunque a Blogger le dé por cargarse cosas a veces, y agradezco tus ánimos en lo que valen. Mi propósito es escribir, sí. En ello ando. ¡Mil gracias!

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  2. Por más que figure en la RAE ¡qué espantoso suena "gentes" (en plural)!

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    1. Puede ser. Para mí tiene un permiso en contextos semipoéticos. Gracias por tu opinión, Mauricio.

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  3. Ahora mismo, lo confieso: leo para olvidar la vida. Pero no siempre ha sido así (y confío en que no siempre lo seguirá siendo).

    Artículo con raíces profundas que me han llegado. Felicidades.

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    1. ¿Olvidar la vida? Ay... La vida siempre nos recuerda que está ahí. A veces es nuestra mirada (invisible a nosotros mismos) la que deforma. En fin, daría para varios artículos y unos cuantos paseos.

      Mucha ilusión tenerte por aquí, Ana. Un abrazo literario.

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