sábado, 2 de diciembre de 2017

La fe oculta detrás de las ventanas

La fe oculta detrás de las ventanas - Marieta Pancheva - agnosticismo - microcreación


Todos tenemos a alguien que siempre está cerca de nosotros y al que nunca conoceremos. Sabemos de su existencia y con esto nos es suficiente. Nos acompaña desde que somos niños y no necesitamos de su presencia física para sentirnos fuera de peligro. Cuando nos acecha la soledad o el miedo, miramos en su dirección y su luz nos acompaña hasta en las noches más oscuras. No es cuestión de creer en su realidad, porque está y no está a la vez, es y no es al mismo tiempo. No es cuestión de creer, sino de sentir y saber. Y sabemos.

No hablo de dioses ni de amigos invisibles. Soy agnóstica y justo por mi agnosticismo creo. Creo en la existencia y en la no existencia a la vez. Creo en la posibilidad de una dimensión aparte donde ser y no ser es la misma cosa y es tan difícil de explicar como de imaginarlo real e irreal a la vez. Pero sí lo siento. Y esto último anula mi preocupación de si es o no. Y creo.

No hablo de Él o de Ella, no hablo de ninguna religión. Hablo de la persona que todas las noches enciende una luz y no la apaga hasta que el sol nos devuelve el día. Y yo hago lo mismo desde que tengo conciencia. Su ventana está a cincuenta metros de la mía y nunca he visto su rostro. Solo de noche sé que está, que aún vive. Solo cuando estoy en la casa de mi infancia en la que ahora me encuentro. Todas las noches, desde que tenía seis años, veo la luz en su ventana y me siento un poco más posible, un poco más confiada. Me despido cada vez que vuelvo a mi otra casa donde no tengo ventanas que me acompañen.

Siempre he querido saber si mis miedos son sus miedos, si también me busca de noche. A veces me acerco debajo de su casa de día solo para confirmar que la luz está apagada y corroborar así su naturaleza humana.

Porque hay niños que no tienen voz hasta pasados los años y adultos que dejan de hablar sin más. Porque hay miedos que no se comparten. Porque es posible la palabra y el silencio a la vez, igual que la existencia y la no existencia. Porque todos los días llevan a la noche y siempre hay una luz para quien sabe adónde mirar.

Me imagino la mano que enciende el otro lado de mi túnel. E imagino una mano de hombre y mujer a la vez, sin años. La ventana de enfrente. La ventana de mi infancia que sigue cada noche encendida. Desconozco si mantiene la luz cuando estoy lejos, pero cuando estoy en esta casa de mis padres, que tampoco están ya, siempre hay alguien al otro lado.

La fe oculta detrás de las ventanas - Marieta Pancheva - agnosticismo - microcreación



Marieta Pancheva

2 comentarios:

  1. Tan agnóstica no eres. Sientes y sabes.
    El universo en Occidente lo construimos con categorías duales; aún así, lo invisible debería justificar lo visible. En otras culturas, la intuición piensa en una dimensión que se nos escapa, es demasiado abarcadora para ser separada por categorías.
    Afortunadamente siempre hay una luz para quien sabe adonde mirar.
    El relato me gusta.

    L.del Valle.

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  2. Gracias por compartir la luz, tan especial para cada uno, Lirio. Justo porque siento y sé, justo por esto mismo soy agnóstica. Y lo digo como valor añadido. Porque sé que la dimensión de la que me hablas existe, pero aún estamos lejos de ella. Y aún así creemos.
    Un abrazo.

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