miércoles, 6 de diciembre de 2017

El NaNoWriMo no es para mí



gestión del tiempo-escribir deprisa-éxito-Marian Ruiz
Imagen de Eric Nyffeler en el blog de Erin Morgenstern

Aún deben estar humeando las teclas de los ordenadores. Los posos de los cafés dibujando nuevas rutinas más relajadas entre quienes han participado.

El NaNoWriMo (National Novel Writing Month o Mes Nacional de Escribir Novelas) no es para mí. No por ahora.
Me voy dando cuenta cada vez más de cómo hago las cosas y de cómo las hace la gente que me rodea, de cuáles son las consignas que nos dirigen que no siempre cuestiono y que, si me dejo llevar por ellas sin tomar mis propias decisiones, me ahogan.

«Come rápido, conduce rápido, camina rápido, lee cinco o seis libros por semana, trescientos al año, escribe rápido, dos mil palabras por día, por hora, por segundo, no sé cuántas mil en un mes».

Gracias a un encargo, este año me ha tocado leer varios libros sobre gestión del tiempo: organízate, fracciona tareas, adjudícales horas, revisa imprevistos, toma medidas, madruga, haz vida sana, acuéstate pronto, distribuye minuciosamente cada tarea y despréndete de las que puedan hacer otros por ti; en cuanto puedas delegarlas, hazlo y, mientras no puedas, dedícales el mínimo imprescindible.

Es tu carrera en pos del éxito.

Todos aquellos imprevistos, procrastinaciones, tareas que no tengan una conversión rápida a dinero y que no te están acercando un poco más a él, son tus ladrones de tiempo.

Si te paras, retrocedes; si no has escrito hoy las 1600 palabras que le tocan al día, puedes estar empezando a ir lenta e imperceptiblemente para atrás. Agenda, agenda, agenda. 

Imagina que la vida es como ir en bici y que si te paras, caes.


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No me lo parece...


¿De verdad caes si paras cuando montas en bici?

¿Y si por ir sin parar te pasas de pueblo y descubres tres más allá que no era por ahí, que te equivocaste en algún cruce?

Me hago mayor y tengo una madre que se hace más mayor a 400 kms de distancia. Y amigos que no veo hace mucho tiempo. Últimamente, hasta he dejado de hacer ejercicio a diario, que es algo que valoro muchísimo. No me saco la contractura del cuello ni con fórceps.

El encargo al que me refiero ha consistido en la redacción de un libro sobre una determinada fórmula para gestionar el tiempo. Quien lo firma defiende: prioriza tu vida, aquello que te hace feliz. El área financiera debe costear tu felicidad y tu felicidad se esconde bajo una alfombra en la que hay: familia y amigos, formación, tiempo de ocio, salud, espiritualidad

Hay que poner a la parte financiera en el lugar que le corresponde porque nos tiene secuestrados; enseñarle que ha de sostener el resto de áreas. Para eso, volvemos a la solución favorita de los gestores del tiempo: ser eficaces

Claro.




Sin haber participado en el NaNoWriMo

No quiero desviarme y empezar a hablar de que no lo somos y que de ahí la mayoría de nuestros problemas, porque a ser eficaces y eficientes no se aprende corriendo.

Seguro que perdemos el tiempo vilmente. Pero es justo lo que quiero reivindicar: lo necesario que es perder el tiempo de vez en cuando y, sobre todo, las bondades de ir despacio.

La vida es una urdimbre compleja y a veces no es fácil hacer fracciones de ella. Sobre todo, cuando se trata de ver a dónde vamos. A dónde voy. Hay días en que juego y otros en que experimento.


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El riesgo de perder el camino de vuelta.


Estoy segura de que lo importante no es correr. No para mí, que además he empezado tarde en esto. Lo importante es no desviarme o desviarme lo justo para no perder de vista el camino. Sacar conclusiones. La actitud. Mi actitud.

Se lo decía hace poco a una escritora, que sí participa en el NaNoWriMo porque tiene mucha práctica y para ella es un modo de comprometerse y aproximar el objetivo (obviamente está en otro punto). Tuve la suerte de disfrutar de una conversación, algo que podemos estar perdiendo sin enterarnos. Nos wasapeamos, nos messengereamos, nos emaileamos. Así pretendemos conocer al otro y que esos mensajes sincopados entre apócopes e iconos nos den la ilusión de que nos relacionamos. ¡Un placer, escritora con tablas!

A lo que iba.

Pertenezco a una generación que está teniendo la oportunidad de cambiar de profesión en mitad de la vida. Y no cambias de profesión sin pasar por un tiempo de entrenamiento.

Esta es la venticatorce vez (y venticatorce no son treinta y cuatro, sino muchas más) que digo que empecé a escribir en serio hace menos de tres años. Que tengo entre manos una novela que por fin tiene nicho, un lugar donde dormir, un subgénero específico, una posible casilla en una hipotética librería.

Y un ensayo que hiberna a la espera de que mi ciencia mejore.




¡Serendipia!

El caso es que gracias a ir despacio he descubierto cosas como:

  • el subgénero de mi novela
  • he enderezado su rumbo en la reescritura y salvo la trama troncal, el resto va nuevo
  • he leído mucho que me ha servido para sacarme un peso muerto


Y he descubierto además que:

  • Hay días en que puedo hacer treinta cosas y días en los que solo una. Hay días en que nada de lo escrito me vale pasadas veinticuatro horas. Me quito de la pantalla, me paso al papel, anoto, tacho, vuelvo a anotar y a tachar. A veces va solo, días en que parece que no voy a terminar de escribir; pero otros en que se me vuelan reconstruyendo las escenas en el corcho de Scrivener.

En general: releerse es dolorosísimo. Hay una especie de escrito ideal en paralelo que delata las imperfecciones del tuyo. Es como releer la propia vida: hay una vida paralela e ideal que no has vivido.


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La tentación de borrar párrafos enteros todo el tiempo...


La memoria recorre lo que hiciste y no siempre por gusto, y te trae lo que dejaste de hacer por cobardía. Lo que conseguiste y lo que perdiste, sobre todo, esto último. Lo que consentiste por complacer y lo que consentiste porque te complacieran. Lo que elegiste por activa y lo que elegiste por pasiva. Lo que maquillaste, lo que dijiste con mayor franqueza de la que se te pedía. Lo que confesaste más por miedo que por ética. Lo que el miedo, la inseguridad y las dudas detuvieron y lo que algunos arrojos fueron permitiendo. Lo que se va quedando contigo y lo que tomó las de Villadiego.

¡Cuánto querrías borrar! Apretar Supr o Del y mandarlo todo a la mierda.

Y sin embargo, así eres tú. Así has llegado hasta aquí. Si borraras todo eso que te disgusta, ¿qué quedaría de ti?

El NaNoWriMo no es para mí, al menos por ahora, y sin embargo ha hecho que me diga: Marian, corrige, sí, pero no tanto, que hipercorregir (nada que ver con la ortotipografía) hará que te desvanezcas en tu escrito. Ve a tu ritmo, pero ve. De lo contrario, ¿qué quedará de ti? 


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Noviembre me ha regalado una nueva escaleta y un ritmo de escritura.
¡Gracias, noviembre!


Marian Ruiz


2 comentarios:

  1. Tampoco para mi.
    Para retos prefiero subir una montaña bien alta.
    No disfrutaría. Escribir para mi es un lugar aparte donde soy libre. Aunque luego corrija, claro :)

    Abrazo, Marian.

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    Respuestas
    1. Entiendo que puede servir para crear hábitos de escritura, para disciplinarse o adelantar algo que se tiene muy claro, pero a mí, por mucha escaleta que haga, la escritura me pide otro ritmo. Y no l lo veo en absoluto para la poesía, querida Verónica.

      También nos espera la montaña. Eso es otra cosa. ;)

      Un abrazo.

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