miércoles, 15 de noviembre de 2017

Hacerse marca en dos días



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Hay quienes con un recorrido corto en lo literario, sin obra publicada y recién salidos de un curso de marketing online para escritores, se esmeran en dar consejos sobre cómo escribir mejor, generar ideas o tender lazos a cualquier público objetivo que pase por delante. Y al poco, publican.

Me fascina la autoconfianza de estas personas. No me estaría mal un poco de ella.

Resulta que para hablar chino mandarín básico eran necesarios tres años y para tener soltura y dominarlo, entre diez y veinte. Siendo optimistas: viviendo en China y practicándolo a diario te haces con él en un plazo medio de ¡diez años!

Que es como esperar que las ranas críen pelo o que les salga purpurina a las castañas.

Pero es que hay ciertas cosas para las que, opino, vale más no correr, que luego te das un garbeo por Amazon y pasa lo que pasa: donde tendría que haber gloria bendita literaria, te encuentras con textos pobres, torpemente editados, errores ortográficos... que venden.



Particularidades de las marcas

Un modesto ser que emprende y conoce el valor de su potencial como marca futurible tiene una estrategia comercial. Como las grandes compañías, pero en pequeñito.

¿Qué pide el mercado? ¿Cuál es ese resquicio por el que aún no se ha colado nadie? ¿Por dónde acceder a quienes esperan conocerte o conocer lo que ofreces?


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Saben qué necesita el mercado como que dos y dos son... a veces, cinco.


Hay empresas que se dedican a conectar influencers con su público, que saben perfectamente sus hábitos de consumo y si tiran más de Twitter, Instagram o Snapchat. En función de ello, definen un tipo de intervención u otro.

Es lo primero que deberíamos tener en cuenta antes de empezar a estar en todos los sitios posibles y cuanto más y cuantos más, mejor, incluso saber si nos merece la pena tener un blog y si es que sí, para qué. Porque si alguna función tiene el blog antes que ninguna otra es la de permitirnos explorar en temáticas concretas y escudriñar lo que nos intriga.

Luego solo resta parir contenidos, dilucidar mejores horarios, frecuencia, constancia… Todas esas acciones menudas que van cimentando la ruta y dotando de credibilidad a lo que hacemos.




Decir algo distinto a lo que dicen otros

O a cómo lo dicen, pero siendo veraz y haciendo de la propia voz algo singular. O sea, nada de repetir como un loro lo que vemos escrito por ahí. Primero, leerlo; después, reflexionar sobre ello (¡no son dogmas! Podemos no estar de acuerdo) y, tercero, metabolizarlo, es decir, hacerlo nuestro, familiarizarnos como lo haríamos con un compañero de piso o de correrías.


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No lo puedes oír, pero cada vez que ruge
la araña del SEO se hinca de rodillas.


Nada de copiar o de hacernos pasar por quienes no somos. A mí, que no soy nada original si digo que me encanta Gabriella Literaria y que ojalá tuviera no solo el conocimiento, sino su soltura y desparpajo, me queda tomar buena nota de lo que dice/hace y ver si hay algo de lo suyo que pueda hacer mío.

Porque resulta que Gabriella Campbell escribe mucho y publica desde hace la torta. 

Gabriella dice las cosas de esa manera inteligentemente socarrona que lo menos que le ha proporcionado es una buena legión de imitadores.




Gabriella es una influencer blogoliteraria

Sabe quién es su público, por arriba, por abajo y del revés. Lo sabe hasta su gato. Hace mucho que está en esto de escribir, bloguear y acceder a contenidos chachis de los que se hace eco interpretándolos y añadiéndoles chicha con activos propios.

No es posible competir con ella. Desengáñate. Se ha ganado a pulso su estatus de celebrity literaria. No es de extrañar que escriba 10000 palabras diarias o las que le vengan en gana, porque sabe que lo que dice va a misa. Debe ser tan potente y automotivador como tener una bomba de helio bajo el cojín. Además, es lo bastante popular como para solicitar mecenazgo y que le lluevan patrocinadores como agua en gota fría. (También tú puedes, sí; pincha en el enlace).

Desconozco si este buen hacer de Gabriella ha sobrevenido como producto de una andadura paciente y sostenida o si lo es de una estrategia muy bien planificada que da sus frutos ahora. O de ambas cosas.


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Gabriella en acción: imposible sustraerse a su influjo.


Lo que está claro es que la chica tiene chispa e incendia todo lo que toca. Cada vez que veas humo negro asomando por los bordes de tu portátil, ten por seguro que es ella con una nueva ocurrencia en forma de modesto artículo de dos millones de palabras y… mucha virtud.

Así que saber dónde se cuece todo esto para dar con la solución idónea, diferenciarse de un montón de peña que hace lo mismo y ser reconocible, no es fácil. Menos aún para alguien que empieza y tiene por delante una ladera (casi) imposible de escalar.

A lo mejor es que es imposible…

Vivimos de prisa, respiramos con urgencia, cada cosa que hacemos ha de ser rápido, rápido, que el tren escapa y se cierra la estación. Y yo, pobre de mí, voy a ratos con la lengua afuera; otros, cuando escucho a mi corazón, ralentizo el ritmo.

Porque a lo mejor solo es posible si lo planteo en otros términos…



Mi experiencia

Hace tres años abrí un blog sin más pretensiones que hacer músculo y mantener una disciplina de escritura y publicaciones. Ni siquiera era literario.

Hace muchos más empecé a escribir una novela y ahora que la reescribo ha aparecido la resignación, como diría Virginia Woolf, y no hay consejo ni musa que valga. 

Me estoy recalzando las botas y volviendo a escalar, porque me desconozco: he debido transformarme en otra. Es lo que va haciendo el tiempo conmigo. Es la suma de tiempo y constancia.


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Algo parecido a esto fue lo que me encontré cuando me puse
a reescribir mi novela.

Inimaginable Gabriella en una situación así; la veo en cambio con profusión de dragones, grifos y mandrágoras asaltándola por doquier mientras solo dicta en qué orden han de ir saliendo. Pero seguro que hace mucho tiempo también ella pasó por ahí. 

Y tengo un ensayo que no ha visto la luz (hasta la boina de que te lo diga, lo sé; has tenido la mala suerte de conocerme en plena mudanza). Un ensayo sobre booktubers que no ha visto la luz, ¿y sabes por qué? En otras cosas, por falta de estrategia. 

Dificultades de primeriza. Y eso que soy redactora... y algo sé de estructurar.

Espero un milagro, la verdad. O una estrategia, que es la versión laica del milagro.

Me dirás que admitir todo esto forma parte del proceso. De acuerdo, pero a la exigentona que llevo dentro no le consuela. 

Menos mal que la apaciguadora también pone de lo suyo y recoge velas.

Y vuelvo a preguntarme: sin tener ni pajolera idea de todo esto, ¿es posible salir de un curso y pretender encestar en un pispás? 





Tu experiencia

Sé que tu experiencia es otra, que consigues tener la comida en el plato con solo desearla, las verduras te florecen como apetecibles bolitas rebozadas y tu acto de escribir se parece a eso que dicen de ponerse a trabajar y que las musas hagan su parte ‒si no es así, apunta: revisión de contrato a las musas‒.

Pero si tu experiencia coincide con ese cuadro de Corot romántico, fresco y evocador, por favor, ¡¿cómo lo haces?! ¿Cómo te volviste estratega tan rápido? 


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Veo esto, lo comparo con el tablero anterior y me digo:
así, sí, claro.


Si tienes un propósito, que lo tendrás, seguro que te interesa nutrirte de las voces más capaces, de esas que han puesto en solfa los dogmas y han sacado sus propias conclusiones. Como Jaume Vicent, del blog Excentrya, en este post.

O en este otro, que menudo cabreo, Jaume… 

Como poco, para cuestionarnos ciertas cosas que tenemos por sagradas porque parecieran descender de los dioses y diosas del Olimpo. 

Y aunque lo hagan de la mismísima pata de Júpiter: las experiencias no tienen por qué parecerse. O lo hacen de igual modo a como nos parecemos los humanos: dos ojos, dos orejas, dos hemisferios cerebrales, dos brazos, dos piernas, una nariz, una boca… Hay un momento en que tenemos que pasar de la lista y entrar en matices.

Yo lo dejo por hoy, que de momento no se me juega gran cosa con esto del blog y lo que seguía puedo contártelo en otra ocasión. Empiezo a salirme de mis márgenes y son.. otros. 

Ni soy Gabriella ni soy Jaume Vicent.

Por cierto: tampoco ellos se han hecho famosos en dos días y, si no, pregunta, pregunta...


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«¿Por qué hemos de apresurarnos desesperadamente por triunfar en empresas desesperadas? Si un hombre no marcha al mismo paso que sus camaradas, probablemente esté escuchando otro tambor. Que camine al mismo ritmo que esa música, aunque sea más comedida y lejana». Henri David Thoreau


Marian Ruiz


5 comentarios:

  1. Yo por mi parte, ni me he hecho famoso en dos días, ni creo que lo sea... Ni creo que llegue a serlo tampoco. Me conocen en mi casa, en el trabajo y en el bar donde me tomo las cañas... Poco más ;)
    Estoy contigo con eso de la gente que se hace un cursito de marketing online de dos semanas y se lía la manta a la cabeza y a dar consejos sin haber publicado ni un relato en su vida... Tú eres muy políticamente correcta, Marian, pero esta gente lo que tiene son los huevos como el caballo de Espartero. Una cosa es no dejarte vencer por el síndrome del impostor, que es lo suyo... Y otra muy distinta es tirarse el moco y dar consejos de algo que no has hecho nunca (publicar, por ejemplo). No es que tengas que tener una carrera como la de Reverte... pero un poquito de por favor, que estamos en algo serio.
    En fin, me ha gustado mucho este artículo... Me ha recordado a cosas que suelo escribir yo :)
    Muchas gracias por incluirme, por cierto. Un abrazo

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    1. Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

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    2. Ya solo falta que nos presenten, Jaume. Dicen que fumar mata y leer según qué cosas, también, y a mí no me pasa contigo, que además de escribir muy bien reflexionas (bien) y seguro que aquello es consecuencia de esto. Yo creo que los lectores nos preguntamos cosas todo el tiempo; los empresarios, no. No tienen de eso (tiempo): actúan, arriesgan y creen a pies juntillas que reflexionar detiene. Y hay escritores imberbes, primerizos, que se comportan solo como empresarios. O lo pretenden.

      Entre lo uno y lo otro debe estar la guinda del pastel.

      Y déjame decirte que sí, que llevas camino de hacerte famoso si, como dices, aún no lo eres. Tienes mucha madera.

      Gracias, gracias, gracias. Un abrazo.

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  2. Estamos en la era de la rapidez, del impacto visual y del titular.
    La imagen que pongamos es el reclamo. Y hay millones de imágenes impactantes, con lo cual, hay que ser muy creativos, con lo que eso lleva.
    En el titular te lo juegas porque si no motiva, nadie leerá.
    Y la mayoría si ve mucho texto, pasan.
    Por supuesto que el copiar jamás va a resultar.
    Contenidos claros, por supuesto.
    Nada es sencillo. Todos conocemos gente que no se entiende su éxito y otros que no se entiende que no lo tengan.
    A mi me parece que un día alguien dio con algo que se necesitaba y de ahí vino y viene todo. Y no hablo de calidad, que de todo hay.

    Un abrazo.

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    1. Resumiendo: quien escribe hoy ha de ser como el hombre orquesta del circo, pero para un mercado sobreabundado de todo, porque está en la picota continuamente. Y buscar ese resquicio en el que decir lo que ya han dicho otros aunque con voz propia y para quien quiera escucharlo no se hace en dos días. Dos días dan, como mucho, para meter la pata. Eso, querida Verónica, me parece que es lo único sencillo.

      Otro abrazo de vuelta.

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