miércoles, 22 de noviembre de 2017

El Día de la Palabra y la palabra esquiva



Día de la Palabra-23 noviembre-Marian Ruiz


Mañana, 23 de noviembre, es el Día de la Palabra.

Bendita palabra, aun cuando no consigamos decirlo todo ni decirlo como nos gustaría. Me asombro cuando veo que otros con menos alambiques han dicho justo aquello que intentaba decir yo. 

Seguro que la teoría del caos (que somos) tiene vela en este entierro. Juega la ansiedad, juega la inseguridad, juega la sensación de estar fuera de juego, valga el juego de palabras; a veces, cuando un término se nos resiste, estamos queriendo parecer más cultos, más interesantes, más guapos.

No siempre, no.

A veces, la punta de la lengua se nos queda in albis. Pero resulta que no es la punta de la lengua.




La palabra en la punta de la lengua

Conoces la palabra y no te viene. Sabes por qué letra empieza o qué vocales contiene. Buscas otras sinónimas o de fonética similar. Insistes. A fuerza de empeñarte llega una que se le parece.


Día de la Palabra-23 noviembre-Marian Ruiz
¡Ay...! Yo también hago eso, pero resulta que no está ahí.
Por mucho que la saque y quiera leer en ella...

Dicen que la respuesta está no en la punta de la lengua, sino entre la maraña de sinapsis del disco duro de la cabeza. Debe ser por lo que insistimos, como que sabemos que en ese lugar suceden cosas sin nuestro consenso y que tarde o temprano se deciden a salir. A veces, más tarde de lo que quisiéramos. 

Parece que podemos hacer algo al respecto; al final, todo está relacionado, incluso las palabras. Cuantas más utilizamos, mayores posibilidades de recuperarlas. Hay que tratarse con ellas, usarlas, entrenarlas, ampliarlas, ¡desafiarlas! Es el modo más eficaz de tenerlas disponibles.

También en esto hay jerarquías: nos cuesta más recuperar los nombres propios, los comunes, los verbos y los adjetivos. Por ese orden. Tiene mala leche que no nos pase con los adverbios; seguro que es la razón de que abusemos de ellos. Nuestras desmemorias no les afectan. A perfectamente, siempre, nunca, mayormente, divinamente, todo y nada, demasiado, mucho, aproximadamente las tenemos disponibles «siempre».

Peor aún cuando en lugar de la que perseguimos se presenta otra y se acantona y recordamos sofisticado cuando la que necesitamos es frívolo. O cuando ya hemos dicho algo que no queríamos decir, un lapsus linguae, y nos vemos en enredos de explicaciones y justificaciones. 

¿Recuerdas ese «para follar» de José Luis Rodríguez Zapatero que dio la vuelta al mundo?

Y por si fuera poco, el inconsciente nos traiciona.

O no.

¿Y si es justo lo que queríamos decir, aunque digamos que no? Si alguien es fiel a lo que sentimos es nuestro inconsciente. En fin. Pero ese no es mi campo.



Las palabras no son la cosa

Nada tienen que ver estas cagaditas de mosca que tecleo con lo que denotan, evocan, aquello a lo que están asociadas y que lo hemos ido acordando en la medida en que hemos hecho del lenguaje ‒de los distintos lenguajes‒ una herramienta indispensable.


Día de la Palabra-23 noviembre-Marian Ruiz
Me lo puedo tatuar si quiero y el tatuaje seguirá sin ser «yo».

Nada tienen que ver y, sin embargo, algo tienen de sagrado las palabras cuando sirven para decir, decirnos a nosotros mismos e interpretar el mundo. Si no tuviéramos palabras, no sé cómo haríamos, cómo nos rescataríamos del olvido, cómo describiríamos nuestros avatares y cómo haríamos para entendernos. 

Ya lo hicimos cuando no las teníamos, pero el mundo tenía muchos menos significados, muchas más incógnitas y, aunque parezca lo contrario, mucha más violencia.

Una vez oí decir que el auténtico castigo por la expulsión del paraíso (¡con lo felices que éramos!) fue tener que dejar de nombrar las cosas de forma directa y tener que hacerlo por aproximación; de ahí a los malentendidos y equívocos, un paso. De ahí las perífrasis, los rodeos y todas las tentativas de hacernos entender.

Por no hablar de las distintas lenguas y códigos en que nos movemos y con los que nos corresponde rehacer el paraíso; en otra dirección, sí, para que no sea causa de disgregación, sino vehículo de conocimiento y fraternidad

Vuelvo al hilo: la palabra no es la cosa. No puedes decir «agua» y esperar que eso te moje o moje a alguien. Y cuando de verdad aparezcas con un balde y mojes a alguien, ten por seguro que no necesitarás pronunciar «agua» para que pille de qué vas.

Entre las palabras y la cosa está toda esa tierra de nadie sin contraprestación evidente entre mundo, realidad o experiencia y los códigos que utilizamos para su descripción.



Palabras con y sin gas

Aún peor, porque las palabras tampoco tienen el mismo significado para todo el mundo. Ni la misma carga emocional.


Día de la Palabra-23 noviembre-Marian Ruiz
 «Cariño», ni que me lo digas con flores...

Mi madre jamás me decía «cariño» y me lo decía en cambio una señora que me cuidaba cuando ella desaparecía. Esa señora nunca fue santo de mi devoción: tampoco yo le caía bien y me decía «cariño» cuando quería humillarme, así que cada vez que alguien me dice «cariño» mis sinapsis se alborotan. O lo hace mi corazón, que vete tú a saber dónde se guardó ese cariño

Sin ser culpa de nadie, podemos montar un cisco en un pispás.

Como tampoco es virtud de nadie llamarme «niña» y que aleteen pájaros en las ramas de mi estómago. Mi padre me lo decía.

Así que entre lo que dices tú y lo que descodifica mi cabeza hay un globo a punto de pincharse. O dicho de otra manera: que siempre estamos a un tris de malentendernos.

Pero que no cunda el pánico: tener una palabra en la punta de la lengua o de una neurona y que no acuda no indica nada feo, maligno o raro.




Un diccionario especial

Hace años que vengo usando el Diccionario de ideas afines, de Fernando Corripio. Es otra especie de mundo en red e interconexión de palabras. Me ha echado muchos capotes a la hora de buscar sinónimas pero no tanto

Con cada término se abren sinónimas, antónimas y otras del mismo campo semántico o asociativo.


Día de la Palabra-23 noviembre-Marian Ruiz


Busco en él la palabra mesa y sale:

1 Mueble*, consola, velador, mesilla, mesa de noche, altar, tabla, escritorio, buró, escribanía, bufete, pupitre, despacho, mesa de despacho, aparador, trinchero, ménsula, soporte*, mostrador, contador, coqueta, tocador, cómoda, apoyo, repisa, estante, sostén, trípode, mesa de comedor, de ruedas, extensible, desmontable, mesa camilla, costurero, rinconera.

2 Partes. Tablero, patas, pies, cajón, tirador, cantonera; gaveta, cabecera, ala, caballete, rodapié, tabla.

3 Enseres. Vajilla, mantelería, cristalería. V. MESA (SERVICIO DE). V. MUEBLE, SOPORTE, MESA (SERVICIO DE).

Está organizado por secciones numeradas que evitan perderse en una lista interminable, por lo que consigues ir mucho más al grano. Además, cuando algo es despectivo, vulgar o coloquial, también lo señala y los asteriscos (*) remiten a otras entradas relacionadas, con lo que las posibilidades aumentan. Y aumentan con las referencias cruzadas (V.), que proporcionan conexiones ideológicas y evitan repeticiones.

En síntesis: no es un diccionario de sinónimos, sino de palabras relacionadas por temas y que en su semántica pueden no tener relación entre sí. No solo ayuda cuando no consigues recordar una palabra, sino también cuando la desconoces.

Un ejemplo:

Días atrás necesitaba saber el nombre de un determinado sistema de apertura y cierre de puertas antiguo. No era una falleba ni un pestillo, sino uno de esos cerrojos de forja que se liberan con el dedo pulgar (pulsando). Pura mecánica. Tenía el nombre en la punta de la… neurona.

Me voy al Diccionario de ideas afines y busco «cerramiento». Me lleva a «cerrar» y en la sección 5, a «cierre». La tercera palabra es «cerradura*», con el asterisco indicador de que hay una entrada específica para esa palabra. Y ahí está lo que busco: «picaporte». ¡Eureka!

Lo siguiente es corroborar a través de Google si es la palabra coincide con esa cosa (imagen) que estoy buscando.

Me ha librado de muchos atascos, así que la palabra que en estos casos no es tanto esquiva como desconocida queda así rescatada y acuñada.

Mañana, amiga mía, amigo mío, ¡feliz Día de la Palabra!

Para celebrarlo te dejo un poema de Eduardo García (Sao Paulo, 1965-Córdoba, 2016) cuyo título lo toma de la serie La traición de las imágenes de Magritte, y que viene al hilo porque la palabra no es la cosa (del mismo modo que la pipa de Magritte no es una pipa):



Ceci n´est pas une pipe


Día de la Palabra-23 noviembre-Marian Ruiz
Imagen tomada de la red.


La palabra agua no moja:
puedo escribirla siete veces siete,
en paredes, en labios, en estatuas,
una por cada nube que se aleja,
una por cada gota que no llueve.

La palabra fuego no quema:
ni calienta mi mano si la escribo
ni es capaz de alumbrar la oscuridad.
Allí donde se posa permanece
aguardando unos ojos que la inflamen.

Pero si irrumpen alas y de pronto
me decido a emprender una esperanza
y empuño dos palabras y las hago
chocar como dos piedras en el aire
saltan chispas en un hogar remoto,
prende en el agua un fuego que acaricia.

La palabra fuego no quema
pero aviva rescoldos en la sangre.
La palabra agua no moja
pero riega la entraña de quizá.


Sin ser la cosa nos provoca latidos y nos abre puertas. Podríamos nombrarla Ama de Llaves Internacional o algo así...

Marian Ruiz


6 comentarios:

  1. No conocía a Eduardo Garcia. He buscado sus poemas y alguno me ha traspasado. Gracias por compartir.
    Para festejar el día de la palabra, sugiero el poema "Reencarnaciones" de Jenny Londoño (seguro que lo conoces )...

    Tus entradas como siempre muy didácticas.

    Saludos. Lirio del valle.

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    1. Lo conozco, sí, y si se oye recitado de viva voz y con la banda sonora de Carmina Burana de fondo, estremecedor.
      "La lluvia en el desierto" es el título de la poesía completa de Eduardo García, un libro que siempre tengo a mano y que, por supuesto, te recomiendo.

      Gracias por tu visita y por tus palabras, tan confortables, Lirio del valle.

      Un abrazo de palabra ;) (alguna vez, de obra, espero).

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  2. Marian, lo de abrazo de obra va a ser que no. No dispongo de ella porque no soy escritora ni lo pretendo. Disfruto la poesia, porque en estos momentos es lo que mejor me viene e intento alentar
    a quien lo hace.
    Lirio del valle.

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  3. Con "de obra" quise decir "de hecho", no solo "de palabra" como te lo daba desde aquí, sino uno de verdad.

    Al final, se trata de disfrutar, con la poesía, la literatura, con cualesquiera de las artes. Y cuando es posible, compartirlo.

    Más abrazo (como sea) ;)

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  4. Ese diccionario es interesante.
    Te iba a decir algo, lo tengo en la punta de la neurona... :P

    Interesante entrada.
    Para volver a leerla y seguir aprendiendo.

    Gracias.

    Abrazo grande.

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    1. El diccionario es la caña, tal como lo explico, sobre todo si amas las palabras y si pretendes una riqueza en la escritura (no solo en textos literarios). Y a veces consigues que caiga lo que tienes balanceándose ahí, en la punta... ;)

      Un abrazo enorme, Verónica, y gracias por tu visita.

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