sábado, 2 de septiembre de 2017

Series, distopía, ella

Series, distopía, ella - niebla

Me gusta la distopía de la pequeña pantalla.

Me gustan las series distópicas y las apocalípticas, aquellas que llevan al extremo al ser humano y tensan sus límites para dejarlo tambaleante en la cuerda floja entre aquí y ninguna parte. Black Mirror, Westworld, Stranger Things, The Handmaid´s Tale, Lost... Me gusta la literatura distópica, apocalíptica, aquella que cuestiona el futuro del ser humano, por el ser humano y a pesar de él, y si existe un creador, dónde se esconde y dónde nos coloca. Me gustan las preguntas abiertas, los porqués de la vida y de la muerte.

Pero tengo una limitación. Una limitación, digamos, visual: mi imaginación me lleva más allá de lo visual y me incapacita para ver escenas gore o cualquier otra escena que implique reparar en seres humanos en partes esparcidas. No me gustan las de zombies por la estética representada, pero sí las que tratan la posibilidad existencial más allá de la muerte, su parte poética, su parte simbólica, filosófica, agnóstica. Me atrapan. Hasta tal punto que si hay escenas que no puedo mirar, sigo disfrutando sin mirar. Son mis oídos los que me guían y el rompecabezas se monta por igual. Me ha pasado con todas mis series favoritas, empezando por Twin Peaks, mi estreno como seriéfila con once años, que me hizo fan incondicional de David Lynch de por vida. O de por muerte.

Hay series imprescindibles para mí y muy desagradables a la vez. Y hay otras que prescinden del exceso de sangre derramada y entran de lleno por mis ojos. Sin obstáculo posible.

Lo que me lleva a pensar: ¿sería lo mismo si leyera el libro en el que se basan algunas? ¿Me sería igual de desagradable imaginar las escenas explícitamente narradas? Pues sí, no habría ninguna diferencia. No la hay, porque no son las escenas en sí, sino lo que queda dentro de mí, o fuera de mi estómago.

Y otra cuestión que me planteé ayer al terminar la primera temporada de The mist, que por cierto me encantó y recomiendo (aun cuando deja muchos cabos sueltos y siendo muy desagradable, la recomiendo porque cuestiona nuestra naturaleza y apariencia humana y quién es realmente el malo de la película, en este caso, de la serie. El mérito no es solo del director, sino también de Stephen King. Y a mí Stephen King no llega a gustarme del todo, anda por la mitad exactamente, por mis límites visuales, repito).

Series, distopía, ella - Frances Conroy - Six Feet Under
Imagen: Six Feen Under
Fuente: imdb.com
Llegué a plantearme si se puede escoger a una persona para un papel determinado por su trayectoria en series televisivas, por las vidas (y muertes) que ha interpretado. Y confieso que vi The mist por Frances Conroy. Al igual que vi American Horror Story por Frances Conroy y Six Feet Under. Por Frances Conroy. Porque hay actrices secundarias que valen más que cualquier actor o actriz principal. Actrices secundarias que se han labrado un renombre tan poderoso que, al menos en mi caso, me es difícil parpadear cuando aparecen en escena.

La conocí en Six Feet Under en su papel de matriarca de una familia propietaria de una funeraria. Y a partir de allí, no me pierdo ninguna de sus interpretaciones. La que más me impactó, evidentemente, es la del Ángel de la Muerte de la segunda temporada de American Horror Story, que me parece de una sutileza y de una belleza estética únicas. Aparece en muy pocas ocasiones, pero cuando lo hace el aire no llega a los pulmones. Shachath asoma solo cuando se la llama para administrar su beso benevolente a los que van a morir. Vestida en su traje negro de los años cuarenta se inclina y besa. Y en el momento del beso dos alas negras nacen de su espalda. Es la imagen más bella que he visto de la muerte en televisión. Y en cine, me atrevería a decir.

Series, distopía, ella - Frances Conroy - Asylum - American Horror Story
Imagen: American Horror Story, Asylum
Fuente: culturalist.com

Por esta razón, no me extraña que sea ella la que interpreta a Nathalie Raven en un papel más que apocalíptico. Y que sea ella quien pronuncie en varias ocasiones: “Todo acto de destrucción es un acto de creación”. Y: “Que ella te bendiga”. Que ella que es la naturaleza que no somos. Que ella que es la niebla que nos devora, purifica y elige.

Vi la primera temporada de dos sentadas, literalmente: ayer y anteayer. Sin respirar. Obviando las escenas gore, que considero innecesarias. Y me impactó hasta tal punto que decidí leerme el libro. Por ver las diferencias y por resolver por mí misma los cabos sueltos. Pero sobre todo, me quedo, otra vez, con ella. Con su interpretación y con su lugar exacto entre la vida y la muerte. Entre posibles y diferentes creadores y destructores. Entre el ser humano y el ansia por dejar de ser humano.

Series, distopía, ella - Frances Conroy - The mist
Imagen: The mist
Fuente: imdb.com
Me gustan las series que me dejan sin parpadear. Teniendo en cuenta que gastamos alrededor de cinco años de vida en parpadear, es un lujo ganar tiempo para plantearse hasta dónde. Para plantearnos por qué.

Marieta Pancheva

2 comentarios:

  1. En la literatura te llenas de imágenes si está bien narrado.
    The Mist, la peli, a mi no me gustó, pero el final mereció la pena. El libro me parece, como suele ocurrir, mil veces mejor aunque más lento.
    A mi también me gustan las distopías :)

    Saludos.

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  2. Gracias por pasarte, Verónica. Y gracias por tus palabras. Te contaré cuando me lea el libro. Y la serie es diferente a la película y te mantiene en constante tensión. Al menos, tensión auditiva.
    Un abrazo.

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