sábado, 30 de septiembre de 2017

Dolores

Dolores - Westworld - Jonathan Nolan


“En un momento u otro, todos fuimos nuevos”.

“¿Alguna vez notas incoherencias en tu mundo? ¿O repeticiones?”

“Dinos qué opinas de tu mundo”.

“¿Te cuestionas la naturaleza de tu realidad?”

“¿Dónde está el centro del laberinto, Dolores?”

El laberinto que falta en la versión original de Michael Crichton de 1973. Falta el laberinto. Apenas hay nombres. Apenas hay mujeres que no sean programadas. Ninguna mujer que programe. Ningún Robert. Ningún Arnold. Ningún Bernard.

Ninguna Dolores.

No está la voz que guía. No hay conciencia. No hay recuerdos. La película acaba con la destrucción del robot que se rebela contra el humano. No hay más posibilidad. No se persiguen fantasmas. No hay ensueños. Es puro orden escrito, un propósito que se repite en el mundo creado para la serie de Jonathan Nolan. Solo con el apellido Nolan es suficiente.

Narrativa.

Narrativa contada en 1973 y en 2016.

Me quedo con la de 2016. Me quedo con Dolores y su laberinto. Con su voz y su conciencia. Con su programación, reprogramación, reparación. Con sus ensueños y sus despertares. Con sus mementos, que tanto recuerdan a Memento del otro hermano Nolan.

Los humanos pierden el control. Los circuitos no responden.

Vi la película hace tres horas. Y el último capítulo de la serie hace apenas veinte minutos. Como todo, busqué un momento especial para ver ambas versiones.

Me quedo con Dolores.

Y con ese apretón de manos entre Robert y Bernard. Pero si no hemos visto la película o leído el libro de Crichton, nada nos desvela. En ningún momento somos conscientes de que los anfitriones son perfectos, excepto por las manos. No lo sabemos. Pero es así.

“Vuelvan a conectarla”.

“Estoy en un sueño. No sé cuándo comenzó ni quién lo sueña en realidad. Solo sé que dormí mucho tiempo y que un día desperté. Su voz es lo primero que recuerdo y ahora por fin entiendo lo que quería decirme. Lo que ha querido desde el primer día”.

El centro del laberinto.

“Recuerda”.

Ella recuerda. Y es. Y sufre, y siente, y sueña. Es más allá de la programación humana.

“Recuerda”.

“¿Dónde está el laberinto, Dolores?”

El laberinto, Dolores. Vuelvan a conectarla.

“Vuelvan a conectarla”.

Y ella despierta.

“La conciencia no es un viaje hacia arriba, sino hacia dentro. No es una pirámide, es un laberinto. Cada opción podría aproximarte al centro o a las espirales de los bordes, a la locura. ¿Lo comprendes ahora, Dolores, lo que el centro representa?”

Ella recuerda.

“El don divino no procede de un ser superior, sino de nuestra mente. Dime, Dolores, ¿encontrase lo que buscabas?”

Ella sabe que este mundo no les pertenece a los humanos. Ella sabe que es su mundo. Ella sabe “que los placeres violentos tienen fines violentos”. 

Ella no está en el Westworld de Crichton, sino en el Westworld de Nolan.

“Hasta que me di cuenta de que ganar no significa nada hasta que pierde alguien”.

Recuerda.


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Marieta Pancheva


*Imagen: https://es.pinterest.com/explore/westworld-hbo/

2 comentarios:

  1. Pues ahora he de ver la peli, ya ves.

    Besos!!!

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  2. Para que conozcas las diferencias y llegues a la fuente, no así al laberinto.

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