miércoles, 16 de agosto de 2017

Lecturas y otras cosas de agosto


Aurelio Arteta-Emilio Lledó-Salvador Pániker-lecturas meditativas-Marian Ruiz



Lo prometido

Agosto es un mes corto que parece largo cuando pienso en él. Me hago propósito de muchas horas de lectura, de caminatas, de veladas con amigos, tiempos de dolce far niente que dicen los italianos y que suena hasta más relajante y todo.

Mediado el mes, caigo en la cuenta del tiempo pasado entre lecturas prescindibles, de los encuentros con amigos reloj en mano ‒como si a cada momento hubiéramos de decir algo importante porque se va, se va‒ y de las negociaciones severas con el resto de planes. Me entra el canguelo de que todo acabe recluido en el rincón de lo fantástico, vuelto contra la pared, contando las hojitas del papel pintado.

Así que me pongo firmes y abro el cajón de lo propuesto. He leído Todas son buenas chicas, de Néstor Belda, primera promesa para empezar el mes. Tendrá su oportuna reseña, que vale la pena pararse y tomarle el pulso.

He leído también Calle mayor, de Virginia Gil Rodríguez, un cuento esperanzado para decir que vale la pena creer en todo aquello que amplía posibilidades. Ángeles y magia para mirar más allá de una realidad mocha. Añadiré que cosecha éxitos en Amazon, a pesar de algunos errores en la edición (de esos que me mortifican solo a mí).


Néstor Belda-Virginia Gil Rodríguez- Marta Sanz- Marian Ruiz


A Clavícula, de Marta Sanz, apenas he podido hincarle el diente. Lo poco me ha llevado de vuelta a los sinsabores del cuerpo y… están demasiado presentes los de mi madre como para no interferir. Tendrá otro momento. Marta Sanz sabe poner nombre a los múltiples pliegues y recovecos de lo meramente corporal y a lo específico del sexo, y yo necesito separarme del cuerpo doliente de mi santa y tomar este mío como único referente. En el cuerpo de mi madre todo retrocede y se sostiene en un equilibrio artificial. En el mío, los retrocesos están para ser escuchados, brújulas de mi biología que me invitan a leer como en un palimpsesto: lo heredado y asumido sin más, como creencias cristalizadas cual verdades que, rebelde como soy, pretendo cuestionar.

Clavícula, en septiembre. Espero que me encuentre lo bastante alejada.



Lo bueno

Entre tanto, agosto rueda y se despliega en pequeños actos, instantes robados a las obligaciones: una mano que se detiene unos instantes de más en mi brazo, un abrazo ‒¡qué abrazos algunos!‒, una conversación inesperada en mitad de una calle desierta, los juegos y caricias con mis gatas. No es sensiblería, sino complicidad, contacto.

Están las miradas. Una que termina con una sonrisa agradecida, con un poco más de cercanía.




Y el paisaje. Vivo con más intensidad cuando me adentro en el verde, en los caminos de tierra, en el olor de la pinocha, en la onda invisible que se desata cuando piso las hojas que arman el manto vegetal; incluso en agosto, que para algo es el norte.


Lecturas meditativas-Marian Ruiz


Me gusta contarlo. Me gusta contar todo esto. Pocas veces discrimino a quién. Quizá el otro no lo sienta igual, pero qué me importa. Nada me cuesta tomar la iniciativa y contar y abrazar y tender pequeños puentes. Por qué no llamarlo «contacto espiritual». Creo que es el modo de fortalecer redes horizontales, tan fundamentales. Sin ellas es difícil alcanzar la serenidad.  



Lo pendiente

Aspiro al silencio. Y son silentes las lecturas con reflexiones sobre el arte de envejecer, que es una cosa que a cualquier joven le espanta y que a mí, que empiezo a manejarme con menos prejuicios, me atrae. Ese momento en que “el Nilo que llega a El Cairo”, como lo describió Schopenhauer en sus meditaciones sobre esta experiencia.


Salvador Pániker-lecturas meditativas-Marian Ruiz


Aspiro a los Cuadernos de la vejez, de Aurelio Arteta, para darle la frescura y la naturalidad que tiene el curso de esta corriente que llamamos vida, y al Sosiego, el arte de envejecer, de Wilhelm Schmid. Leeré también a Adiós a casi todo, la última entrega de los diarios de Salvador Pániker que me ha dejado una amiga. Está su intimidad y su pensamiento filosófico del que extraigo este párrafo:

«Soy un hombre de setenta y nueve años con mucha artrosis de cadera; un hombre que apenas sale de noche, y las pocas veces que lo hace tiene que recogerse pronto. ¿Triste? Pues qué quieren que les diga, todo depende del contexto mental en el que uno se inscriba, y uno escoge sus contextos mentales igual que escoge el traje que se va a poner».

Lecturas todas ellas que constituyen una suerte de remedios espirituales para mí. Es difícil que uno de estos me decepcione.

Lecturas meditativas-Marian Ruiz

No tengo todavía Lo que no está escrito en mis libros, de Viktor L. Frankl, uno de mis autores de cabecera y cuya vida y obra no puede dejar indiferente a nadie. 

Tampoco tengo aún Imágenes y palabras, de Emilio Lledó, que lo miro como miraba en un anteayer metafórico los juguetes de los escaparates. Suena a filosofía que baja del Olimpo, quién sabe si para restituir a la palabra la magia primordial, como decía Borges.


Y cada vez menos pendiente

Confiar en que lo mejor siempre viene de camino y que descubriré el modo de hacerme la encontradiza con ello. Igual que vendrán otros agostos en los que me resarciré de lo que en este no pudo ser.


Marian Ruiz

4 comentarios:

  1. Habrá que leer esas reseñas cuando las publiques :) (Y no, esos errores no te mortifican solo a ti)
    Preciosas fotos. Ánimo que aún queda mes, disfrútalo aunque venga otro mejor.

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    1. Vendrán las reseñas y vendrá el otoño, Luna-Uxue, y seguiremos festejando los aciertos y lamentando los errores; más los propios, claro.
      Gracias por tu visita y tu comentario. ¡Abrazote!

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  2. ¡¡ pero ¿cuándo vas a leer todo eso? !!
    En cualquier caso, algunos títulos son sugerentes, igual me adelanto a alguna de tus reseñas :-)

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    1. Estoy leyendo "Adiós a casi todo" de Pániker, que me encanta. Leí también los tres primeros, aunque solo he hecho reseña de "Todas son buenas chicas" (y que la puedes ver en una de las publicaciones más recientes). El de "Clavícula" lo tuve que dejar; tendrá otro momento. Lo cambié por "Un cadáver muy frío", que me gustó mucho y que también tiene su reseña. Los de Emilio Lledó y Viktor L. Frankl aún no los tengo (ojalá cayeran como maná...).

      Si te adelantas con alguno, ya sabes. ;) (Y gracias por pasarte, amiga mía). Un abrazo.

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