sábado, 19 de agosto de 2017

Decía Joyce Mansour: "Olvídame Dios y que yo me acuerde".

Decía Mansour: "Olvídame Dios y que yo me acuerde"

Y el dolor no tiene prisa en marcharse.

Estos días en los que nos planteamos el porqué de las religiones y los porqués de tanto sufrimiento. Días llenos de adjetivos y de atemporalidad. De sacudida y de gritos. De abismos. De laberintos sin hilos que nos guíen hacia alguna posible salida. Hacia aquel que a veces nos habla y a quien nadie escucha más allá de los propios albedríos. Nunca libres.

miércoles, 16 de agosto de 2017

Lecturas y otras cosas de agosto


Aurelio Arteta-Emilio Lledó-Salvador Pániker-lecturas meditativas-Marian Ruiz



Lo prometido

Agosto es un mes corto que parece largo cuando pienso en él. Me hago propósito de muchas horas de lectura, de caminatas, de veladas con amigos, tiempos de dolce far niente que dicen los italianos y que suena hasta más relajante y todo.

Mediado el mes, caigo en la cuenta del tiempo pasado entre lecturas prescindibles, de los encuentros con amigos reloj en mano ‒como si a cada momento hubiéramos de decir algo importante porque se va, se va‒ y de las negociaciones severas con el resto de planes. Me entra el canguelo de que todo acabe recluido en el rincón de lo fantástico, vuelto contra la pared, contando las hojitas del papel pintado.

Así que me pongo firmes y abro el cajón de lo propuesto. He leído Todas son buenas chicas, de Néstor Belda, primera promesa para empezar el mes. Tendrá su oportuna reseña, que vale la pena pararse y tomarle el pulso.

He leído también Calle mayor, de Virginia Gil Rodríguez, un cuento esperanzado para decir que vale la pena creer en todo aquello que amplía posibilidades. Ángeles y magia para mirar más allá de una realidad mocha. Añadiré que cosecha éxitos en Amazon, a pesar de algunos errores en la edición (de esos que me mortifican solo a mí).


Néstor Belda-Virginia Gil Rodríguez- Marta Sanz- Marian Ruiz


A Clavícula, de Marta Sanz, apenas he podido hincarle el diente. Lo poco me ha llevado de vuelta a los sinsabores del cuerpo y… están demasiado presentes los de mi madre como para no interferir. Tendrá otro momento. Marta Sanz sabe poner nombre a los múltiples pliegues y recovecos de lo meramente corporal y a lo específico del sexo, y yo necesito separarme del cuerpo doliente de mi santa y tomar este mío como único referente. En el cuerpo de mi madre todo retrocede y se sostiene en un equilibrio artificial. En el mío, los retrocesos están para ser escuchados, brújulas de mi biología que me invitan a leer como en un palimpsesto: lo heredado y asumido sin más, como creencias cristalizadas cual verdades que, rebelde como soy, pretendo cuestionar.

Clavícula, en septiembre. Espero que me encuentre lo bastante alejada.



Lo bueno

Entre tanto, agosto rueda y se despliega en pequeños actos, instantes robados a las obligaciones: una mano que se detiene unos instantes de más en mi brazo, un abrazo ‒¡qué abrazos algunos!‒, una conversación inesperada en mitad de una calle desierta, los juegos y caricias con mis gatas. No es sensiblería, sino complicidad, contacto.

Están las miradas. Una que termina con una sonrisa agradecida, con un poco más de cercanía.




Y el paisaje. Vivo con más intensidad cuando me adentro en el verde, en los caminos de tierra, en el olor de la pinocha, en la onda invisible que se desata cuando piso las hojas que arman el manto vegetal; incluso en agosto, que para algo es el norte.


Lecturas meditativas-Marian Ruiz


Me gusta contarlo. Me gusta contar todo esto. Pocas veces discrimino a quién. Quizá el otro no lo sienta igual, pero qué me importa. Nada me cuesta tomar la iniciativa y contar y abrazar y tender pequeños puentes. Por qué no llamarlo «contacto espiritual». Creo que es el modo de fortalecer redes horizontales, tan fundamentales. Sin ellas es difícil alcanzar la serenidad.  



Lo pendiente

Aspiro al silencio. Y son silentes las lecturas con reflexiones sobre el arte de envejecer, que es una cosa que a cualquier joven le espanta y que a mí, que empiezo a manejarme con menos prejuicios, me atrae. Ese momento en que “el Nilo que llega a El Cairo”, como lo describió Schopenhauer en sus meditaciones sobre esta experiencia.


Salvador Pániker-lecturas meditativas-Marian Ruiz


Aspiro a los Cuadernos de la vejez, de Aurelio Arteta, para darle la frescura y la naturalidad que tiene el curso de esta corriente que llamamos vida, y al Sosiego, el arte de envejecer, de Wilhelm Schmid. Leeré también a Adiós a casi todo, la última entrega de los diarios de Salvador Pániker que me ha dejado una amiga. Está su intimidad y su pensamiento filosófico del que extraigo este párrafo:

«Soy un hombre de setenta y nueve años con mucha artrosis de cadera; un hombre que apenas sale de noche, y las pocas veces que lo hace tiene que recogerse pronto. ¿Triste? Pues qué quieren que les diga, todo depende del contexto mental en el que uno se inscriba, y uno escoge sus contextos mentales igual que escoge el traje que se va a poner».

Lecturas todas ellas que constituyen una suerte de remedios espirituales para mí. Es difícil que uno de estos me decepcione.

Lecturas meditativas-Marian Ruiz

No tengo todavía Lo que no está escrito en mis libros, de Viktor L. Frankl, uno de mis autores de cabecera y cuya vida y obra no puede dejar indiferente a nadie. 

Tampoco tengo aún Imágenes y palabras, de Emilio Lledó, que lo miro como miraba en un anteayer metafórico los juguetes de los escaparates. Suena a filosofía que baja del Olimpo, quién sabe si para restituir a la palabra la magia primordial, como decía Borges.


Y cada vez menos pendiente

Confiar en que lo mejor siempre viene de camino y que descubriré el modo de hacerme la encontradiza con ello. Igual que vendrán otros agostos en los que me resarciré de lo que en este no pudo ser.


Marian Ruiz

sábado, 12 de agosto de 2017

Metatítulo

Metatítulo - Frontera Esdrújula - metacreación - microcreación - relatos


Los títulos de los libros, la portada, el autor. Es en lo primero en lo que nos fijamos. O lo primero que buscamos con los ojos, si sabemos a priori de la existencia de una obra determinada. En soporte de papel, claro está. Y por supuesto si somos videntes. En el caso de la edición digital, ya no buscamos tanto la portada como el autor o el título.

¿Y qué pasa con los relatos? Las plataformas digitales ofrecen la posibilidad de publicar (que no siempre editar) obras de tamaño menor, algo poco frecuente de ser encontrado en las librerías físicas. En cambio, los libros de poesía, por muy cortos que sean, siempre se prefieren en papel, pues la poesía tiene un futuro diferente. La poesía la solemos buscar por autor y en estanterías o en sitios donde se recita.

miércoles, 9 de agosto de 2017

Un caos sensible



Metáfora urbana-prosa poética-Xabier Iriondo-Marian Ruiz
Claustro de la Colegiata de Roncesvalles.
Fotografía de Xabier Iriondo.

Agua.

Un arco delicado y condescendiente, una proeza inesperada, relieves cristalinos, armónicos y desiguales. 

Otro arco al fondo, sobria y potente estructura a la que parece hacerle guiños. 

Pero ¿quién juega a emular a quién? ¿Es el arco poderoso que quisiera ser grácil y transparente o es este que anhela la firmeza y reciedumbre de aquel?

Puede que el respingo sea un acto de contentura espontánea o que una mano juguetona lo indujera a brincar. El brinco del otro no fue fruto de la espontaneidad. Eso lo sabemos. 

Agua en movimiento capturada por voluntad estética. Mi mirada atrapada en ella. Agua consentidora que, de suyo, solo toma las formas de los recipientes que la contienen.
Menos hoy, agua saltarina y fugaz.

Fugaz el tiempo en que éramos niños y transparentes y el mundo, una sana invención. Tiempo en el que hacíamos piruetas y guiños. Andando los años, lo fuimos volviendo todo cada vez más real y menos sugerente.

Y yo me fui haciendo más inestable, como el agua, salvo en la imagen que alguna instantánea ocasional capta de mí. Inestable y curiosa yo, que la miro desplegada en su anécdota y me extraño.

Deduzco la fuente y el tiempo quieto.

Y el silencio, que me asalta con repique de gotas arracimadas.

También tenía otra edad y todos los errores aún por cometer; sin embargo, de nada sirve que lo cuente. Cada quien ha de cometer los suyos. No sé si hay un tiempo en que ya no sea posible cometerlos más.

Un agua sin prejuicios, despierta, como también soy cada vez más y como tampoco lo puedo contar. La niña que llevo conmigo ya me creía mayor cuando teníamos quince y hoy, que estamos a pocos pasos de los sesenta (tengo a la edad como un mito más, una invención de quienes se angustian por envejecer), a la niña, decía, no puedo convencerla de que albergo sueños y afectos más locos que entonces. Y menos prejuicios, que sigo sin renunciar a la belleza, a la justicia y a la verdad.

Agua que salta y que en un suspiro se apaga. Todo sucede en un soplo. Esto y aquello.
Agua que no quiere ser tierra, sino solo entregarse y fertilizarla. Tampoco yo quiero dejar de ser esta carne y estos huesos por más promesas de redención futura que haya. Ha de existir un estado intermedio en que el ego brinque con gracia, vuelva fértil el conocimiento y lo mude en sabiduría.

Si me obligaran a tomar una decisión, todavía elegiría mañana para irme. Aún no estoy lista.

Pero, ¿qué digo? No es el caso del agua de la fuente hecha arco ni es el caso de mi vida, que también es un frame, un instante congelado; un holograma, dicen. 

Ni de mí depende irme o quedarme. Nada de qué preocuparse.

Solo necesito ceder a mi pretensión de saber de la vida más de lo que el pez sabe del agua o de las fuentes. Ceder y esperar que una mano ajena me saque de esta agua que llamo realidad, o yo misma, en una forma que me debe ser propia aunque la desconozca.

Einstein aseguraba que nada es irreparable, que todo se transforma. Me anida la ligera sospecha de que el pez y yo padecemos una ridícula ignorancia. La serenidad y la gracia se pueden hallar renunciando a lo que nos ha parecido importante hasta llegar aquí.

Mientras, la única todopoderosa sigue siendo el agua.



Marian Ruiz

sábado, 5 de agosto de 2017

Un cadáver exquisito x2

Un cadáver exquisito x2 - Marieta Pancheva - blog

Porque son nuestras voces que, entrelazadas, forman un todo. Un todo que transcurre a su ritmo y tiene su propio guion, aunque nosotras no seamos conscientes. Y aquí están 37 primeras frases de las 101 entradas que escribimos en estos primeros doce meses de blog, sin retoques, sin más pretensiones, testimonio de que las palabras siempre están allí, fuera de nosotras, independientes, y solo tenemos que mantener los oídos bien abiertos, porque siempre nos susurran. Es un privilegio saber escucharlas y compartirlas con alguien que está tan loca como tú, o yo. O tú y yo, que somos nosotras.

Es nuestro cadáver exquisito a cuatro manos, semana tras semana. Un juego de palabras. Un ejemplo de que todo está escrito, pero no todo está dicho de todas las maneras posibles. Y todo esto en 567 palabras.

miércoles, 2 de agosto de 2017

Un año


aniversario literario-palabras literarias-síndrome de Dunning-Kruger-Marian Ruiz-Marieta Pancheva


Un año ya.

Un año de blog y de vida que ha pasado fuera y de sub-vida que ha pasado dentro. Una sub-vida que nos influye y que no sabemos dónde nos coloca, entre lo que vemos fuera y lo que nos afecta donde nadie puede mirar. 

Y justo para celebrar esta primera onomástica, te encuentras con el síndrome de Dunning-Kruger.

A lo mejor no es casual.