sábado, 15 de julio de 2017

Las lecturas no recomendadas del verano

Las lecturas no recomendadas del verano


Hay  cuatro tipos de lecturas: recomendadas, pendientes, obligatorias, comprometidas y de verano.

Bueno, son cinco.

Las recomendadas son aquellas cuyos títulos anota nuestra mano guiada por la voz de alguien que nos importa, en el sentido que sea. Todos los blogs que seguimos, todos los programas de radio que escuchamos, hasta la televisión, en el caso de que la veamos, nos hablan de libros para el verano.

En épocas navideñas se recomiendan como el regalo perfecto. Son las lecturas que se vuelven pendientes, obligatorias en el caso de que vengan de parte de un novio o una novia, lecturas comprometidas.

En navidades se regala. En verano se lee. Y la primavera sirve de puente, de reflexión, de catalogación, pues no suelen coincidir las lecturas de las diferentes estaciones. Porque sí, las lecturas también se dividen en estaciones, según la intensidad del calor y de las necesidades atmosféricas y corporales que conllevan. Nadie recomienda para el verano Fahrenheit 451, por razones obvias. Pero tampoco ocurre con las Crónicas marcianas y su Verano del cohete.

Es un transcurrir lento y pálido, con aroma a siesta para los que se quedan. Conchas, brisas y gaviotas para los más afortunados. Y solo se recomiendan libros para aquellos que se van. Para los que vuelven paréntesis sus días. Para los que se quedan las lecturas son diferentes. Las estrellas fugaces y los eclipses de luna, también. Las noches son más largas en nuestro afán de sudar como pollos, que tampoco, pues los pollos no sudan. Pero sudamos. El ventilador no ventila. Todo tiene sabor a helado amarillo derretido, pegajoso. A helado, gazpacho o tinto de verano.

Las palabras se repiten, todo se repite: verano, lecturas, recomendaciones. No hay sinónimos para los estados exactos del estío. Todo se vuelve tedioso para los que se quedan.

Y está el amor de verano. Para los que se van. Para los que se quedan no hay amor de verano. A no ser que venga alguien y nos convierta en su amor de verano. Ir y venir. En fin: el amor de verano es aquel que acaba cuando volvemos a nuestra aburrida vida del resto de las estaciones.

Dicho todo esto, ¿cómo se recomienda un libro para el verano? ¿Qué características debe tener? Probablemente tenga que hablar del amor. Otra vez. Porque tendemos a creer que el verano es para disfrutarlo. Por esta razón, nadie suele meterse entre pecho y espalda raciones de dramatismo a palo seco. Estas se guardan para las frías noches de invierno.

El amor de verano exige otras lecturas. Pero tampoco se suele recomendar poesía y solo así el amor de verano puede que se quede en otoño y deje de repetir la palabra verano.


Marieta Pancheva


* imagen: pixabay.com

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