sábado, 22 de julio de 2017

Iras y venidas

Iras y venidas - Marieta Pancheva - iros - gramática

Irrumpen irrebatibles e irrefrenables los espasmos de este gran cerebro que decide por nosotros.

El cerebro de la sociedad aprieta, mastica y a veces devuelve apenas digerido aquello que le concedemos de manera irreemplazable e irrepetible. Como un gran espasmo mioclónico que envía impulsos, en ocasiones irrazonables, a todas las extremidades del cuerpo que somos, a la espera de que dichas extremidades reaccionen. Porque si no lo hacen, si no se sacuden, si no devuelven el impulso recibido, el músculo central interpreta la falta de actividad como apatía, como desinterés, como muerte, y deja de emitir, se relaja, se ralentiza y expira en un lento suspiro agonizante, nada oíble para los idos, para los que escapan sin siquiera plantearse idas y venidas, sin saber que tienen la opción de influir en el que manda. Porque sin cuerpo la soledad del cerebro irónicamente queda irresoluble.

El juego es simple: emitir impulsos para ver si las partes que forman el todo siguen sintiendo.

Y hay partes que no reaccionan, pues lo mismo les da una tracción que otra. A fin de cuentas, con tal de que los demás entiendan de qué va el asunto, qué más da llamarlo de una u otra manera. Con que se entienda, aunque suene mal, suficiente. Estas partes que no reaccionan son las que permiten que el cerebro actúe a sus anchas. Como cuando en algunas ocasiones se planteaba amputar algunos miembros irrelevantes de la sociedad por no existir en otros cuerpos de otras sociedades, o simplemente porque ocupaban el lugar decimoquinto del alfabeto necesario para dirigir el discurso. La decimoquinta parte del alfabeto que somos se quedó. Otras no tuvieron tanta suerte.

Espasmo mioclónico. Sobresalto y sudoración colectiva irrefrenable. Sensación de caída libre al abismo de la inconsciencia. Al abismo donde da lo mismo irse o quedarse. Somnolientos, a veces en un estado de vigilia escasa, seguimos corrigiéndonos porque aún nos importa la belleza de la anatomía de la que formamos parte. 


Marieta Pancheva

No hay comentarios:

Publicar un comentario