sábado, 24 de junio de 2017

La espuma de las olas


El último viaje - microcreación - Marieta Pancheva - mar -.libros


Le gustaba llevarme la mochila cargada de palabras. Sabía que sin los libros la espuma de las olas sería invisible. 

Nos gustaba ir al mismo pueblo año tras año.

Me gustaba sentarme a su lado y sumergirme en las páginas que la brisa de la mañana cubría de sal y de arena, de sombras de gaviotas y de una sensación de plenitud única.

El mar era sinónimo de silencio y de lecturas, de horas de un reloj de arena sin tiempo. Horas cuando aún dormía el pueblo o cuando ya no quedaba nadie.

Meses antes del viaje, él ya me tenía preparados los libros que le había pedido. Era el único momento en el que leía en mi lengua materna. Un momento mágico si se combinaba con su compañía y con el mar. Solía leer lo que no leo aquí donde está mi vida fuera de las vacaciones. Y él se encargaba de buscarlos y dejármelos apilados en la habitación que me vio crecer.

Pocos de estos libros han viajado conmigo a España. Me gustaba la idea de tener dos bibliotecas, dos tiempos paralelos que convivían a la perfección hasta hace cuatro años.

Pero me traje el último libro que me regaló, sin saber que ya no iba a haber más viajes. Consiguió una edición especial, que a la hora de embarcar me dijeron que no podía ir en mi equipaje de mano por exceso de peso. Y como el dinero no pesa no hubo más inconvenientes aéreos.

También viajó con él en su último viaje el libro que yo le regalé y que no le dio tiempo a acabar. Lo único que viajó con él. Al igual que con mi abuela viajaron sus gafas, que la pobre tanto necesitó en vida.

No deposité yo el libro en su ataúd. Se lo pedí a mi madre, porque no quería volver a despedirme de él. Ya lo había hecho el 26 de junio, a las seis de la tarde, después de casi dos meses en el hospital.

Es una de las razones por las que no quiero leer hasta el final el libro que él me regaló. Una de las razones por las que el mar sigue dentro de mí y cada verano sale por mis ojos. Una de las razones por las que no hay olas sin espuma.

No son necesarios ni títulos de libros ni nombres de pueblos costeros. Todos los llevamos por dentro y cuando los compartimos es cuando realmente estamos bien. 


Marieta Pancheva

4 comentarios:

  1. No puedo contener las lagrimas. Sera el texto, seran mis propias despedidas, sera el recuerdo

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  2. Serán tus propias despedidas y el recuerdo.
    Gracias por tus palabras.

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  3. Compartir es aligerar.
    Reflexivo texto.

    Saludos

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    1. Gracias por compartir, Verónica.
      Un abrazo.

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