miércoles, 7 de junio de 2017

Curiosidad pasional


Lectura-Haruki Murakami-entusiasmo-Xabier Iriondo-catedral Alejandro Nevski-Marian Ruiz


Recogimiento, ardor, entrega… La fotografía la sacó Xabier Iriondo en el interior de la catedral de Alejandro Nevski, en Sofía, Bulgaria; un recinto oscuro y misterioso con vidrieras que se oponen a la insolencia de la luz. Nadie lo diría contemplándola por fuera, luminosa y brillante. Ese interior lo completan cientos de fieles entregados a sus oraciones e hileras de velas con sus llamitas ondeantes. Si algo hay envidiable en quienes se entregan así, sin fisuras, es su certeza de que existe un ente valiosísimo al que vale la pena confiarse.

Esa pasión devocional es la que me ha llevado a escoger la foto y a inspirar esto que sigue.

Dicen que los adultos, que para algo somos adultos, solemos asombrarnos tres o cuatro veces por semana… en el mejor de los casos. Una criatura, en cambio, se asombra hasta sesenta en un día. Un crío sano es un crío enamorado que vive en un mundo la mar de atractivo. El mundo es una golosina inmensa.

Tuve un compañero de inglés de 75 años que quizá no aprendió todo el inglés que quería y que de haberse enamorado de una nativa o nativo de, pongamos Idaho, en pocas semanas habría avanzado una barbaridad. Un año de academia nunca le hubiera cundido tanto.

A qué todo esto, te estás preguntando, mientras clavas en mi pupila azulilla...

Hay que enamorarse. O lo que es igual: hay que entusiasmarse. Con lo que sea. También con la lectura. No es igual hacerlo por prescripción que por curiosidad apasionada. Leer por curiosidad es un viaje del que no se vuelve, un fervor que podría decirse religioso.

(No se me escapa la aparente contradicción con un par de entradas en las que defendía lo perjudicial que es leer; tú sigue, que todo tiene su sentido).


Lectura-Haruki Murakami-entusiasmo-Xabier Iriondo-catedral Alejandro Nevski-Marian Ruiz
Otra sugerente fotografía de Xabier Iriondo.
No hay fieles a la vista, pero había, había...

Para hacer hueco a la pasión cuando no viene de serie, hay que dejarse de obligaciones e irse a un parque, a una playa o una montaña, sin nada que distraiga. A una iglesia incluso. Por supuesto, sin móvil. Oler, sentir, ser testigo de lo que va y viene por dentro mientras se sigue el pálpito de ese algo sutil que hay afuera. Como mucho, llevarse un cuaderno y un boli que permita registrar lo que viene a la mente y llegar a los resquicios de la propia alma. 

Hay cosas de ti a las que no tienes acceso mientras no las pones por escrito.

Es un modo económico de ver dónde te duele, qué te ronda la mente o qué te amarga la vida. Y de hacer migas con ello. Qué quieres, qué buscas. Qué te hace vibrar. Volver tu curiosidad hacia ti, volverte practicante de una religión (“acción y efecto de ligar fuertemente”) que va de ti, te rodea y regresa a ti. La motivación nace de entusiasmarse y enthousiasmós, en griego, es “rapto divino”, “vivir inmerso en Dios”, quedar atrapado por algo que se percibe más grande que uno.

Me pongo metafísica. Me atrevo a decir que si te resulta extraño es que lo has probado poco (el entusiasmo).

Haruki Murakami, en De qué hablo cuando hablo de escribir, dice: “Un escritor está acabado cuando engorda”. Si uno se abandona, el desastre acecha. Y también: “Si no quieres acabar en un manicomio, abre tu corazón y abandónate al curso natural de la vida”. 

Y digo yo: estás acabado como lector si (metafóricamente) engordas, si pierdes el entusiasmo, si te dejas des-apasionar, si no te entregas al curso natural de la vida... que implica no resistirse. Damos vueltas a cómo construir una sociedad mejor cuando tenemos la fórmula delante de los ojos: una sociedad mejor es una sociedad entusiasmada, que empieza por abandonar la queja de “esa abrumadora capa de dolor que cubre el mundo”, como tan poéticamente decía Salvador Pániker, y continúa por arreglar lo propio.

Porque otra cosa no, pero lo propio se puede arreglar.


Lectura-Haruki Murakami-entusiasmo-Xabier Iriondo-catedral Alejandro Nevski-Marian Ruiz
Otra más de Xabier Iriondo con lo más luminoso de la catedral

¿Lo propio? 
¿Cómo?, me preguntas mientras clavas en mi pupila tu pupila azabache...

Yo a mí misma. Tú a ti mismo. Con muchos “cada uno” de cuidados, pasión y ganas tremendas de descongelarse. La clave está en poner en marcha procesos nuevos que nos sacudan y nos libren del hielo.

¿Dónde te dolía mientras tu mirada se perdía en el agua, en el verde o en las vidrieras, cuaderno en ristre? Es el punto de partida. Detectar qué necesitas para resolver tu desasosiego, tu curiosidad, duda, pesar o aburrimiento. Hay cientos de libros para cada estado de ánimo y dar con uno de ellos te proporciona algo muy parecido a la alegría de encontrarte con un igual. Porque eso que te sorprende tiene mucho que ver contigo.

Pero se puede enseñar a leer y no se puede enseñar a permanecer en la lectura como no se puede enseñar a vivir.  Al final, esto va de vivir. Con alegría, con optimismo, con un discreto entusiasmo por algo. Lo otro se llama languidecer. Los libros  te ayudan a comprender y comprenderte y a embellecer el mundo.

Claro está que tampoco se puede obligar a nadie a que contribuya activamente a mejorarse a sí mismo o a hacer este tinglado más bonito, menos aún a encontrar en la lectura cauces para salir de atolladeros; pero resulta que nada es comparable a cerrar un libro y sentir que algo de ese libro se te ha trasfundido.

Personalmente, estoy convencida de que el mundo no está peor gracias a gente con imaginación y ganas de adentrarse en los entresijos de lo humano, de superar trabas, de reflexionar, afinarse y afinar criterio. Gente que sabe cómo recobrar el sosiego con independencia de los vaivenes de la vida ordinaria. 


Lectura-Haruki Murakami-entusiasmo-catedral Alejandro Nevski-Marian Ruiz
No, esta no es de Xabier Iriondo, pero bien podría...

Suele ser gente leída que hace suyo lo que lee, que copia a creyentes y practicantes, que enciende sus propias velas y le pone fe al instante de adentrarse en las páginas de un libro. Gente entusiasmada.

Pero tú, si definitivamente no quieres leer, repasa este artículo y este otro. No volverás a destinar un tiempo que hubiera estado mejor empleado en enviar chistes por whatsapp o en asaltar Facebook para ver las últimas monerías de tus colegas. (Como ves, tenemos recetas para todo).

De verdad: no leas. Puedes terminar cavando tu propia tumba. Te puede gustar y entonces… ¡estás perdido!

Porque vale, sí, Louis Pasteur dijo aquello de que “la fortuna favorece a la mente preparada”, pero tener una mente preparada es cosa tuya. Entusiasmarte o no es cosa tuya. Poner velas a este santo o a otro, también. 


(En los artículos que menciono confesé que aquí estábamos echadas a perder, así que si terminas encomendándote al beato de la lectura, entre tus pupilas y las nuestras va a acabar pasando algo porque vamos a tener mucho de qué hablar, no solo de libros, sino de tantos y tantos temas que se tratan en ellos; y, ya sabes, todo empieza con una conversación…). 


Marian Ruiz

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