miércoles, 17 de mayo de 2017

Reseñar libros que no me han gustado



Reseñas de libros-informes de lectura-lector editorial-Ana Bustelo-Alberto Olmos-Marian Ruiz


En un artículo reciente, se lamentaba Ana Bustelo de no haber cobrado un informe de lectura por confesar a quien se lo solicitó que lo suyo necesitaba más hervores. Ana, en su descargo, se rodeaba de todo tipo de precauciones (“no soy infalible”, “no hago informes como churros”, “quizá no haya entendido este texto”) para dejar claro que cabían otras apreciaciones, así de prudente es; aunque veinticinco años de bregar entre textos alguna credibilidad le merecen, digo yo.

Y merece, por descontado, la contraprestación justa por un trabajo de encargo. Si la parte contratante pretendía una loa, tenía que haberlo dejado claro al principio. Se hubieran ahorrado, tiempo, tinta y bilis. Porque un informe de lectura es otra cosa. Y eso que, al decir de Ana, el manuscrito tenía condiciones. Una pena.




Reseñas de libros-informes de lectura-lector editorial-Ana Bustelo-Alberto Olmos-Marian Ruiz



Libros que me han gustado solo en parte

Yo, que no soy crítica sino de mesa de café, barra de bar o sobremesa de navidad, no me atrevo ni a expresar por escrito el título de uno de los últimos que he leído. Me han gustado ciertos elementos muy necesarios para el interés de la historia y para el género al que pertenece, pero otros no porque ralentizan la acción, clave precisamente de ese género. Además incurre en dequeísmo y en ciertos defectos del habla coloquial (de cierta habla coloquial) que no voy a especificar.

En definitiva: me ha gustado en un cincuenta por ciento y me ha fastidiado mucho en otro cincuenta. La sensación es de que ha faltado un corrector atento; una opinión que ni siquiera cuenta con el respaldo de veinticinco años de ejercicio y que bien podría obviarla el autor al que me refiero (y sé que lo haría), pero se abriría una brecha entre nosotros. Y para qué. 

Echo de menos un poco más de humor particular y colectivo, un poco más de tomarnos menos en serio a nosotros mismos, de ser más humildes, de poner a raya los egos. De no tener que verme yo en semejante brete, por ejemplo. Me pregunto si lo hemos tenido y, si hemos sido transparentes y desapegados, cuándo lo hemos perdido. 


Reseñas de libros-informes de lectura-lector editorial-Ana Bustelo-Alberto Olmos-Marian Ruiz

Fíjate que he leído libros con erratas, con muchísimas erratas incluso, y en dos ocasiones me he tomado la molestia de escribir a la editorial de turno con las especificaciones porque pensé que valdría la pena para ediciones futuras. Nunca obtuve respuesta. Y tengo en mi poder un par de libros con contenidos muy aprovechables e igualmente plagados de fallos. Pero ahí no me he mojado. Conozco el percal. Trayectorias brillantes parece que fueran garantía de excelencia en cualesquiera otras áreas, por mediocres que estas sean. Y si se lo haces notar, se justifican. 

Hasta tal punto llegan a envanecerse algunos triunfadores.


Agentes del amor versus agentes del escarnio

Casi a la par que el de Ana, leo un artículo de Alberto Olmos en el que dice, hablando del crítico literario, “que se pasa la vida leyendo cosas que otros han escrito y publicado […]. Luego escribe lo que le ha parecido. En general, le ha parecido bien. El crítico literario es un agente del amor”.

Lo llaman crítico pero podían llamarlo “adulón literario” o “celestino”, dice, luego podemos deducir que el crítico literario es un conductor del gato-libro hasta el agua-lector, con independencia del pedigrí del gato-categoría del libro.

El lector editorial no lo tiene tan fácil, porque a diferencia del crítico vive más cerca de la polémica. Los escritores, frágiles como son y refractarios a la crítica-crítica, se le enemistan si en su informe vierte comentarios tibios o elogios que no pasan de moderados. Los egos literarios tienden a ser así. 


Reseñas de libros-informes de lectura-lector editorial-Ana Bustelo-Alberto Olmos-Marian Ruiz


Y resulta que en absoluto significa que el autor no haya escrito antes obras que merezcan auténticos panegíricos, pero haz un informe o una reseña con restas y le parecerá que te cargas toda la producción. Lo tomará como una metonimia radical (esa parte en cuestión por ese todo suyo) y el osado quedará a merced de sus iras o su desprecio, de los que el crítico está exento.

Solo en ocasiones un crítico se moja. Si, como defiende Olmos, “el crítico es un agente del amor y escribe siempre para contentar a alguien”, ¿hay que pensar que su objetivo es “dañar, ofender o amargar” a su autor cuando se moja? ¡En absoluto! Cuando esto sucede, tal vez de siglo en siglo, el discurso se vuelve críptico, cerrado, en clave, un discurso de altura. Un enigma que solo alguien muy versado podría descifrar. 

Tanto es así que para el autor sigue sonando a elogio.


Opiniones fundadas

El lector editorial, por el contrario, está condenado de antemano. Si alguien se enemista con Ana Bustelo aun cuando su informe no rebasará el ámbito privado, imagina el cisma no ya con esa crítica-inocente-fuera-de-sospecha, sino con una triste reseña-interesada-y-malévola-que-no- pretende-salvo-el-escarnio-público-de-un-determinado-autor.

Y es que la envidia es muy mala. 

Ni una reseña ni un informe ni una nada es palabra de Dios, aunque se fundamenten. Pasó con Katherine Neville y El ocho, con John Kennedy Toole y La conjura de los necios, con el Ulises de Joyce o el Harry Potter de J. K. Rowling, superventas todos ellos que cosecharon no pocos rechazos previos. Con En busca del tiempo perdido, del fecundo Proust, que tan infumable se juzgó en sus primeras tentativas de ser publicado.

Nada pudo contra su destino inmortal.  

A veces ni siquiera se trata del autor, sino de la editorial que busca el rédito fácil por la vía del rebufo de un éxito anterior y no corrige, no sugiere, no se moja. En términos editoriales se habla de títulos, de productos, de ventas. No de libros. Quizás ahí se esconde cierta clave, aunque tampoco quiero ser absolutista, que hay editores impecables que se toman lo suyo con pasión de orfebre y editan cosas maravillosas. 

Sin embargo, también las editoriales quedan exentas de las iras de los autores.


Reseñas de libros-informes de lectura-lector editorial-Ana Bustelo-Alberto Olmos-Marian Ruiz



Nos hemos vuelto delicados

No hemos sido niños mimados a los que les llevaban las mochilas y los consolaban antes de que se metieran con ellos. Nadie amparó nuestras caídas. Volvíamos a casa con las rodillas hechas polvo y no había adulto que se metiera a decir que las cosas podían ser de otra manera. 

¿Entonces...?

¿Por qué un informe literario o una reseña pueden llegar a ofender y a generar encono? Personalmente no tengo interés alguno en perjudicar a nadie, sino solo en hablar de lo que me gusta y me disgusta… sin hacer ciencia, por el puro placer de argumentar. 

Nada de linchamientos. Argumentar. ¿No es algo en lo que necesitamos entrenamiento? Además, un experto del género diría mucho más y con mucho más tino que yo y, sin embargo... Un experto, no un crítico, que de estos ya hemos hablado. Mi pretensión es expresar lo que me ha parecido relacionando ideas o exponiendo mi lógica, pero que un acto así pueda parecer otra cosa, me mortifica. Mejor me abstengo. 

De haber nacido booktuber tendría muchos menos remilgos, pero para bien o para mal aquí estoy con mis aprensiones, sumándome a lo que decía Walter Scott: “El polvo no se mete con nadie si no se le hurga; dejadle descansar y veréis como no os molesta”.

Pues eso. 


Marian Ruiz


2 comentarios:

  1. Pues no sé yo ese mundo editorial, pero si te piden una reseña lo suyo es opinar tal cual te ha parecido.
    Ahora, leyendo esta entrada, no sabe una ni qué pensar de las críticas, siempre las imaginaba una interesadas, a favor y/o en contra pero dicho así tan claramente...

    ResponderEliminar
  2. Lo cierto es que defendemos la coherencia entre lo que pensamos, sentimos y decimos, cuando el mercado presiona para que no sea así y uno mismo, que trata de sacar la cabeza, se retiene por temor a que se la corten... Debe haber contextos en que las cosas sean de otra manera, pero no sé cuáles, querida Mª Ángeles. ¡Y gracias por tu comentario!

    ResponderEliminar