miércoles, 10 de mayo de 2017

Intersección de vida y poesía


Poesía-Chantal Maillard-envejecimiento-virtual-Marian Ruiz


Me exige integrar cosas, algunas de ellas en contra del discurrir de mi vida. Las formas que adopta mi amante parecen presuponer la pérdida de una íntima fantasía anclada en lo analógico, en lo que hasta hace bien poco era la vida real. 

Al principio solo se trataba de escribir; un deseo recurrente y viejo que se presentaba con la insistencia del “ahora o nunca”.

Lo siguiente fue dejar una profesión en horas críticas. No fue difícil. Los brazos de mi amante eran confortables y traían tentadoras promesas de escribir (¡por fin!) con legitimidad. 

Entre tanto, la vida empezaba a ponerse seria y a mí se me iba concretando otra preocupación de fondo: cómo ganarle la partida en esta nueva etapa mientras aprendía a envejecer con mi madre como referente.


Poesía-Chantal Maillard-envejecimiento-virtual-Marian Ruiz


Sucede que el proceso de envejecer es lento y a mí me permite concebir planes osados todavía. Aunque, insisto, no quiero olvidarme de nada. No quiero olvidar que este amante ha cambiado de lugar las arquitecturas de mi vida, sobre todo cuando se me impone un  escenario nuevo cada dos por tres para ayudarla a ella en su proceso de marchitarse.

¿Escoger entre atenderla y escribir? ¿Mi amante está loco?

Leo a Chantal Maillard en Matar a Platón. Aborda un hecho incuestionable y doloroso. Su voluntad es relatarlo sin subterfugios, sin formas perífrásticas o imágenes que le usurpen su crudeza para adentrarse así en el mismo centro del dolor…

para no mentir
para dejar de mentir con palabras abstractas
para poder decir tan solo lo que cuenta

Lo que cuenta en mi caso es mirar a la madre a los ojos, relacionarme con ella. Pero la pantalla (una de las formas que toma mi amante) me hipnotiza haciéndome creer que lo que sucede en su escaparate líquido es más verdad que lo que sucede afuera. Escribo decidida y rebelde, pero me atrapa. 

Mientras, el afuera espera.

No sé si Chantal Maillard consigue su propósito o lo consigue solo por momentos, “pero la herida no, la herida nos precede” dice. Sé de qué habla. Con independencia de que lo escriba o no, la herida nace de la distancia entre lo que me pasó, lo que he podido hacer con ello y la adulta que soy. 

De igual modo,
en el centro de la escena
estoy yo
ahora
en este instante.
Mi madre envejece
ante mí
cuando dice que hoy
solo verá misa en la tele.
Y yo soy una mujer
que quiere escribir
y tiene hormigas subiendo
por las paredes
de su esófago
cada vez que ella se planta
delante
con su respiración agitada
y su castañeteo de dientes.

Si afuera hace sol o no,
como comprenderás,
es irrelevante.


Mi amante insiste en que debo cumplir lo convenido: escribir mucho cada día; atender las redes sociales; leer de todo y de todos, clásicos y contemporáneos, ser selectiva y no; asistir a eventos literarios.

Nada dice de mirarnos a los ojos, de mirar a mi madre a los ojos o de tomarle la mano y convivir humanamente.

¿Qué hay de esto
que gobierna mi vida
AHORA?

Mi vida podría terminar justo en este momento.


Poesía-Chantal Maillard-envejecimiento-virtual-Marian Ruiz


Chantal Maillard pregunta:

¿Y qué hay del sentimiento?
¿Debería haberlo?
¿Es poesía el verso que descubre
fríamente aquello que acontece?
Pero ¿qué es lo que acontece?

Si no miro a sus ojos, no podré ayudar a que termine bien su vida; si no miro a los ojos de quienes tengo a mi lado, no podré tener yo misma nuevas experiencias.

Ver, además, cómo es esto de envejecer, cómo envejece ella y cómo envejezco yo. Verlo para entenderlo, para no sumarme a la idea ridícula de que es una enfermedad incurable abonada por quienes no se van a morir.

Muchas veces he imaginado la vejez como una etapa de contemplación y lecturas en la que desgranar sin urgencias preocupaciones que ya son de otros. En su precuela hay activismo, participación, protagonismo de la propia trayectoria vital; aún se puede construir, afirmar la propia identidad, cavilar acerca de lo que pasa y nos pasa en un tiempo en que la reflexión empieza a ser planta caduca.

En la secuela, en cambio, apenas queda aire. Ahí, de haber algo más, se llamaría arte, pero no siempre envejecemos con arte.


Poesía-Chantal Maillard-envejecimiento-virtual-Marian Ruiz


María Zambrano dejó dicho que “como centinelas, cada hombre ha de permanecer en vela. Porque todo cambio exige creación, novedad respecto de lo que estamos viviendo y la creación solo surge en la libertad y está estrechamente ligada al sentido de la responsabilidad. Este es el poder que vence al miedo”.

Hay que decir ¡basta! en cualquier momento, sobre todo, cuando una idea asoma poniendo en cuestión la propia estabilidad o cuando las exigencias del amante resquebrajan la seguridad del propio puerto.

Hoy que es uno de esos días en que la posibilidad de una vida más humana me invita a lo que acontece, me he puesto a teclear como si de no hacerlo amenazara un tornado o un incendio. Complacer al amante, complacer esa demanda loca de escribir. Después me he sentido como quien traiciona lo importante.

Entonces he regresado a Chantal Maillard…

Para que algo acontezca no basta un accidente,
no es suficiente un muerto,
ni dos, ni dos millones.
Un acontecimiento es un olor que espera
que alguien lo respire,
una herida que aguarda encarnarse,
el agua de un torrente
inundando los poros,
una mirada que cruza el aire
y encuentra a alguien que le hace señas
y en la seña, en ella, se reconoce.

Si me niego a verme en el otro corro un riesgo importante: inauguro un camino que acabará mirando con más intensidad lo que sucede con mi amante de cristal líquido que con el amor real, el paisaje tanto más hermoso cuanto más virtual; puede que cuando tenga frente a mí ese paisaje en un cuerpo a cuerpo verdadero ni siquiera me conmueva. 

Antídoto: abrazar esta violencia que siento. Sin fingimientos.

Mi madre envejece al tiempo que yo envejezco también. Si no acompaso mis horas, me lo perderé. Solo tengo que ahondar en el diminuto instante y sembrar ahí mi cuota de belleza.




Me mira
como se debe mirar
el último bastión
que protege,
consuela,
redime.

A mí
que fluctúo,
que de nada estoy segura
y tal vez mañana me desdiga
de lo que afirmo hoy.


Y sin embargo juego a ser la roca firme que necesita. Hoy su mirada ha cruzado el aire que media entre ambas. Haber entrado a fondo en la herida me lo permite, aunque la escritura que acompasa este momento la rodee, la esquive, la proyecte. Ojalá podía pudiera escribir para poder decir tan solo lo que cuenta.

En rigor, solo soy una adulta tratando de gobernar su vida mientras atiende a su madre. Y escribo, imitando a Maillard, para que el agua estancada pueda beberse. Para eso mismo, otras veces tengo que dejar de escribir. 

Hoy digo a mi amante ¡basta!, no te inquietes, que el afuera presiona y es así como se abre paso y construyo los textos y monto el escenario.

Marian Ruiz

2 comentarios:

  1. Regresando del día de las madres no podía arrancarme esa imagen de la mente. Todavía no dejo de ver a mi madre jorobada, organizando un mar de píldoras sobre la mesa. Unas son para los lunes, otras se tragan con el desayuno los martes y así, al parecer, para siempre. Levantarse y caminar son tareas cada vez mas difíciles. Parece que envejeció en solo meses. Su escrito me interseca. Gracias por compartirlo.

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  2. Lo más duro para ellas (y para ellos), saber que las esperanzas se van reduciendo más y más; y para nosotros que los vemos en la recta final, sostener nuestra impotencia. Creo que es importante que nos vean cómplices y serenos. Y no siempre es fácil, amigo mío.

    Gracias por tu visita y tus palabras.

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