miércoles, 31 de mayo de 2017

Eres un fantasma



Visibilidad online-Flaubert-Vargas Llosa-literatura-Marian Ruiz


Todo empieza queriendo sacar la cabeza, agitando brazos y gritando a los cuatro vientos: ¡¡hola, estamos aquí, tenemos cocos y bananas y unas vistas que te pasmas...!!

O lo que es igual: echamos cada semana un par de botellas al mar con pedacitos de jugosa fruta. Somos un par de “robinsonas”. Hasta ayer creíamos que la única incógnita por desvelar era si tú –sí, tú– verías alguna de estas botellas.

Pues resulta que nos acaban de comunicar desde donde nos proveen de sol que los únicos frutos que garantizan nuestra supervivencia prosperan sin él, que se crían por esporas o que existen solo en nuestro delirio. Es decir: que cómo es que aseguramos tener cocos y bananas y vistas espectaculares, si somos una ridícula sábana blanca sostenida en el aire.

En plata: que esta web de nuestras entretelas se ve pero no se ve como debería. Que entre Google y nuestro servidor hay algún puente roto.


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A la izquierda, Google; a la derecha, nuestro servidor. O viceversa.

Recurro a Oscar Wilde en busca de alivio. Oscar Wilde decía que en la antigüedad escribían los hombres de letras y los leía el público, y que hoy escribe el público y nadie lo lee, ergo podemos concluir que vamos siendo más quienes escribimos y a menor tajada-público por cabeza. Ni alivio ni media gracia tiene. Imagina que encima de tocarte una parte irrisoria, te enteras de que eres un holograma, que ya podía, que puestos a ser algo qué menos, pero ni siquiera ese consuelo nos dejan (lo del holograma se me ha ocurrido a mí para animarme). 

Tu página no existe. Es lo que sostiene nuestro servidor. Algo así. Lo dijeron cinco departamentos de ese presunto dispensador de sol ayer mismo, mientras contemplábamos con nuestros propios ojos nuestros propios cocos y bananas (léase foto-portada de nuestro blog).


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Nuestra isla, nuestro árbol, nuestra manera de vivir.

Así que vamos a tener que hacer una manifestación para convencerlos de que llevamos un año a razón de dos entradas semanales y de que no es producto de la imaginación de nadie. Cuando dicen que la literatura tiende puentes debe ser una metáfora dentro de una entelequia total y absoluta, porque no puede existir un puente sin un par de puntos de tierra firme donde colocar los implantes.

Y que eso lo diga el propio implantador… es una mala noticia.

Así que tú y yo, tú y nosotras, si le hacemos caso a tamaña absurdez, ni nos conocemos ni mantenemos el vértigo de llegar a hacerlo.

A ver cómo le convencemos de que Flaubert sostenía que escribir es una manera de vivir y de que nosotras vivimos ya así porque exploramos este territorio y avanzamos en él. Cómo convencemos a un ente que no cree en fuegos chisporroteantes en la cabeza ni en doma de palabras ni en que estas sean alimento de nada; menos aún cometeremos la osadía de hablar de ficción, porque argüirá que ficción somos nosotras, que ficción eres tú cuando descubra que nos lees y que metaficción es esto que se autodestruye a medida que crees leer.


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Es duro esto, ¿eh?

¿A alguien se le ocurre algo más demencial e imposible de concebir? ¿Y cómo rebatírselo si vive en un mundo paralelo en el que ni hay sensibilidad ni se la espera?

Tengo un disgusto enorme.

Hasta ayer creía, como cree el iluso de Vargas Llosa, que “la literatura es una representación falaz de la vida que, sin embargo, nos ayuda a entenderla mejor, a orientarnos por el laberinto en el que nacimos, transcurrimos y morimos. Ella nos desagravia de los reveses y frustraciones que nos inflige la vida verdadera y gracias a ella desciframos, al menos parcialmente, el jeroglífico que suele ser la existencia para la gran mayoría de los seres humanos, principalmente aquellos que alentamos más dudas que certezas, y confesamos nuestra perplejidad ante temas como la trascendencia, el destino individual y colectivo, el alma, el sentido o el sinsentido de la historia, el más acá y el más allá del conocimiento racional”.

Si no fuera porque vivimos en este territorio que conoce los juegos de la vida y sus reveses…


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Una de nuestras botellas de vuelta con un crudo mensaje.

Vargas Llosa no sabe de nuestro servidor. Nada de esto es posible sin un puente, aunque el suyo parece  –en este juego de espejos proveerle de alguna certeza, efímera, aunque durante un breve tiempo ayuda a mantener la ilusión. Mientras llega el rescate, está bien.

El nuestro, ni eso.

¿Qué literatura ni flores, amiga mía, aventurado lector? Esto es un combate. Si quienes te garantizan la supervivencia hacen afrentas así a sus mantenidos (a estas mantenidas que somos nosotras previo-paso-por-taquilla), esto es Sodoma y Gomorra, Abel contra Caín, el telescopio de Galileo contra la Santa Biblia de Belarmino, el mundo medieval contra la ciencia moderna, la caverna contra los rascacielos. El precio que pagamos por la cultura y la verdad.

Leo también, mientras mis sentidos perciben cierta revista como algo sólido y consistente, que pueden hackear unas elecciones y no como creemos, que ni siquiera hace falta ser hacker: un simple novato con ayuda de tutoriales puede hacerlo. “Lo que persiguen los ciberataques es sembrar el caos y para eso basta con arrojar dudas sobre los resultados”. La desconfianza es una mecha que prende más rápido que la pólvora; en este punto no sabemos si mandar a nuestro servidor a regar huertos virtuales o perdonarle la vida cinco minutos más.


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La botella, huérfana de lo suyo, mira con desconfianza la city.

Quiero librarme de la injerencia-influencia de intermediarios. No pararé hasta ver cómo se hace porque, a este paso, la física cuántica va a quedar obsoleta antes de que hayamos aprendido a pronunciarla, superada por metainexistencias que se contienen unas a otras como muñecas rusas.

Resulta que Google sabe qué me gusta, dónde compro, cuánto duermo, cuándo dejo de teclear para ocuparme de necesidades primarias… y mi servidor, que solo tiene que darle una IP (= dominio con letras en lugar de una farragosa secuencia numérica) para que la Gran Araña sepa dónde me hallo, me dice que el culpable es él, el otro puente, el arañón.

Lo veo cada vez más claro: esto es un combate de letras contra números.

Solo falta que mi compañera me diga que ha vuelto a ver Lost –que lo ha hecho–, que por consiguiente sabe que todos estamos atravesando el limbo de esta isla llamada vida, y que Vargas Llosa haga un escandaloso elogio de las letras si alguna vez le dan el Nobel de Literatura –que lo hizo.


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Y mientras, nosotras, a lo nuestro. ¿Qué otra cosa podemos...?

Marian Ruiz 

2 comentarios:

  1. No sé si reír por el sarcasmo de cada palabra o ponerme a llorar por lo que nos cuentan. Como seguidor y bloguero, la lucha contra el posicionamiento y el famoso Google se convierte en una espiral de nunca acabar, que te lleva directo al infierno. Espero que no ni ustedes ni nosotros nos encontremos en ningún limbo y que todo esto no sea más que una parodia de la vida.

    Saludos. Las quiero mucho

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    1. Oh, Piper… No podrán contigo como no podrán con nosotras porque hay algo que se llama real y que está fuera y está también aquí dentro, en esto íntimo que nos alienta. De eso, ni tu servidor ni el nuestro ni el propio arañón tienen noticia. No te preocupes: si al cabo resultara que no existes, te inventaremos.

      Ya solo el placer de que esta botella no se perdió y de tener tu reconocimiento, nos ayuda no solo a seguir escribiendo sino a vivir.

      Abrazos esdrújulos, compañero.

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