miércoles, 5 de abril de 2017

Una metáfora vino a verme


metáfora-poesía-Jaime Sabines-Manuel Vicent-Marian Ruiz


Llamó con los nudillos a la puerta, discreta, prudente. Venía ojerosa, con mal cuerpo, como quien sobrevive a una noche loca. La invité a pasar y le ofrecí un té. Sin más preámbulos, arrancó a hablar. Qué poco eficaz era su papel. Y lo soltó, como si no fuera a decir nada más. Para qué, dijo. Todo está claro a los ojos de quien mira.

Pero yo, claro, no la entendí. Dijo que tenía envidia de la poesía.
¡Envidia de la poesía! Pero si apenas hay distancia entre poemas y metáforas, le dije, que a menudo bebéis de la misma fuente, una palabra en lugar de otra que se hace pariente. La poesía colecciona imágenes que tú le proporcionas…

La poesía tiene, replicó, imágenes mucho más poderosas: impresiones, sobresaltos, visiones, estremecimientos, disparos. Vive entre pompas de color. Nada de tibiezas, como provoco yo, nada de “ajá”, ni de “ya entiendo”. Citó a Jaime Sabines, puede que pensara que no me daría cuenta… y yo dejé que lo creyera:

“La poesía ocurre como un accidente, un atropello, un enamoramiento, un crimen; ocurre diariamente, a solas, cuando el corazón del hombre se pone a pensar en la vida”.

Jaime Sabines


metáfora-poesía-Jaime Sabines-Manuel Vicent-Marian Ruiz
¿De qué está hecha la poesía?, vamos a ver...

¿Pero de qué está hecha la poesía?, insistí. Si llevas una poeta en tus carnes…

Quizá ni soy la mejor para consolarte. Puedo juzgarme bajita por no rebasar el metro sesenta (y ya he debido perder algún centímetro) y por no haber podido optar, digamos, al puesto de azafata; o torpe por algo que me mortifica más: no tener la maestría de muchos compañeros de tecla. Lo reconozco: también a mí me muerde la envidia algunas veces. Quién no querría ser mucho mejor, más perspicaz, más ocurrente, más capaz.

A lo mejor es que somos buenas en otras cosas. Porque resulta que cada quien parece tener un papel asignado. A lo mejor solo hay que reconocerlo y… abrillantarlo.

Su mirada cambió. Suele ser agradecida esa vuelta de tuerca que hace cambiar la mirada.

Pero la cosa no iba a terminar ni así de fácil ni así de pronto. El propio Sabines decía que cada herida sobreviene no de una duda sino de una traición.

Entonces…

¿Quién pudo traicionarla sino alguien que la hubiera amado antes?

¿O fue una ficción y se creyó amada cuando era que no?

¿Qué deslealtad real o imaginada habría padecido, si todo el mundo se aferra a ella cuando quiere decir algo costoso? No tiene el mismo impacto decir “murió en la flor de la vida” que “murió joven”. Y no es poesía.

metáfora-poesía-Jaime Sabines-Manuel Vicent-Marian Ruiz
Un barco en dique seco: una metáfora de mi amiga metáfora
fuera de su lugar.

Puede que no haya sido más que un espejismo por no haberse sabido dar valor, porque espera que la validen desde fuera. Es fácil que se nos filtren ideas acerca de nosotros mismos que no nos satisfacen, sobre todo si las ponemos en la balanza de comparar: desvariamos y magnificamos aspectos que vistos con la luz del día se revelan absurdos.
Cada quien tiene lo que tiene y todo se construye desde ahí.

Me miró inquisitiva, cuestionando cómo yo misma me valoraba. Tal vez el espejismo no era suyo sino mío. Puede que fuera yo la metáfora y ella mi dueña y me buscara para consolar su corazón… y para que yo consolara el mío. Sabía que sin ella no doy respingos y quería que le expresara mi aprecio. Como otros amores que no siempre manifiesto.

La realidad, sin ese vuelo al que me aúpas, amiga mía, me deja fría. Contigo todo se vuelve delicioso, divertido, distinto. No soy yo quien te ha elegido, metáfora. Eres tú quien me ha escogido a mí.

Como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio”.

Rayuela, Julio Cortázar

¡Hey, espera! ¿¡Estoy hablando con una metáfora!?

La felicidad de surcar a nado el cielo y de volar por el fondo del mar me da alas y aletas que no tengo por mí misma, luego, sí, eres tú la que me hace grande, metáfora, luego, ¿quién es más verdad que quién?


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Atrapada sin mis metáforas

Quitádmela y me vuelvo mucho más inestable porque no puedo soñar.

Ese día, lo confieso, tomé algunas decisiones que hoy mantengo:

Decidí dejar de compararme y centrarme en las tareas que considero esenciales; ser flexible y abierta; perseverar en el sentido que le doy a mi realidad y en algunas certezas internas –aunque siempre dispuesta a cambiarlas, a volver sobre mis pasos–; vivir con pocas distracciones.

Conste que no es fácil, que todos tenemos inercias y sin darnos cuenta caemos en ellas. Hace falta estar ojo avizor y dar golpes de timón cuando la marea arrastra. 

Para empezar, ambas hemos tenido que soltar ciertas expectativas de ser lo que no somos.
Insisto: ¿quién es más verdad que quién? Porque hay una cosa clara: mis pies, desde que te conocen, no han vuelto a tocar tierra.

La metáfora es metáfora y no puede ser poesía. La metáfora sirve a la poesía. Y yo soy lo que soy y no puedo ser algo distinto ni mostrar lo que no sé o no soy. Así que tras intensas conversaciones con algunos de mis libros que me soplan cosas a tener en cuenta, me reitero en lo dicho ahí arriba: reconozco mis valores, pero también lo exagerado de ciertas creencias, ideas que doy por válidas sin haberlas constatado. Me convoco a mí misma a abrirme e ir más allá de donde estoy sin perder el entusiasmo o, mejor aún, para animarlo con aires nuevos y dar más de sí (o sea, de mí).

Mejor pensar, metáfora querida, que si no nos incluimos con lo que somos, algo se queda incompleto o cojo o desmochado, un granito de menos en la arena de la playa. Déjame decirte que una playa atenta se percataría de nuestra falta (de la tuya, fijo).


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Engranaje-metáforas que ayudan a caminar

Te dedico estas palabras de Manuel Vicent referidas a su última novela, La regata:

“Es que es mi vida el mar. El mar es una escuela de moral. Navegar a vela consiste en aprender a ir contra el viento sintiéndote del viento. En la vida cotidiana sería superar las adversidades sirviéndote de ellas. Y es una escuela de moral porque baja la moral a los fatuos y a los humildes o a los tímidos a veces les da la oportunidad de ser héroes. Como en la vida. Eso es el trasfondo de la navegación”.

Esa es su metáfora y su lección. Y no es poesía, amiga mía.

Como tampoco lo es esto que sigue al párrafo de Sabines que tú me traías:

“Vista, sentida así, la poesía es una verdadera maldición –y, claro, por momentos, una verdadera bendición–. Solo quedamos tranquilos cuando deshuesamos el poema, cuando le rompemos el espinazo y, por supuesto, nunca lo logramos. Siempre continúan las malditas palabras tan fuertes, tan inamovibles, tan necesarias como el aire.

Esas palabras que evocan imágenes no son otra cosa que tú, metáfora amiga.

Solo se trata de sacarnos brillo. Como decía el eslogan de las últimas jornadas de Edelvives, uno enseña lo que es, no lo que sabe. Solo ahí, me temo, podemos ser de pleno derecho.


Marian Ruiz

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