miércoles, 19 de abril de 2017

Razones por las que leer perjudica seriamente la salud (I)


literatura romántica-ciencia ficción-autoayuda-historia-poesía-Marian Ruiz


Te recomiendo este artículo (I) y el que le sigue (II) solo si no te has viciado y todavía puede tener remedio lo tuyo. Nosotras ya no, pero tú, tal vez...

Puede que fueras un niño herido o una niña desatendida en sus necesidades de reconocimiento y valoración. Pasó hace mucho tiempo, pero hoy eres un adulto infeliz que acarrea antiguas y nefastas consecuencias porque lo que debió ser un paraíso fue... todo lo contrario.

Total: te han dicho que leas, que los libros pueden ayudarte incluso más que un psicólogo o un coach.

Y yo te digo que no, que leer entraña riesgos muy altos (dudo de que la psicología sea mejor, así que la cosa está difícil).

Esto que sigue es un resumen de los perjuicios. Ya sabes lo que dicen de quien avisa:


1-Tu vista y tu salud se deterioran

No hay más que echar mano de la historia de la literatura y ver qué pasó con Sartre, Mary Shelley o Quevedo (paradoja de nombre o burla del destino), Nietzsche, Borges o Pérez Galdós; incluso Astrid Lindgren, la creadora de Pipi Calzaslargas, que… pobrecilla.


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Poco a poco, sin darte cuenta... acabas así.


2-Tus relaciones se resienten

En lugar de quedar con amigos, pareja o familia, te excusas. Los parques de atracciones pasan a mejor vida porque ningún looping es comparable a las subidas y bajadas de los puntos de giro de tus lecturas. Solo frecuentarás bares en los que puedas prescindir de cualquier compañía que no se llame libro. Emily Dickinson, Harper Lee, Cormac McCarthy o Proust son ejemplos de obvia misantropía. 


3-Tus proyectos, aun siendo modestos, se menoscaban

Si sueñas con tener éxitos literarios (cosa que no es modesta en absoluto), ingenua persona que escribes, ¿has pensado remotamente en lo que habrás tenido que contaminarte con los escritos de otros y en qué proceso de autodestrucción te hallarás cuando puedas ser capaz de escribir algo decente? 

Imagina: Cervantes, García Márquez, Pearl S. Buck, Virginia Woolf, Isabel Allende, Unamuno, Charlotte Brontë, Agatha Christie, Emilia Pardo Bazán, Alfonsina Storni, Victor Hugo, Mark Twain, Jane Austen, Alejandra Pizarnik, Gabriela Mistral, Kafka, Lewis Carroll, Ana María Matute, Elena Poniatowska, Dickens, Carver, Alice Munro, Margaret Atwood, Camus, Carmen Martín Gaite, Benedetti, Sylvia Plath, Simone de Beauvoir, Luis Cernuda... La lista es interminable.


4-El ocio desaparece; el deporte, igual

O se reducen a mínimos raquíticos. Saramago dijo una vez que el médico siempre le recomendaba hacer deporte y que nunca había visto a un médico recomendar a un futbolista leer. Lógico. Imagínate un galeno viendo cómo decrecen los dígitos de ciertas cuentas bancarias cual estanque en época seca y, por ende, la suya.


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No se hace pasta con la literatura, menos aún siendo solo lector.


5-Tus biorritmos se alteran y el sueño se te quebranta

Y de forma irremediable, “un capítulo más, solo uno más…”:

-Si lees romántica, acabarás lamentando no tener parejas tan adorables como las de los protagonistas.
-Si lees ciencia ficción, te presentará ese inexorable estado apocalíptico hacia el que nos encaminamos o mundos en los que no existen las fealdades de este.
(Y en ambos casos, romántica o ci-fi, sobreviene otro peligro en el que luego me extenderé).
-Si es historia, te arrepentirás de saber todo lo que sabes, tu conciencia perderá la paz y tu sentido de la responsabilidad se incrementará hasta límites insospechados. Además, no hay modo de ponerse de acuerdo: fluctúa, depende de quién la cuente. No hay modo de volverse crítico, si es lo que pretendías.
-Si lo que te va es la autoayuda, más de lo mismo. Tienen recetas que de puro fáciles te niegas a ensayarlas. Entonces, ¿para qué? Tu autoestima quedará lesionada para los restos.
-Si lo que te da confianza es la ciencia, qué quieres que te diga: todo descubrimiento queda obsoleto por otro descubrimiento que viene picando espuelas.
-Y si crees que la poesía se salva, apaga y vámonos.  Puede que ella se salve, pero en ningún caso te salvará a ti, ni encontrándose en buen estado.


La poesía es territorio de gente apesadumbrada, quejosa, de vida maltrecha y experiencias lamentables que busca contagiarte su melancolía. Directa a la yugular. Además: si no lo hace no es buena poesía. 

Blanco y en botella y lo da la vaca.


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Cosas que inspiran a los poetas.


6-Te vuelves pedante

E incapaz de hablar con otra voz que no sea la del autor que lees en ese momento. Pierdes tu capacidad de argumentar porque te encuentras los razonamientos ya formulados. ¿Te has fijado además que los libros de lectores empedernidos dan lástima? Subrayados, post-its, dobleces, notas en los márgenes, varios marcapáginas deformando su silueta,  engordados a conciencia con tanta señalización interna. Olvídate de decorar con ellos.


7-Pierdes la memoria

Sócrates, que vivió cinco siglos antes de Cristo y cuya estela ha llegado hasta nuestros días, jamás escribió un solo libro. Muy sabiamente debió pensar: “Si lo que necesitas saber está en un libro, ¿por qué debería ocupar sitio en tu cabeza?”.

Si está en el libro, no estará en tu cabeza. Y si eres de esa gente viciosa que todo lo anota, igual. 


8-Tu tristeza, lejos de decaer, se vuelve crónica

No solo persiste, sino que a estas alturas es probable que ni siquiera te importe. Es más: habrás perdido tiempo, amigos, dinero, horas de sueño, oportunidades, vista… y puede que tampoco te importe.

Objetarás que para no volverte un triste sin retorno, con ceñirte a fantasía o ciencia ficción te vale, porque al menos te ofrecen alternativas potentes a esta realidad insulsa y decepcionante. Lo dices porque no lo has pensado, porque ahí acecha otro peligro: la esquizofrenia. Terminas por no saber dónde vives. Acabas aborreciendo lo que llamamos real y ansiando extraditarte, cosa que tampoco se logra porque las facturas te persiguen en el mundo real y los malestares, también.


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Leer cómo se hace pero sin pretensiones


Si necesitas leer algo imperiosamente, escoge prospectos de medicina y manuales de funcionamiento, pero sin pretensiones, solo para entretenerte cuando el aburrimiento se haya cobrado todo lo cobrable. Nada de pensar que aprenderás cómo funciona esto o aquello o cómo se monta, ni qué oscuros efectos laterales te acechan (mejor no saber). 

Puedes leer algún libro de cocina a condición de que seas inmune a la frustración, porque te faltarán ingredientes que ni en los chinos y el lustre de tus platos nunca será comparable al de las fotos.

Aunque si he de indultar a algún libro será a uno de cuentosPorque si le pregunto a un crío si prefiere irse a jugar o escuchar un cuento, puede que dude. Solo por eso.

Continuará.

Marian Ruiz


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