sábado, 8 de abril de 2017

Persona normal

Persona normal- Benito Taibo- reseña

Título: Persona normal
Autor: Benito Taibo
Editorial: Planeta
Colección: Crossbooks
Páginas: 224
Fecha publicación: 2016
ISBN: 978-84-08-16031-1


Es un libro que habla “De cómo la vida, pese a todo, siempre sigue”. Elijo el título del último capítulo de Persona normal para empezar este viaje. O mejor empiezo por “De las marcas que deja la vida en la piel”. O por “Arena y poesía”, “De dónde soy o adónde pertenezco”. O desde el principio.

Es uno de estos libros que nos ensanchan corazón y cara. Uno de estos libros que nos hacen respirar hondo y no son nuestras manos, sino nuestro aliento el que acaricia las páginas en busca de respuestas.

Nos identificamos.

El corazón se vuelve blando, enorme, expectante. Compartido.

Porque todo en esta vida es compartir, sentirnos uno con la persona a la que amamos. Uno con el universo.

Es uno de estos libros que hay que leer en voz alta, una y otra vez. Es como nos permitirá instalarnos entre sus páginas.

Como entre las páginas de cientos de libros vive Sebastián, quien aprende “que los sueños son de quien los sueña, y de nadie más”.

Es uno de estos libros donde hablan los “silencios metidos en medio de las palabras que hacían de la conversación algo curioso e incomprensible, como si fuera una de esas obras de teatro modernas donde todo el mundo dice cosas que nadie acaba de entender, pero a las que se aplaude en cuanto cae el telón”.

A los doce años y tras perder a sus padres en un accidente, Sebastián se queda a cargo de su tío Paco, “oveja negra de su familia, antropólogo, medio poeta, medio subversivo, medio loco (¡completo!) y medio raro”. Comienza la aventura de su vida, sin igual, a través de las palabras, como una de las formas más enriquecedoras de conocer los secretos de la existencia humana.

Aprendemos, junto a Sebastián, el valor de las palabras. Aprendemos que son ellas las que hacen posibles nuestros sueños.

Experimentamos con el gusto, con el tacto, con el oído, con la vista. Pero también con la palabra, que se vuelve un sentido más, dispuesta a guiarnos más allá de los confines de la imaginación.

Es donde el amor empieza siendo una palabra incomprensible, a los doce años. Incomprensible e inalcanzable, invisible a los ojos de los que amamos. Y también donde nos acaban rondando palabras nuevas que nos permiten contestarnos a la pregunta de cómo deja de doler aquello que sentimos. "El amor funciona de maneras curiosas e insospechadas".

Es donde el amor nos desvela su código encriptado y en sí nos señala el camino hacia la salida del laberinto, y en sí es el mapa del tesoro. Y siempre tiene el tamaño de los sueños de quien lo sueña. El precio es elevado: es ser quien se es, sin desvíos, sin miedos.

Aprendemos a leer con el corazón, con esta órgano en el que guardamos la poesía, como remedio indispensable, contra el mal de amores. "La poesía sirve para que las almas extraviadas se encuentren".


Persona normal- Benito Taibo- reseña- poesía


Volvemos a tener doce, trece, catorce, quince años. Y sonreímos. "Como por fuerza deben sonreír los niños cuando los adultos se salen del guion establecido y se vuelven mejores personas”. Porque sabemos que cada libro que leemos, de principio a fin, es por y para algo y no en vano nos encuentra. Porque podemos ser huérfanos de padres, o de hermanos, o de amigos, pero nunca de ideas. Porque hay que vivir, cueste lo que cueste. Vivir, resistir, avanzar.

Vivir.

Avanzar.

Atrevernos a dejar de ser personas normales. Atrevernos a pensar por nosotros mismos, con nuestra imaginación desbordada para volvernos mejores seres humanos. “Y humano es el que piensa por sí mismo, el que se enfada ante las injusticias […], el que cree firmemente en lo que cree, el que tiene sueños, el que puede enamorarse perdidamente, a pesar de no tener ni siquiera, todavía, trece años”.

Porque las palabras nos regalan sus casualidades y sus consecuencias. Y las aprendemos de los libros. Porque “el libro es comida, techo, asiento, ropa que me arropa, boca que besa mi boca. Lugar que contiene el universo”.

Porque las palabras nos regalan sus diferencias. Aprendemos a habitar una casa y a vivir en un hogar. A construir un hogar.

Casa no son más que paredes, techo para guarecerte de la lluvia […]. Hogar, en cambio, es donde tienes los libros; la cama que conserva tu olor, o más bien el perfume, la esencia de la persona amada, el maravilloso espacio donde los sueños se suceden […]”.

Aprendemos que no es lo mismo alimentarse que comer. Y que la comida sabe mucho mejor en compañía, cuando la preparamos en el hogar, para alguien a quien amamos. Aprendemos a condimentar emociones, a regalar sentimientos. A recordar recetas de otros seres que también han amado y nos lo han transmitido.

Aprendemos a paladear versos. Aprendemos a alimentarnos con versos. A estar abiertos a otras vivencias, a conocer seres de universos de otros que han leído, que han escrito antes que nosotros. Aprendemos a liberar tigres enjaulados, hablar con marcianos, acercarnos a ballenas blancas en medio de tempestades de otros tiempos.

Porque "cada canción, cada sueño, cada encuentro fortuito o premeditado, cada película vista, cada libro leído te hacen una persona diferente, te determinan. Eso es lo que se llama una "educación sentimental". Porque "de eso trata la educación sentimental. De poder reírse y llorar cuando lo necesites. De no usar una fachada falsa de ti mismo".

Es lo que se oculta detrás de las palabras. Detrás de la poesía hecha de granitos de arena, despacio. Porque incluso la arena es tiempo de otros.

"Jugamos en el mar y escribimos versos sobre la arena para que las olas se los llevasen hasta otros lugares lejanos, allá, donde alguien también necesitara, como nosotros, todos los días, la poesía”.


Persona normal- Benito Taibo- reseña


Aprendemos uno de los secretos mejor guardados para ser felices: ser de donde queremos ser. Sin fronteras, sin límites socialmente impuestos.

"Algunos creen que solo pueden ser del mismo lugar de donde son sus antepasados. Les da una sensación de pertenencia, de apego a la tierra, de seguridad. Se forja así un hilo invisible pero poderoso que los ata irremediablemente con el suelo que pisan. Desde que dejamos el sitio donde debía estar nuestro hogar, creamos un vínculo especial con el entorno. Echar raíces, dicen los viejos. Tienen razón.
[…]
Tal vez soy más de otros lugares en los que no he estado nunca y que, a pesar de ello, anidan en mi corazón y en mi cabeza y son tan parte de mí como yo mismo.”

Ser de donde son los libros que leemos, del país de las maravillas, del Nunca Jamás. Ser arrebato, pasión.

Ser viaje dentro del viaje mismo y medirnos con recuerdos compartidos. Ir hacia donde nos lleven los sueños. Vencer a los demonios que no saben de versos, que no saben a versos, y que todos tenemos por dentro y que todos podemos vencer.

Aprender de qué material indestructible están hechos los amigos, las personas a las que amamos y las personas que nos aman. Convertirlos en grandes historias. Ser parte de grandes historias. Aprender del valor extraordinario del tiempo compartido, de la poesía compartida que va más allá de la vida y de la muerte. Aprender del tránsito natural de la muerte, donde el ser que se marcha, se marcha cubierto por mantas de mariposas amarillas, conocedoras de la libertad y del camino infinito. Porque “sabemos bien que la naturaleza teme los vacíos”.

Porque no somos vacío, ni estamos vacíos.

Es de lo que nos habla Benito Taibo. Y es poesía. 



Persona normal- Benito Taibo- reseña


Marieta Pancheva

2 comentarios:

  1. Qué hermosooo, de verdad le tengo muchísimas ganas a este libro. No sé cuándo vaya a llegar a Venezuela, pero ya lo veo en todos lados y siento que es de esos libros que me enamorará completamente.

    ¡Besos!

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    1. Y te enamorará por completo, te lo aseguro. Es uno de los libros más hermosos que se puedan leer. Y ya nos contarás.
      Un abrazo y gracias por tu visita, querida Carla.

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