miércoles, 1 de marzo de 2017

Tocar tambores u otras formas de ritmar



Ritmo-textos-literarios-Marian Ruiz


Hace poco circuló por la red un extracto de tres párrafos de Gary Provost que me sirve para hablar del ritmo en los textos literarios. 

Viene a decir, aunque no de modo literal, esto que sigue:

«Esta frase tiene cinco palabras. Aquí hay cinco palabras más. Una frase de cinco palabras está bien. Pero (unas cuantas) seguidas vuelven monótono el ritmo. Atiende a lo que ocurre. El escrito se vuelve cansino. Su sonido aburre a las ovejas. Como el de un casete atascado. El oído pide algo de variedad.

Escucha ahora. Modifico la largura de la frase y creo música. Música. El escrito suena. Tiene un ritmo agradable, una cadencia, una armonía. Utilizo frases cortas. Y utilizo frases de una longitud media. Y a veces, cuando estoy seguro de que el lector ha descansado, lo animo con una frase de una longitud considerable, una frase pletórica de energía que construye con todo el ímpetu del crescendo, el vaivén de la batería, el chasquido de los platillos: sonidos que dicen atiende a esto, es importante.

De modo que escribe haciendo combinaciones de frases de longitud corta, media y larga. Crea un sonido, una musicalidad que agrade al oído del lector. No escribas solo palabras. Escribe música».

Ritmo-textos-literarios-Marian Ruiz

Gary Provost sabía de lo que hablaba. Puso ritmo y música a su propia vida, tanto en sentido literal como metafórico (del interés por el cine se pasó a la escritura como consecuencia de un insólito período de indigencia hasta llegar a ser instructor de escritores). El texto lo difundió en Twitter Ángel Marazzi, periodista argentino, quien aseguraba que nadie le había enseñado tanto de literatura como esos tres párrafos. No son únicos. Pertenecen a una guía de redacción que lleva por título 100 Ways to Improve Your Writing (100 maneras de mejorar tu escritura).

Y como esto va de letras y como, coincidiendo con Provost, podemos seguir escribiendo música y jugar un poco a subordinar, vamos a seguir:

Me propongo sugerirte que sigas este blog que contiene artículos tan variados como sorprendentes e ilustrativos como este que estás leyendo.

Está claro. Nunca podrá ser la mejor frase del mundo con toda esa hilera de subordinadas (cada una de ellas en color diferenciado), sin comas que faciliten la lectura, exceso de adjetivación y esos dos “como” tan próximos además de los tres “que”. 

Podría haber dicho con más música:

Me propongo sugerirte que sigas este blog: contiene artículos tan ilustrativos como este que estás leyendo y algunos otros muy entretenidos.

No hubieras echado en falta nada, habrías respirado mejor, no te habrías saturado. Y yo habría compuesto con mejores armónicos mi superfrase.

Y ya puestos, fíjate qué pasa con la bobería de los dos puntos que siguen a "blog" en el ejemplo: 


Ritmo-textos-literarios-Marian Ruiz


Ø  explican el porqué de mi sugerencia
Ø  detienen el discurso (te dejan respirar)
Ø  dirigen tu atención a lo que sigue
Ø  evitan un “que” (al conectar dos oraciones sin subordinarlas)


En un espectáculo musical no tienen que explicarnos por qué entra el bajo ahora o por qué asoma un violín y al poco le sigue un piano, por qué suenan acordes en escalas variadas, por qué se suman trompetas, percusión, y cómo todo ello hace crecer el ritmo para que la historia se vuelva poderosa y nosotros mismos nos elevemos por encima de la cubierta del recinto. En un espectáculo musical nadie tiene que explicarnos que todo se orquesta (nunca mejor dicho) para conducirnos a una apoteosis. Igual que en una representación teatral. 

Con el lenguaje escrito debería ser también así, pero esto, me temo, nos lo tienen que explicar. Nos tienen que explicar cómo ralentizar el ritmo y cómo acelerarlo, cómo sugerir sin desvelar, cómo hacer que el corazón de quien nos lee palpite. Cómo detenerlo.

(Y yo debería explicarte ahora por qué estos “cómo” que se repiten está bien que lo hagan y cuál es la razón de que no te suenen mal: son enfáticos, buscan esa intensidad porque su objetivo es llamar tu atención sobre lo que dice cada grupo de palabras que sigue).


Por qué queremos hacer más lento el ritmo

Porque contamos algo. Porque nos dirigimos a un lugar-acción-o-acciones-salpicadas que nos deberían acabar mostrando el objetivo del viaje. Pero no vamos de cualquier manera, sino que mientras llegamos queremos contar otras cosas, ir poniendo al lector en situación, introducir elementos que pueden parecer irrelevantes y no lo son, crear atmósferas: para todo ello tenemos que ir lentos.  

¿Cómo? Describiendo los lugares, dando detalles de qué hacen los personajes, contando quiénes son, cómo son; a veces, desanudando la madeja de sus pensamientos  y miedos, quizá sus prejuicios, suposiciones, especificando detalles relativos a su fisonomía, anécdotas y sucedidos. Añadimos adjetivos. Elegimos frases solemnes, subordinamos las oraciones. Colocamos adverbios terminados en -mente

La subordinación detiene.


Ritmo-textos-literarios-Marian Ruiz
Aquí va por delante el predicado.
Verbo y sujeto le siguen como pueden.

También detiene que modifiquemos la ordenación de los elementos de la frase, es decir, si su disposición natural es sujeto, verbo y predicado y la alteramos, también se enlentece el ritmo.

Si en lugar de: Le dijo que no la mirase mientras esos tipos siguieran en la casa,

optamos por: Mientras siguieran esos tipos ahí, en la casa, que no la mirase, le dijo,

es obvio que, además, la atención se intensifica. Es decir, frenamos para dar ciertos datos y que el lector se haga sus componendas, imagine, se envuelva del material de la narración, anticipe lo que viene después; lo hacemos para dar intensidad, captar la mirada, atrapar.


Y por qué necesitamos acelerar

¿Porque el lector se nos duerme...? Hmmm. Por ejemplo. Pero puede ser peor: que nos acabe odiando y nunca más quiera leer nada nuestro. Porque veníamos a contar algo gordo y nos estamos yendo por las ramas. Y lo estamos desesperando.

Para acelerar hay que estar dispuestos a meter el hacha. Sin analgesias.

Lo que viene son disparos. Frases cortas. Adjetivación justa. Sin adverbios. Sin subordinadas. Puntos mejor que comas. Actividad. Agilidad. Ritmo frenético. Apoteosis.


Ritmo-textos-literarios-Marian Ruiz


Y la maestría de saber cómo administrar lo lento y lo rápido para alternar infartos con respiración asistida al indefenso lector.

Todo lenguaje es intencional porque quienes hacemos uso de él ponemos una intención. Si la lengua es inocente, nosotros no.

En fin. Todo esto no son sino observaciones generales que podrían matizarse mucho. Se trata de construir con sentido argumentos, aclaraciones, peticiones, recomendaciones... y de hacerlo acorde al tipo de comunicación, es decir, respetando su naturaleza, teniendo presente que llegan a un lector (que, efectivamente, le tienen que "llegar") y que la mente de quien lee es el único instrumento que tiene para decodificar lo que hemos escrito. Las reglas de lo escrito poseen su propia condición, muy distintas a las reglas de lo oral. 

Alguien debería explicarnos cómo lograr el efecto que pretendemos cuando se trata de escribir algo más que la lista de la compra o unas notas recordatorias. Y no siempre dentro de la ficción. Ni mucho menos. No son solo escritores quienes escriben ni los únicos interesados en dar en la diana.

A ese alguien, si además fuera capaz de hacérnoslo fácil, así, al estilo Provost...


Ritmo-textos-literarios-Marian Ruiz
... le quedaríamos muy agradecidos.

Pero ese alguien, antes aún, debería enseñarnos a leer y a descubrir la música de los grandes.

Marian Ruiz

No hay comentarios:

Publicar un comentario