miércoles, 15 de marzo de 2017

Ritmo vital y ritmo literario: ¿algo que ver?


Ritmo literario, verbos de decir, verbos de dialogar, Marian Ruiz


Un ritmo triste este que transcurre en los márgenes de la vida y que me busca para hablar de su imbricación con el ritmo literario.

«No, todavía no estaba tan agotada que deseara cobardemente rezar en vez de descubrir el dolor, sufrirlo, poseerlo íntegramente para conocer todos sus misterios», dice Clarice Lispector por boca de Juana, su protagonista.

Leo y releo, tres, cuatro, cinco veces, el mismo párrafo porque al ritmo del hospital que se supone quieto le sobrevienen interrupciones, apremios, urgencias. Me aprieta. Me duele. Llama a la enfermera. Me escuece. Tráeme papel, un kleenex, la botellita de agua. Hay que ponerle el suero. Hay que darle el diurético. Hay que controlar el oxígeno, las pulsaciones, la orina. Hay que hacer un ecocardiograma.


Ritmo literario, verbos de decir, verbos de dialogar, Marian Ruiz
El ritmo es desbordante por momentos.

Es el modo en que la jerarquía de la vida real se impone a la literaria. Se impone y se interpone y me empuja por un camino indeseable. La primera intención es oponerme. Me disgusta asumir un ritmo que no he escogido, cosas de las que no quiero hablar, porque quizá me empecino en no nombrar determinados sucesos como si así no sucedieran. O como si lo hicieran de refilón. Son cosas feas que interfieren, que molestan, que me rayan, como estos verbos que se van deslizando aquí y que también se me oponen. O estos otros, que me invitan a salir corriendo, a escapar, a largarme a otro lugar.


Ritmo literario, verbos de decir, verbos de dialogar, Marian Ruiz
Ganas de salir volando

Entonces puedo escoger: o acepto esa trama forzosa y acerco la oreja, o me quedo detenida sin terminar de saber cómo haría para relacionar el material de la vida con el material literario. Si opto por la primera posibilidad, la de la aceptación, me sitúo ante un escenario que me interpela y me invita a mirar desde otro lugar: ¿qué quieres de mí?, ¿cómo esperas que te incluya en mi historia?, ¿nos damos un beso?, ¿te apetece que hablemos?, ¿querrás contarme de qué tienes miedo? Los verbos son verbos de decir, de dialogar, en este caso, con mi yo esquivo que aún apoya la mano en el picaporte de la puerta porque no termina de ver la ganancia: sí, todo muy bonito, pero mejor me quedo cerca de la salida.


Ritmo literario, verbos de decir, verbos de dialogar, Marian Ruiz
Yo, mi circunstancia y lo que me digo de ella

Cuánta ansia, yo esquivo. Para empezar: nadie te quiere sustituir, no sufras. En esta parte de tu historia hay un hospital: es un hecho. Y tú querrías negarlo, sustituirlo por cualesquiera de tus planes y que nada pasara. Pero insisto: nadie te quiere sustituir. Tienes tus razones y son legítimas. De lo que se trata más bien es de que ambos, tú y yo, entendamos nuestras lógicas respectivas: la de quien elige escribir y la de quien está plantada en medio de algo que no ha elegido.

Miro cara a cara la realidad, sin maquillaje, bajo el ritmo, me quito la máscara, te tiendo la mano. La trama de la vida nos ha convocado, descubramos para qué. 

Volver la mirada hacia dentro, escudriñar, desvestirse, observar, ¿a qué huele esto? Una vez más cambian los verbos. Son los verbos del pensar, del preguntarse, del averiguar, del inquirir, del articular sentidos nuevos a lo que sucede afuera. Verbos tranquilos. Verbos que se vuelcan hacia lugares en donde trascurre una vida que se me escapa, que siendo mía es ajena si no me detengo, si no me recorro por dentro, si no aminoro la marcha.


Ritmo literario, verbos de decir, verbos de dialogar, Marian Ruiz
La parsimonia de lo imperceptible

Rebaja tu estado de ansiedad, amiga. No pasa nada por hablar hoy de algunas cosas que están atravesadas por la vida. Todo esto que sientes nos aporta información a ambas. A ti y a mí.

¿Cuál es tu principal problema? ¿No quieres estar aquí? ¿Te das cuenta de que eres tú quien se origina el malestar a sí misma? Vuelta a los verbos de dialogar, aunque se trate de un diálogo mudo.

¿Por qué te exaspera tanto el silencio, si es el material con el que conversan escritores y poetas, y es la fuente de la reflexión y de la creatividad? Solo hace falta atención, y cualquier asunto relativo al qué hacer se disuelve. Se hace. Surge. Sobreviene algo que está más allá de la técnica. No sé si lo ves. Es como una danza o una performance de Marina Abramović.

La enfermedad y la muerte desaceleran. Te obligan a preguntarte otro tipo de cosas. ¿A quién se le ocurriría apremiar a una puesta de sol o a esa hora difusa del atardecer para que se definiera rápidamente en algo inquebrantable, firme, seguro?, ¿osarías presionarlos para obtener cuanto antes el instante siguiente, palpablemente firme, perfectamente delineado, hábilmente definido? Los cambios de estación —de invierno a primavera, de otoño a invierno— también reducen el ritmo y nos provocan atender pausadamente. Como los adverbios terminados en -mente, con su cadencia y su singular melodía.

No sé quién eres ni si me leerás siquiera o si advertirás que he ralentizado mi ritmo. ¿Sigue mi texto a mi ritmo? Hoy solo quería contarte que la vida a veces es apenas lo que se desenvuelve entre las paredes de un hospital. El ritmo ahora vuelve a ser muy bajo, casi inapreciable.

Ritmo literario, verbos de decir, verbos de dialogar, Marian Ruiz
Lo que hay es lo que hay.

Echo una mirada breve a las redes sociales: siguen ahí, ágiles, ajenas, imperturbables. Cómo titular tu novela, cómo mantener la motivación, cómo evitar bloqueos, claves para esto y para lo otro, sígueme y te sigo, compra mi libro, lee mis poemas, haz esto o esto otro que te digo. Enumeraciones, paralelismos y comas que sugieren que yo sí he bajado el ritmo, que me he colocado a cierta distancia de esa otra vida.

Ya voy entendiendo, amiga. Puede que tuvieras razón, que no se trataba de huir, sino de quedarse muy quietecita mirando, observando, auscultando casi los minutos.

Echo una mirada a mi enferma, a mi madre. Sé que no querría tener esta deuda conmigo, que desearía por el contrario que mi vida toda, digital y analógica, mantuviera su regularidad sin incidentes; que desearía poderse valer por sí misma y no dar fatigas a nadie, aunque se trate de una fatiga y una deuda que yo no siento como tales o que, a mi vez, tengo la oportunidad de retribuir por todo lo que yo sí le adeudo a ella.

Definitivamente he adoptado la parsimonia de las evidencias que se abren paso cuando se ralentizan ambos ritmos, vital y literario. Es condición necesaria para que lo nuevo, plagado de contingencia y relatividad como estos párrafos invadidos de “ques”, asome.


Ritmo literario, verbos de decir, verbos de dialogar, Marian Ruiz
En el ritmo lento asoma...

Porque lo hace si rehúyo las prisas, las urgencias, los prejuicios o cualquier interés meramente calculado. Porque la vida real y biográfica tiene siempre una historia propia que contar. 

Vuelvo a mi libro:

«Después de los momentos cortos y profundos, vivía con serenidad durante largo tiempo, comprendiendo, recibiendo, resignándose a todo. Le parecía formar parte del auténtico mundo y haberse distanciado extrañamente de los hombres». Clarice Lispector, Cerca del corazón salvaje.

Marian Ruiz

2 comentarios:

  1. Mi querida Marian, muchas veces queremos huir de la realidad sumergiéndonos en un libro pero ocurre que a veces sus párrafos no se dejan leer, el ritmo de la lectura no se parece al ruido estruendoso de lo cotidiano, y pesa y duele cuando es justo una realidad que no has escogido, una realidad que te ha postergado, y solo quieres escribir o leer y no escuchar sobre diagnósticos o sobre respiraciones lentas y a veces rápidas. La vida siempre nos coloca justo donde debemos estar, es allí donde estás aprendiendo algo o algo debes soltar, tal vez sumergirte en libros ha sido siempre tu vía más rápida, pero esta vez cierra el libro y quédate atenta escuchando lo que una sala de hospital esconde detrás de un silencio que aturde y de un lugar que nadie quiere tomar.
    Fortaleza y sabiduría compañera.

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  2. Eliana querida: ¡qué grata visita la tuya! Lo cierto es que el tiempo del hospital no permite ni leer ni escribir. Allí son otras las cosas las que empujan. Se puede tomar nota mental o escribir algo a vuela pluma, pero lo que pide es estar presente a lo que se ofrece, para volcarlo después, en todo caso, en algo que puede parecerse a esto. Un hospital nada tiene de refugio literario. En absoluto.
    Gracias por tus palabras, siempre hermosas y celebradas, linda.

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