miércoles, 22 de marzo de 2017

Planteamiento, nudo y desenlace


trama-búsqueda de sentido-metaliterario-Marian Ruiz


Hay varias tramas: una trama troncal que llamaríamos “búsqueda de sentido” y un par o tres de tramas secundarias que tienen vida propia aunque trabajan para la primera. Como pasa en la vida ordinaria. La vida literaria no transcurre en los márgenes de nada.

Planteamiento

Leí algo que su autor llamaba novela. Había personajes, tres a lo sumo, y pasaban cosas, pero no había árboles ni cielos ni descripciones de paisajes, ni se sabía si era primavera o invierno o si había o no cortinas movidas por algún viento circunstancial. Tampoco luces ni sombras, ni nieblas o almendros en flor. Nada. 

Fulanito, un escritor en ciernes, se encontraba con Melanita, su lectora cero, en una casa de madera en la que atizaba el fuego Zutanito. Zutanito creía que lo de escribir era pura coartada para que escritor y lectora cero se tratasen, cuando lo que en realidad hacía Fulanito, su novio, era ponerle los cuernos con Melanita. El asunto terminaba con los tres abrasados en un fuego en el que se incineraban también las páginas de un diario, quizá por algo distinto a un descuido, que ya no me acuerdo.

Para mí siempre será la novela sin atmósfera. Una novela ingrávida flotando en una trama muy abierto y ecuménico pero sin aroma de novela.


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Una novela que yo no llamaría novela.

Mi madre, casi invidente y disminuida en su capacidad de hacer vida normal, solo pregunta qué hago yo en este mundo (o sea, ella).

Tengo una conversación con Candela. Hablamos de lo que ha proliferado el coaching, de que todo dios es coach hoy día. De que empieza a parecer una secta. Son modas. A las modas les salen muchos pretendientes, me digo.

Claudio es un médico de esos alternativos (también proliferan) que defiende una dieta muy severa, espartana. Candela dice que para qué tanto.


En la ruta del sentido

Lo primero que Claudio pregunta a los asistentes a sus conferencias es para qué quieren cuidarse, que es como preguntar por su proyecto de vida. Candela salta como una hidra: esa es una pregunta trampa. Todos los coaches preguntan lo mismo y no hace falta; se puede disfrutar de los amigos, del trabajo (Candela tiene un trabajo que adora); se puede disfrutar sencillamente del comer y del beber. Claudio, el alternativo, dice que para ver tele, comer y beber no hace falta estar en forma ni cuidarse. Con lo que haces te vale. Candela desconfía de ese médico. Tiene pinta de farsante, dice. Habla en términos de coaching y el coaching ha degenerado mucho.

Mi madre rezonga: la vida es un sufrimiento. A Cristo se le acabarán cayendo los clavos y aún terminará viniéndose abajo.

Me devané los sesos con una novela que no tenía aire. Se lo busqué, lo juro, pero no se lo encontré. Como novela carecía de sentido.


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Una cree que todos buscamos caminos que conducen a algún lugar.

Situación, circunstancia

Estamos en una terraza sobre un césped verde, luminoso, joven, en un caserío de piedra y con unos montes que se recortan al fondo. Una perrita olisquea posibles restos de comida humana. El sol abierto de una primavera en ciernes reclama su derecho de primogenitura. Es algo excepcional. Indescriptible.

Candela dice: es bonito. Lo mira pero no ve nada extraordinario ni se le cae la baba. Candela y yo tenemos un sentido del disfrute muy distinto.

Me digo que la novela sin aire tal vez le gustó a alguien. A alguien que no gustaba de atmósferas o que buscaba sin más el grano, la carnaza, la sangre (o el fuego abrasador). Puede que a Claudio también a su manera le pasase esto mismo, que a su manera solo buscara ir al grano. Y puede que a Candela le hubiese gustado.

Y yo me digo también que hay coaches porque hay necesidad de ver algo más en los paisajes, aunque para Candela lo que ve es ya bastante bonito, suficiente.


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Algo bonito

Conflicto

Candela se ha molestado por lo de las preguntas trampa de los coaches. Opina que la mitad son unos charlatanes. Esto no tendría mayor trascendencia si Candela no fuera coach. ¿Estará Candela en esa mitad y media a la que alude? ¿Cómo alguien que no necesita un para qué en su vida puede ayudar a quien sí lo busca? ¿Cómo hace para que el otro encuentre su cometa? Aunque lo suyo, lo de Candela, son esas pequeñas y cotidianas cosas. En eso es resolutiva.

Hay excelentes psicólogos y coaches con lagunas personales que van siendo cada vez más obvias para quienes los conocemos. ¿Hasta qué punto se les puede exigir coherencia? ¿Podemos confiar en alguien que no ha atravesado su propio Rubicón?
¿Una novela sin atmósfera puede ser tan buena como otra que la tenga o sería más bien otra cosa y no una novela?

¿Puede mi madre seguir adelante aun cuando su vida no parece tener sentido? Ahora se queja de la lavadora, viejita también como ella. La madre que te parió, le dice (a la lavadora).


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La vida nos lava y nos centrifuga a todos.

Desenlace o resolución

Me apena que Candela no vea el paisaje que veo yo. Sin embargo, se mueve como pez en el agua en la resolución de cuestiones pragmáticas que nos hacen la puñeta a los demás. Es su especialidad. Pero alguien con mucho apego a la comida, a la bebida y a determinadas pasiones y emociones fuertes, alguien que no repara en sutilezas, no acepta la muerte, me digo. No hablo de resignación, sino de su sentido, de su trascendencia, de la conexión que tiene con la fuerza inteligente que lo gobierna todo y de la que hablan la famosa teoría de cuerdas y la escala subatómica. De lugares infinitesimales ante los que la muerte no es sino mera anécdota y por donde se accede a su razón de ser. Alguien sin hoja de ruta a medio y largo plazo, alguien que no presta atención a sus miedos, ni a la vida minúscula, ¿con qué patrimonio se hace mayor? Ella teme a la muerte. Lo sé.


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Pero el sentido (de la vida) tiene que dárselo cada uno. Este escenario de Candela cual Agustina de Aragón contra los coaches de pacotilla, de mi madre penitente y de paisajes que me resultan sobrenaturales no es distinto de como soy yo. Soy yo quien ve el holograma.

No fui siempre así. También algunos psico-coaches, a pesar de sus propias cosas irresueltas, son hábiles en orientar y encauzar sentidos, más para otros que para sí mismos. También yo solía ser buena haciendo recomendaciones que les eran útiles a otros y no sabía hacérmelas a mí misma. Paradojas.

La novela sin atmósfera me sirve como ejemplo de cosas que me dejan fría y que no me gustan en absoluto. En cambio Candela decía que no soportaba a Javier Marías con tanto marear la perdiz en sus novelas y no ir al grano.

Mi madre sigue el rosario en la radio y en la tele, lo que le echen (en simultáneo con el rosario). Apenas ve y apenas oye, pero se arrima a la pantalla cuando hay misa televisada. Debe ser que también busca la transferencia del sentido. Luego Candela dirá una cosa y otra.

La lavadora, contra pronóstico, termina de hacer la colada. Lavado, enjuague y centrifugado, como hace la vida con cada uno de nosotros.


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Epílogo

Nunca acabamos de tener todos los datos.

A lo mejor la cosa se resume en eso: en que cada uno ve lo que ve y llega hasta donde llega, por mucha lástima que me dé a mí lo que se pierden. La que busca soy yo. La que cada semana se pregunta si será capaz de sembrar algo coherente en este huerto soy yo. La que se interesa en traer algo con gas, imbricado con nuestro contexto metaliterario, soy yo. La búsqueda de sentido y de lo bello debe estar en mi ADN como la necesidad de esa letra pequeña de la vida. Bendita letra pequeña, que se me abre y se me propone como un viento que moviera cortinas.

Me admira que la falta de sentido ajeno me provoque tanto sentido a mí. Aquí quedan intersectadas varias personas que no se conocen y de las que aprendo. Me he convertido en su nexo providencial. ¿Forman apenas el escenario que yo necesito? ¿Son una creación mía para que vea lo que he de ver?

Se puede tener ese horizonte nítido del para qué o no tenerlo en absoluto. La diferencia es que si lo tienes, cuando conjugas el verbo “primaverar” te salen flores que te salpican el césped (primero te sale el césped), con “veranear” te salen soles y te agostas, con “otoñar” se te caen las hojas y te vuelves ocre, y con “invernar” te pelas y te tornas escarcha. Provisionalmente. Todo es provisional. Incluso la muerte. Ojalá Candela lo supiera como lo sé yo.

Hay algo que se salva, que no es provisional: la belleza. Siempre vuelve, siempre espera, incluso espera a Candela. Siempre ofrece prórrogas.


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También ellos...

Son las cinco de la madrugada y un par de pájaros mantienen una insólita conversación. Pego la oreja como si nunca hubiera oído cosa igual. Parece que también se afanan en la búsqueda de sentido de este tremendo cuento que es la vida. Como estarás haciendo tú con todo este lío si es que has llegado hasta aquí.


Marian Ruiz

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