miércoles, 8 de febrero de 2017

Internet, redes sociales, lecturas interrumpidas y… booktubers


Booktube, booktuber, ensayo, atrapar lectores, Marian Ruiz


En un evento celebrado recientemente en Colombia, Mark Zuckerberg, creador de Facebook, vino a decir que acabaremos interactuando más desde el móvil, que seremos más de fotos y textos cortos, que el futuro de la informática está en la realidad aumentada porque garantizará que no haya distracciones. Es decir: la presencia del texto irá retrocediendo en ese futuro que predice y en su lugar todo se verá reducido a retratar el momento, a capturar el instante. Debió decir otras muchas cosas, pero me quedo con esto.

Al final, todo acaba reducido al momento, cuando la vida es mucho más que una sucesión de instantes.

En noviembre del año pasado se celebró una conferencia en el Instituto Cervantes  acerca del impacto de la vida online en nosotros y, más específicamente, en el desempeño del escritor.

Lo que saqué en conclusión es que todo esto de los blogs, las redes sociales y lo cibernético lo toman como mal necesario, aunque no le ven mucho la gracia. Claro que quienes intervenían escriben desde hace tiempo y no han necesitado abrirse caminos que no estuviesen asfaltados con bitumen y arena de toda la vida.

Que no es mi caso, ni es tu caso. Ni el de los booktubers.



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Definitivamente, son otras nuestras pistas:
tierra y cemento de bits.


Caminos de bits: la cara
Nosotros, tú que me lees y yo-nosotras, estamos haciendo uso de caminos de bits porque hemos nacido a esto de escribir sin agentes literarios y en una época tan facilitadora como compleja.

En esa conferencia del Cervantes hablaron de accesibilidad, de participación (también de la multiplicación de la estupidez), de la importancia de difundir ideas, de divulgar tareas, publicitarse, organizar grupos, contactar con iguales (y desiguales) y le reconocieron a lo virtual una función evasiva y hasta estética. Por ahí vamos bien, opino, porque la escritura y la imagen se suman, se encantan y dan a luz al prodigio de la multiplicación. Gana la belleza.

… la mueca
Decía el escritor Martín Casariego que la labor del escritor es reflejar el mundo, interpretarlo, cuestionarlo y que la multitud de blogs (y aquí empieza la mueca) puede acabar diluyendo esa labor: la presión por leer bestsellers o libros que uno no ha elegido o el trabajo ímprobo que supone alimentar las distintas plataformas puede sacarnos del camino y provocar que nos enredemos hasta perdernos. 

Y es que el escritor no es sino un tipo especial de lector.

y la cruz
Isabel Isabelota, compañera bloguera, en un artículo que vale la pena leer por lo que tiene de universal (entendido como universal virtual), dice que le dan pereza las redes porque le parecen redes para pescar*. «¿Para pescar el qué? Pues lectores». 

El dedo en la llaga: ¿cuántos de nosotros seguiríamos aquí si solo fuera por el disfrute de la dolce e attenta lettura?

¿Cuántos, si no fuera por la promesa de ganar algo, leeríamos artículos de 2000 o 3000 palabras*, nos mantendríamos aquí y no correríamos antes a buscar un libro o a atrapar pokémones?



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Muy buenos tienen que ser para que no prefiramos salir corriendo
en busca de estos adorables bichitos.

Porque no sé si será cierto que nos encaminamos hacia un futuro con menos texto, pero los community managers insisten en que a Google le gustan los artículos largos (1200 a 1800 palabras), aunque parece que nos perdona un poco la vida si mantenemos una frecuencia alta de publicación.

Ahora bien, ¿contribuye esto en alguna medida a la creación literaria?

Correos electrónicos, posts, artículos de otros asuntos (que no compartimos y nos interesan igualmente), whatsapps, libros…, contenidos para blog, redes sociales, lo que sea que uno deba escribir a diario. E-mails. ¿Cuándo escribir algo con otro destino, si es el caso?


Al hilo de nuestra capacidad de percepción
No sé vosotros, pero yo cada vez oigo hablar con más frecuencia que nuestra capacidad de concentrarnos disminuye. ¿Tiene culpa lo virtual o es que nos ha encontrado sin amurallarnos? Un científico decía hace bien poco que los humanos del futuro (unos doscientos años) tendrán ojos más grandes, dedos más largos y… menos memoria.

¿Menos memoria significará menos capacidad crítica, menos condiciones para recordar de dónde venimos y a dónde era que íbamos?

¿Sigue habiendo líneas rojas entre lo real y lo virtual? Porque las fronteras son cada vez más difusas y ese futuro con Internet integrado en nuestro quehacer diario lo estamos habitando ya. Esto es así porque ni siquiera reparamos en él. Llegó picando espuelas y llegó para quedarse.



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Entre lo real y lo virtual ya no hay líneas rojas.

Lo que encontramos en Internet lo percibimos como real y quienes nos encontramos por aquí nos percibimos, por supuesto, como reales.

¿Qué alcance tiene esto? ¿Podemos empatizar (y no solo simpatizar) con esa persona que no nos hemos encontrado frente a frente y que no sabemos ni cómo respira?


Un panorama más que complejo
Como adelantaba en el post de la semana pasada, escribo una reflexión-ensayo sobre booktubers.

Un inciso para los neófitos: decir booktuber es como decir youtuber de libros. Publicitan las lecturas que les han llamado la atención a través de YouTube. Me fascinan porque son una comunidad lectora, muy lectora, y son quienes heredarán el testigo literario: unos cuantos de ellos escriben ya y otros muchos están pensando en hacerlo. Pero es que además “conectan” como ya nos gustaría a más de uno con una audiencia literalmente hipnotizada desde vídeos en los que no es tanto su discurso como su derroche de gestos, tonos de voz, simpatía, complicidad.  

No escribo solo sobre booktubers, que podría bastar con lo que hay en Internet, sino sobre los modos en que nos estamos comunicando desde que lo virtual nos ha asaltado con tanta interrupción y atropello. Y lo hago porque me interesa saber cómo creen los booktubers que les afecta, herederos de un futuro cada vez más próximo.



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Portada de la reflexión-ensayo

Nos demos cuenta o no, vamos creando contenidos en medio de lecturas erráticas, notificaciones de redes y canales a los que estamos suscritos (los booktubers, a muchas redes y canales), whatsapps...

¿Qué resultados arroja todo esto? Me interesa saber si nos volvemos más inteligentes o... todo lo contrario. O si estos nuevos modos de acercarnos a la lectura en realidad no tienen nada que ver con la inteligencia. 

¿Y cómo se lo monta esta legión de amantes de la lectura que va tan liada como nosotros o más?

Porque estudian o trabajan, asisten a presentaciones, algunos (ya lo he dicho) escriben blogs, narrativa, leen lo indecible e incluso se desafían entre ellos para hacerlo en tiempo reducido, editan sus vídeos; digo yo que además deben tener familias, novios y novias y otras aficiones.

¿Hacen diferencias entre el mundo online y el offline?

¿Les afecta este escenario de asaltos y amontonamientos? ¿Se blindan de alguna manera para preservarse de más y más compromisos?

¿Son más inteligentes que las generaciones precedentes y por ahí se libran un poco?



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Imagen tomada de Internet

¿Hablará de ellos la historia?

¿Cómo se administran en este mar de exigencias, algunas impuestas desde dentro y otras impuestas desde fuera, estos nativos digitales?

¿Y nosotros, ingenuos saltarines de un lado y otro de esa línea difusa, que nacimos analógicos y nos hemos aupado a lo digital? ¿Somos capaces de mantener la atención, de entregarnos con ganas a la lectura de un libro de setecientas páginas sin dibujitos y sin que nos acometa ansiedad por consultar el móvil o revisar la cronología (time line) de nuestras redes?

Muchas preguntas. Demasiadas. No nos vendría mal responderlas.

Rescato esta cita atribuida a Napoleón de una amiga que lo leyó en un periódico días atrás: 


"Una cabeza sin memoria es como una fortaleza sin guarnición".



¿Hacia dónde estamos yendo?
Los seres humanos tenemos un 99,99% de ADN común, muy próximo al que compartimos con los animales y bastante alejado por cierto del que compartimos con las máquinas. Pero cada vez es mayor y más estrecha nuestra relación con ellas. Ha habido películas (Her, de Spike Jonze) en las que una persona (Joaquin Phoenix) se enamora  de una máquina, Samantha (a la que ponía voz Scarlett Johanson). Maravillosa peli, por cierto.

De momento, solo algunas de ciencia ficción se han ocupado de hasta dónde pueden llegar esos vínculos (por ejemplo, de entre las clásicas que yo conozca, Blade Runner).

¿Y si las máquinas terminan aprendiendo a sentir a la vez que nosotros dejamos de reflexionar?

¿Y si en un futuro más evolucionado no tuvieran los prejuicios que tenemos hoy día los humanos?

Imagina un robot que pudiera enamorarse perdidamente de un abuelo de noventa años.



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¿Qué nuevas formas tendrá el amor?

¿Y si nosotros mismos acabamos siendo producto de las máquinas, tal como se veía venir en Zelic, ese libro escrito a cuatro manos entre Raiza Revelles y Sebastián Arango? Podíamos ir pensando en antídotos, porque a este paso la ciencia ficción se quedará sin su segundo sustantivo. Será solo ciencia, pura ciencia.

La actividad frenética nos empuja a reflexionar menos y a menos reflexión, menos capacidad de atar cabos, más dóciles y vulnerables a lo que nos digan.

Por el camino que vamos, todo puede acabar reducido al momento

Más permeables a qué tenemos y a qué no tenemos que pensar, sentir, decir, hacer. Por descontado, nada tiene con vivir el presente, no se me vayan a equivocar.


Una invitación
Si eres booktuber, si estás en esta onda inquieta y quieres participar en eso que me ha dado por llamar ensayo, escribe al correo que va ahí debajo y nos pondremos en contacto contigo.

Si eres editor y tienes relación con ellos, si eres docentemadre-padre de booktuber y te gustaría igualmente participar, ¡adelante!

Nos vemos en la Blogger Lit Com de este 2017, que es donde queremos presentarlo. 

El email al que te puedes dirigir es: fronteraesdrujula@gmail.com.


MARIAN RUIZ


*Este artículo, por si te pica la curiosidad, tiene 1676 palabras.

*Excelente noticia: hay quien sí ha encontrado, en sentido literal, compañero para ir de pesca gracias a Internet. Quizá no está todo perdido.

4 comentarios:

  1. Hola. Me gustó mucho la forma como acordaste este peliagudo tema. La verdad en ocasiones pienso que tan sólo pocos booktubers en realidad lo hacen porque amén el arte. Considero que para muchos es una moda. Una forma de llamar la atención o una moda. No quiero generalizar pero algunos leen y dan buenas críticas a libros que no lo merecen solo por quedar bien con las editoriales. Es demasiado complejo y me parece interesante el proyecto. Mucha suerte con él. Cuídate, Marian

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    1. ¡Hola, Piper! No es fácil reunir un muestreo lo bastante significativo. En todo caso, mientras el fenómeno es conocido en las redes, el gran público no ha oído hablar de él. Y debe haber booktubers de todo tipo y pelaje, muchos genuinamente interesados en la literatura y otros, quizá, en la popularidad, al rebufo de la "youtubermanía". Me interesa plantear la cuestión y que cada quien se responda; no juzgar. Por cierto, si conoces a quien conozca el fenómeno y quiera participar-opinar, ya sabes... :).

      Gracias, siempre, por tu interés y por tus palabras.
      Un abrazo, amigo.

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  2. Vaya Marian este es un artículo que tiene más incógnitas que respuestas. Es cierto que estamos en la era de la información, que hoy las personas tienen un mejor acceso al conocimiento, pero hay tanto que leer en este mundo web, que muchas veces nos perdemos, no sabemos qué hacer con tanta información y mucha la almacenamos para luego, y por supuesto que ese luego no llega nunca. Tengo una hija adolescente que adora los booktubers, ella es una asidua lectora y ahora lee en ingles porque es el idioma que está aprendiendo, de hecho el día de ayer fuimos a la biblioteca precisamente a buscar uno de los libros que una de estas booktubers había recomendado, y puede que muchos de estos nuevos lectores digitales hagan esto por moda, pero sea como sea, son personas que siguen apostando por el libro en mano y no por textos cortos y pasajeros.
    Un abrazo para las dos grandes escritoras de Frontera Esdrújula.

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    1. Que apuestan por leer es lo que interesa porque es la puerta hacia nuevas posibilidades. Conozco booktubers muy interesantes, con espíritu curioso y crítico, y me lleva a recordar que cada generación ha solido albergar grandes dudas sobre el deterioro moral de la que le sigue, cuando el caso es que de todas surgen personas interesantes.

      Estoy fuera estos días y en cuanto esté de vuelta en mi casa te escribo más despacio.

      Dos abrazos, querida Eliana, de esta Frontera Esdrújula que agradece en lo que vale cada una de tus palabras.

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