miércoles, 4 de enero de 2017

Un año que empieza para algo



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Dos cosas.

Una: he estado mirando artículos que cerraban el anterior y alguno que abría el nuevo y advierto cambios: ya no se le pide tanto al año (¿habremos aprendido que no se entera, tan bebé como es?) y sí nos pedimos más a nosotros mismos. Sin marear tanto la perdiz.

Nos vamos haciendo mayores.

He confesado mis inquietudes respecto a este blog y no son muy distintas de las que tienen otros blogueros veteranos. A saber: cómo conseguir más visitas, cómo hacer que esas visitas se conviertan en seguidores, cómo convertir a los seguidores en suscriptores, cómo hacer que los suscriptores pasen a ser admiradores rendidos a los irresistibles encantos de quienes les hacen guiños desde el teclado.


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Anhelos de ser leídos, de dar con la clave que seduce. Todos, sin distinción, cual pavos reales desplegando su mejor plumaje. Si no eres bloguer (bloguero o bloguera), no conoces la sensación angustiante que da no saber si alguien te leerá.

La pega es que acaba habiendo contenidos muy similares y no siempre impecables desde el punto de vista de la edición y la ortografía, por ejemplo.

Para triunfar, dicen, hay que escribir artículos larguísimos (¿alguien, de verdad, con el corazón en la mano, se lee varios artículos de 3000 palabras cada día y lee literatura, además? ¿Y cuándo escribe? ¿Y cuándo hace otras cosas?); dicen también que hay que hacer regalos para promover la suscripción, saber mucho de marketing y posicionamiento SEO y publicar una barbaridad.

Como dos veces por semana.

Vale. Eso sí lo hacemos .

Al resto de obligaciones le damos una importancia relativa aquí. Quizá porque creemos más en un proceso que va poniendo las cosas en su sitio que en volanderas varitas mágicas. Quizá porque no somos "marketinianas" ni “seoítas” (aunque puede que nos arrepintamos, que nunca se sabe).

Pero queremos mantener nuestra subjetividad y no caer en trampas que serían fáciles. Esto, por supuesto, tendrá su coste y nos pondrá a nosotras en nuestro sitio. Digamos que lo nuestro es más filosófico, un poco más poético, y pretende estar más centrado en lo que hacemos con la palabra. 

Como si el prodigio estuviera contenido en ellaComo que el prodigio está contenido en ella¿Le importará esto remotamente a Google? 


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Nos va a tocar crecer como el año o como hace la naturaleza con las estaciones: sin apresuramiento, abierta al futuro. A sabiendas de que nuestro público objetivo ni tiene veinte años ni frecuenta tanto las redes, luego la progresión será menor que la de quienes han crecido en este mundo online o vienen dedicándose al marketing.

Marketing… una suerte de prodigio impulsado años atrás que ha producido más maestros que champis en época de lluvias. Una idea que tuvo el acierto de llegar a tiempo y que fue y sigue siendo muy aprovechada.


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Si alguna vez nos la tenemos que envainar, sin problema, que no hay como ver las cosas claras. Aunque en el puro acto de escribir esto, personalmente tengo ya una recompensa.


Dos: otro asunto que me trae y me inquieta más es con cuánta seriedad nos tomamos las palabras (las que decimos, las de los buenos propósitos, las que nos damos). Eso sí entronca con lo que nos proponemos aquí. No somos números, no queremos ser ecos de las voces de otros ni meras consumidoras de contenidos. Buscamos hacer valor de nuestra propia voz, empeñadas en seguir intersectando ambos mundos.

Si resulta que nos creemos más conscientes  si nos horroriza la mediocridad, nos corresponde a todos— hacer algo que debería ser de obligado cumplimiento: no dejar arrinconadas las posibilidades que nos ofrecen las palabras para salir de la grisura de la existencia, para empezar a ponerle colores distintos.


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La palabra no es algo que tenemos sino algo que somos, algo que los antiguos tenían claro hasta el punto de que darla bastaba, hacía innecesario cualquier documento. Ahora, en cambio, hay hasta quien expresa propósitos y en lugar de empezar a poner ladrillos o a asfaltar el camino, le pide al año que se los cumpla.

Es como enviar un correo al gimnasio confesándole que queremos adelgazar pero que como no apareceremos por allí, se las ingenie como pueda para ponernos la panza en tabla rasa.

Cuidar de la palabra es cuidar de todos nosotros, de este material que somos, de nuestro proyecto de vida. Me parece una cuestión de salud social, de congruencia, de coherencia (eso que les pedimos a los políticos y que nos indigna ver que tienen en números rojos; si me apuras, es lo único que los políticos tienen en números rojos). 

No es retórica. Hablo de algo muy serio.


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El lenguaje es como una red que conecta nuestro mundo íntimo con el mundo externo. No es igual decir “eres un desastre” que decir “ahí te has equivocado”. Ni lo es decirme “soy idiota” que decirme “ando muy despistada últimamente”. Se han hecho muchos experimentos que demuestran el impacto que tienen las palabras en nuestra fisiología.

¿Has visto lo que hizo Masaru Emoto con el agua?  

Pues igual. Ahí va un ejemplo:

Un grupo de voluntarios se expuso a la visión de palabras de tipo negativo como "horrible", "difícil", "pesado", "desagradable", "imposible", "incapaz". Seguido, se les tomó una muestra de saliva que se sometió a una prueba de radioinmunoensayo.

A continuación pasaron por otra experiencia igual pero de signo contrario, con palabras en positivo: "precioso", "fácil", "ligero", "agradable", "posible", "capaz" (u otras parecidas).

Se compararon los resultados de ambas vueltas: hubo un descenso en los niveles de cortisol (hormona del estrés) en las muestras de saliva de la segunda tanda.

Y el cortisol, por si no lo sabes, es un ladrón de energía. Los cambios que opera en nuestro cerebro son… dramáticos. Y ya que no podemos deshacernos de las palabras de corte negativo, sí podemos poner atención, cuidar las que utilizamos y discriminar cuándo se vuelve imprescindible echar mano de aquellas.

¿Hiciste una lista de propósitos para este año? ¿Viste la que 2017 hizo para nosotros? 


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Toca sumar sus propósitos a los nuestros, ponerse a prueba, poner bajo control a ese feo saboteador que llevamos dentro.

En algún texto bíblico decía "y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros". No hace falta ser religioso para verle sentido. Basta con ser ético y reintegrar a la palabra el valor que siempre debió tener puesto que vivimos en ella.

Por supuesto: también yo tomo nota. Y termino con esta viñeta que ha circulado por la red y que resume la idea central de este artículo: 



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Marian Ruiz

20 comentarios:

  1. Marian: me gusta el enfoque que les has dado al tan socorrido tema de los propósitos en estas fechas. Me he reído con el ejemplo del correo al gimnasio.
    Comparto tu opinión sobre la importancia de cuidar las palabras, no sólo a la hora de transmitir algo a otro sino también en nuestro diálogo interno. Podemos a veces, sin darnos cuenta, caer en la trampa de contarnos cosas negativas que nos desmotivan o frustran. Cuánto más seremos capaces de hacer y con cuántas ganas si dejamos de decirnos que el día ha sido horroso o que somos inútiles para algo...
    Y en cuanto a los consejos marketininanos, yo he decidido seguir los que me parecen útiles pero sin exagerar ni obsesionarme. Por ejemplo, si mi blog va de productividad, entre otras cosas, no puedo pretender que mis lectores pierdan cada día tiempo en leer posts de 3000 palabras... además de que no me daría la vida ;-)

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    1. Qué interesante aportación, Dorit, y qué lúcida. Si por algún lugar debiéramos comenzar a reciclar es precisamente por ese diálogo interno, efectivamente.
      Y en cuanto a escribir artículos kilométricos, que sean sin perder de vista el público objetivo y la frecuencia de las publicaciones o empezaremos a correr despavoridos...
      Algo me dice que tú no enviarás correos al gimnasio. ¡Enhorabuena!

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  2. Sí. Muy buena entrada. Me ha gustado mucho. No soy de los que tienen propósitos. Más bien tengo tareas pendientes. Esas sí debo cumplir, mientras que los propósitos son como sueños y anhelos, en ocasiones fantasiosos. Buena entrada

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    1. ¡Hola, Piper! Bienvenido a esta casa literaria. Creo que haces hincapié en algo importante: qué sueños son para cumplir y cuáles vale más que se mantengan en el terreno de la fantasía (que es donde hacen su función). Tareas pendientes, propósitos... Quizá es cuestión de medida: algo me inspira, algo me gusta hacer y las tareas tienen la finalidad de ir acercándome. Sospecho que eres de los que plantan flores para cosechar flores. ¡Felicidades! :D

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  3. otro año y siempre se quiere hacer algo con él, pero al final casi siempre terminamos igual, mientras no sea peor, creo que las cosas se van dando a medida que vamos necesitando.
    Feliz año.

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    1. Querida Amparo: ahí estamos, enderezando el rumbo siempre para que no se nos vaya la nave a pique. Al final, puede que solo se trate de eso. ¡Feliz año también para ti!

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  4. Mi querida Marian siempre es un placer leerte, y como siempre, nos traes dos vertientes que parecieran se unieran pero a la vez se separan, además porque ambos temas en este post están unidos por el poder de la palabra y se desvían en correspondencia.
    Para los que amamos las palabras y sabemos que son mágicas y a la vez poderosas, sabemos también que un post como este tiene el objetivo de hacernos reflexionar, sobre todo con esta última imagen que nos regalas, y yo digo que por supuesto que va haber flores porque todas las buenas personas que nos conectamos, al menos por este medio, estamos sembrando flores en nuestro jardín personal, y lo mismo pasa con nuestros blogs, a mi me fastidia seguir la regla del límite de palabras y el bendito SEO, cuando tengo reglas dejo de ser espontanea, dejo de escribir con mi esencia y empiezo a escribir para un público que quizás ni se llegue a acercar por mis letras, mi blog tiene lectores de siempre que se han vuelto lectores esporádicos, y tiene lectores esporádicos que se vuelven lectores permanentes, y está bien, en el mundo del internet hay tanta información que es difícil serle fiel a un mismo blog, yo escribo para mi, y quien quiera leerme las puertas de mi blog siempre están abiertas para lectores ocasionales y para visitantes de una noche y hasta para quienes no quieran leer.
    Que tengas un maravilloso 2017 lleno de muchas flores.

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    1. Eliana, te voy a nombrar comentarista oficial de mis posts. Todas estamos sembrando flores porque sabemos que si en algo podemos confiar es en nosotras mismas y en el valor que tiene que así sea. Como que los milagros los generamos con nuestro esfuerzo (a veces, decidido; otras, sutil). Quién dice que incluso las obligaciones que plantea el SEO no puedan ser modificadas por la intervención y el uso que hagan de las reglas los propios usuarios... A lo que una no puede fallar es a sí misma porque, al final, la cabra tira al monte y por sus huellas se la reconoce.
      2017, tan nuevecito aún. Sé que se va a sentir orgulloso de nuestro jardín común. Abrazos, querida amiga.

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  5. Qué bonito Marian!!
    Me flipa el experimento de Masaru Emoto. Desde que lo conocí, hace años, cambié mi forma de hablar, a mí misma y a los demás. Claro, hay madurez y tiempo que me ha pulido, pero el crecimiento, la mejora que siento, la forma en tratar a los demás, desplegó cuando empecé a cambiar las palabras.
    Darnos permiso para querernos y protegernos a nosotros mismos, igual que cuando protegemos a un niño pequeño cuando vuelve del colegio con el terrible drama de haber perdido su borrador... Cualquiera con dos dedos de frente le dirí: tranquilo, cariño, no pasa nada. Lo solucionaremos : )
    Y a nosotros mismos, ¿qué/cómo nos hablamos? ¿Nos dedicamos estas palabras de ternura?
    Es un tema que da para mucho, Marian.
    Me quedo con la parte final, los propósitos que el 2017 nos tiene preparado.
    Saludos, y Feliz año!

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    1. Nos hace falta mucha pedagogía en esa dirección, Pilar, y para eso es fundamental empezar a interactuar desde otros lugares, y primero, por nosotros mismos, que tenemos un niño interior, una niña interior que se mueren de frío. Me alegra saber que también plantas flores, aunque afuera hiele.

      Un abrazo y ¡feliz todo lo que venga!

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  6. Hola guapa! preciosa forma de describir los propósitos para este año. Comentarte que también he leido que cuantas más palabras, más le gusta al amigo google el post pero eso de escribir más de 1000 me supera (normalmente supero las 300 con dificultad) eso por no decir que a los dos párrafos mucha gente pierde el interés.
    Por otro lado, vi el video que pusiste de Masaru Moto y, de verdad que aluciné, siempre he creido que somos energia y transmitimos energía y este experimento, igual que el de la saliva, prueba que tendríamos que tener cuidado con lo que transmitimos. Besos!!

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    1. Gracias por tu comentario. Mira que yo tiendo a textos largos (pueden rondar las 1000-1500) pero reconozco que sobrevuelo todo aquello que sobrepase esa cantidad y no porque no quiera, sino porque tengo tantísimo que leer, que a veces lo guardo... y lo olvido. Una pena. Me mortifica pensar que pueda pasarle a alguien con lo mío.

      Lo de Masaru Emoto es de alucinar. Y lo de la saliva. ¡Nos tenemos que aplicar el cuento! Un abrazo, María, y de verdad, gracias.

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  7. Me ha gustado este post y tu forma de escribir los propósitos para este año.
    Las palabras tienen poder, son mágicas, ya que no es lo mismo decir una cosa que otra y además va implícita tu energía, lo que quieres decir con ellas
    He leído de muchos experimentos como los que cuentas, en los que se ha demostrado que las palabras cambian la composición del agua. O sea que para mi tenemos que honrar las palabras que decimos y ser consciente de lo que decimos y de como lo decimos.
    Un fuerte abrazo

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    1. Ay, Odina, es que nos pasamos de pedigüeños. Cuando somos críos, a papá y mamá, y cuando crecemos, a Dios. En ese sentido, quienes no creen lo tienen más fácil porque sin remedio se lo tienen que pedir a sí mismos... pero quizá se lo piden "al azar".
      Honrar las palabras que decimos y honrar las que "nos" decimos, después de haber puesto buen cuidado en ellas. De eso se trata. Y de creer que somos los artífices del camino, que para eso nos han dotado de talentos.

      Otro abrazo fuerte para ti.

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  8. Que divertido es leerte, cara a un nuevo año nos llenamos de deseos y metas por cumplir, y por supuesto aquellos que tenemos blog creo nuestros objetivos se asemejan.
    Tener objetivos claros es la base para ir por aquello que nos hemos plantado a la llegada de un año nuevo. Estamos para crecer y aprender de aquellas cosas que hacemos y decimos.
    Yo también me quedo boca abierta con eso de leer o publicar un post con mas de 3000 mil palabras, en pocas palabras es leer un libro.

    Saludos.

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    1. A veces no es fácil determinar objetivos, concretarlos, sobre todo, si la aventura es nueva por completo (ahí está su gracia, por otra parte, y así crecemos, como dices). Que las palabras y la paciencia nos asistan, que del resto nos iremos encargando.

      ¡Gracias por tu reflexión, Alexa! Un abrazo.

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  9. Guapa, excelente reflexión, la verdad es que nadie que no sea blogger entendería lo que dices de lo que esperamos, lo que queremos hacer y lo que tenemos después de tanto trabajo. Sin embargo como la viñeta dice si plantas flores eso es lo que verás en tu futuro, no hay otra opción, puede que tenga espinas, que se demoren un poco en salir que a veces florezcan y otras se marchiten, pero estarán ahí porque tú hoy estás haciendo un trabajo para ello. Genial :)

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    1. Mira que lo dices tú, Diana, que tienes perfectamente definido tu público objetivo y plantas las flores que le gustan. Con la ilusión de tener un jardín nutrido estamos nosotras, y en la confianza de que las fragancias lo alcancen y atraigan. Será como dices, porque ahí estamos, reponiendo continuamente para que no falten. ¡Gracias por tu ánimo!

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  10. Hola!Me gusta mucho el enfoque que le das a tus propósitos, yo particularmente este año los propósitos me los tomo con más calma, solo pido más tiempo para mi, para salir, ver mas a mis amigos,cuidarme más ...
    No conocía nada sobre el experimento de Masuru Emoto, pero me parece muy interesante, lo cotillearé por internet.Muchas gracias por tus palabras!un beso

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    1. Te aplaudo el gusto, María. Al final se trata de buscar aquello que te da vidilla, lo que te impulsa y te hace sentir que esto vale la pena. ¡Y a dejarte inspirar por Masaru Emoto, que está en esa línea de cuidar y cuidarse!

      Gracias a ti. Un beso.

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