sábado, 7 de enero de 2017

La exactitud poética del OuLiPo

Marieta Pancheva, Babelitos, OuLiPO, oulipo

Según la RAE: “Se excluyen definitivamente del abecedario los signos ch y ll, ya que, en realidad, no son letras, sino dígrafos, esto es, conjuntos de dos letras o grafemas que representan un solo fonema. El abecedario del español queda así reducido a las veintisiete letras siguientes: a, b, c, d, e, f, g, h, i, j, k, l, m, n, ñ, o, p, q, r, s, t, u, v, w, x, y, z.
El español se asimila con ello al resto de las lenguas de escritura alfabética, en las que solo se consideran letras del abecedario los signos simples, aunque en todas ellas existen combinaciones de grafemas para representar algunos de sus fonemas”.

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Ni una letra menos. Aunque con mi dificultad innata de pronunciar la erre, siempre me he preguntado qué pasaría si desapareciese. Así, sin más. Sin dejar rastro.
La erre o cualquier otra letra. Tendríamos que reconstruir nuestro discurso para no echarla demasiado en falta.
De ahí mi interés por el OuLiPo, que según la fuente más inmediata (Wikipedia) es “el acrónimo de «Ouvroir de littérature potentielle» o en castellano «Taller de literatura potencial», un grupo de experimentación literaria creado en 1960 y formado principalmente por escritores y matemáticos de habla francesa, que buscan crear obras utilizando técnicas de escritura limitada (Littérature à contraintes)

De hecho, creo que es el movimiento literario con el que más me identifico y en el que he basado prácticamente toda mi creación literaria, aun de manera inconsciente, sin yo misma saberlo.
OuLiPO es procedimiento de creación, literatura potencial y simetría.
Es exactitud, juego y límite. Es traspasar el límite más allá del horizonte.
Es la obsesión por la inspiración, perseguir la inspiración, con brújula y mapas.
Es encontrar la fórmula para atrapar el sentimiento y nombrarlo, numerarlo, colocarlo en el lugar exacto.
Es la huella que deja toda palabra y el hueco que deja la letra que falta.
Es conversar con el papel en blanco y cambiarlo de color.
Es encajar y experimentar.
Es el espacio que triunfa sobre el tiempo.
Es innovación. 
Es reto.
Es «constricciones» y método formal de escritura, basado más en la forma que en el contenido.


Georges Perec, oulipo, OuLiPo

Dicho así todo esto, es complejo y diferente. Gusta o no gusta, sin término medio. 
Es para el lector curioso que anhela el color exacto en medio de todos los colores. 
Es literatura de inspiración matemática en la que encajan la Divina Comedia, Rayuela y Alicia en el país de las maravillas
Es Georges Perec y su La vida instrucciones de uso, son sus movimientos estructurales de salto de caballo de ajedrez, tan sublime y único. 
Es Italo Calvino y su El castillo de los destinos cruzados o Las ciudades invisibles, que para mí son parte de una simetría universal. 
Es Raymond Queneau
Son tantos escritores, sobre todo hombres. 
También por eso me llama poderosamente la atención. Por su complejidad y por su número reducido de mujeres. Y me pregunto por qué. 
Siempre me han atraído las matemáticas y sus infinitas posibilidades. Se me daban muy bien hasta los trece años que es cuando decidí optar por las letras y dejé olvidada la lógica de la exactitud. Pero sigo comprando cada libro que sale sobre los números infinitos, sobre los finitos, sobre todos los misterios que considero alcanzables e inalcanzables a la vez. Forman parte de mi biblioteca, ocupan un lugar exacto y privilegiado y no necesito entenderlas para quererlas. Las quiero sin más. 
Y cuando hace años, muchos, asistí a un seminario de literatura y matemáticas supe que había más personas que se interesaban por la poesía de los números, por el justo lugar de la palabra. Y fue la primera vez que dejé de sentirme tan rara. Rara, palabra escrita. Porque si la pronuncio, sí que suena rara de verdad. 
Supe de OuLiPo, supe del privilegio de Francia por ser su cuna. Y supe que en España apenas es conocido como movimiento. 
Es la exactitud de lo infinito. Por eso me afano en buscar nuevos caminos, nuevas simetrías, nuevas formas de escribir, aun sabiendo que no alcanzará a muchos lectores. No es lo que me preocupa. Me preocupa dejar de experimentar, dejar de innovar, dejar de buscar el sentido de lo que aún nos falta por comunicar. Porque no sé si está todo dicho, pero sé que no están inventadas aún todas las formas de expresión.

Marieta Pancheva, OuLiPo, oulipo



Marieta Pancheva

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