miércoles, 11 de enero de 2017

El ego del escritor


escritores, autores, ego, pblicar, fama, admiración


Si hay un animal complejo en el mundo de los seres vivos, se llama escritor. Un escritor es un espécimen capaz de hacer malabares con las palabras y, a su vez, con los ánimos de quienes le leen. Los griegos le llamarían demiurgo por su facultad de tender puentes entre musas y humanos.

Tiene que ver con la íntima y gozosa sensación de hacerlo bien. Se supone que si uno tuviera la certeza de que es malo de morir, no osaría. Luego, si acaso, vendrán las cosas a ponerle en su sitio y los puntos a coronar las íes con esa mano implacable y severa del futuro, que condenará o liberará y no siempre con justicia. Tiene que ver con que le digan que escribe tan bonito que parte en dos el alma del lector. (Bueno, con que escribe muy bien también vale). Tiene que ver con cosas así, prosaicas.

Hay tantas razones por las que uno escribe como autores que en el mundo son, han sido y serán, pero si eliminamos las más usuales (porque soy un mandado de las musas, porque tengo mucho que decir, porque en mi casa siempre me han dicho que escribo bien, porque gané un concurso de Coca-Cola con quince años, para ajustar cuentas, para consolarme de cosas jodidas), si eliminamos todo eso, decía, puede que la razón de fondo sea por que me lean, para que me lean. Porque mi ego se viene arriba.


Una motivación exclusiva y común 

“Que me lean” puede ser la única y exclusiva razón que subyace en esos fondos. O no publicarían.

La primera vez que escribes y alguien te dice “qué bonito”, “cómo lo dices” o “me encanta” estás perdido. Ese día empiezas a mutar, a ser otro. No tiene que ver con tu aspecto exterior, sino con una serie de excrecencias internas que no reconoces pero que son absolutamente tuyas, como las ramas de ese roble que aun desnudo se sabe poderoso. ¿De dónde salen? Del tronco. De tu tronco. Y vienen alimentadas por raíces similares a las suyas: robustas, profundas, bien incrustadas en la tierra.


escritores, autores, ego, pblicar, fama, admiración
¿Ego yo? Lo que tengo es un lustre muy aparente
y vosotros, envidia cochina.

El último en enterarse suele ser el propio escritor*. ¿Por qué? Porque no se ve ramas ni raíces. Le pasa como a cualquier otro ser humano a quien le dices que tiene un problema con su ego, tan ancho que no deja ni un diminuto resquicio para el ego de los demás. Y responde indignado: “¿Yo? ¿Ego yo? ¿De qué?”.

Tú no eres escritor o escritora propiamente dichos, pero escribes, y si dices que no te importa si te leen o no, te engañas, porque estás yendo de camino, haciendo progresos, porque es tu pretensión en mayor o menor grado, así que puede que con carácter de futuro también me esté refiriendo a ti (yo misma puedo no estar libre de pecado).



Confundir al artista con su obra

Te llevas chascos. Te enamoras de sus obras y crees que si han escrito eso que te ha dejado del revés, es porque proceden de la pata de Júpiter y son amables, filántropos y con una capacidad de ahondar en ti que solo con mirarte advierten tu devoción por ellos.

Y sí, la advierten, pero es porque babeas y vas dejando rastro.

Son seres humanos. No más divinos que tú. 


escritores, autores, ego, pblicar, fama, admiración
Yo, cuando me entero de que mi escritor favorito
ha sacado un nuevo libro.

Hay una tendencia generalizada a confundir al artista con su producción y pasa en todas las áreas del arte. Podemos recordar las opiniones políticas de Borges sobre la guerra del Vietnam o sobre la situación de los negros en Norteamérica, con los mismos sesgos que las de cualquier hombre común y corriente; o las de James Ellroy, con su egolatría y su fascismo declarado, o las de Clint Eastwood, con su apego a las armas y su defensa de quienes electrocutan a congéneres como medida de higiene patria.

Sus facetas artísticas no han logrado que estos inspirados señores se vuelvan universalistas. Al hilo de esto, la prolífica escritora Margaret Atwood decía que “interesarse por un escritor porque nos gustan sus libros es como interesarse por un pato porque nos gusta el foie-gras.

Esta que escribe se ha llevado algunas decepciones con los patos. No puedes esperar que vuelen como las águilas y corran como los guepardos. Ya nadan, vuelan y corren como pueden. Es posible que ni estén interesados en nada más. Y a nosotros, si acaso, nos gustan sus hígados (a esta que escribe, ni siquiera).



¿Y es bueno tener ego?

Por supuesto. ¿Cómo, si no, hacer nada en esta bendita tierra que lo tiene como vehículo imprescindible?


escritores, autores, ego, pblicar, fama, admiración
Las ramas, cuando empiezan a sobresalir del cuadro.
Pero no pasa nada: todo está bajo control.

Bertrand Russell, escritor también y más cosas y también más humanista, decía que "los tres factores que mueven los destinos de los seres humanos son el deseo de amor, la búsqueda de conocimiento y la compasión por el dolor ajeno". 

De los seres humanos, decía.

Pero ese es un estatus que no todos los humanos comparten. Acceder a él (al ser) presupone un recorrido más complejo. A veces se confunde con escribir bien, con dar jugosas conferencias o con trabajar en oenegés. Otras, con una simple búsqueda de re-conocimiento, (un tanto desviada de lo que B. Russell defendía).

Todos, escritores o no, tenemos ego y mucha habilidad para maquillarlo. La autoestima de un escritor publicado se alza unos cuantos centímetros sobre el suelo. Eso sí: adopta un aire humilde. ¿Hace mal? En absoluto. ¿Cómo, si no, elevar su voz entre tanta parroquia ajena empeñada en desoír lo suyo? ¿Qué otra salida tiene que no sea auparse a una cierta atalaya desde donde ser visto, oído y, por supuesto, leído? Porque quienes le censuran su ego leen cada mosquita que sale de sus teclas, agazapados tras las pantallas para no ser vistos y pagarle con la aparente indiferencia de su silencio.

Larga vida, pues, al ego literario.


escritores, autores, ego, pblicar, fama, admiración
Tú, cuando me acabas de descubrir (más quisiera).

(Ahora bien, el escritor 2.0, bregado en redes, que solo habla de lo suyo, lo suyo y lo suyo y no difunde más que lo suyo, me parece la perfecta sobredosis de sí mismo; ni considero que sea la forma de llegar a los lectores, ni es, desde luego, la forma de interesarme, que hay mucho donde elegir en el valle literario).



El empoderamiento del ego es otra cosa

Entre ser defensores a ultranza del propio territorio y sentirse una pieza más de una orquesta coral, hay un recorrido la mar de interesante. Es aprender a vivir con lo que cada uno sabe y de lo que cada uno sabe, construir la autoestima que se requiere para ser espontáneo y natural y que el autoinflamiento —real o fingido— deje de ser necesario.

¿Seguimos siendo animales peligrosos en estado de guerra o de supervivencia?

El camino que nos lleva más allá pasa por estar en contacto con algo más íntimo de nosotros mismos que, si acaso, lo expresa el ego. Creo empezaremos a ser conscientes de todo esto si evolucionamos los conceptos viejos (empezando por devolver a las palabras su sentido genuino).


escritores, autores, ego, pblicar, fama, admiración
Un artista con el ego ajustado y en contacto con su algo más íntimo.

Del lat. ego 'yo'.

1.    m. Psicol. En el psicoanálisis de Freud, instancia psíquica que se reconoce
como yo, parcialmente consciente, que controla la motilidad y media entre 
los instintos del ello, los ideales del superego y la realidad del mundo 
exterior.

Necesitamos la palabra para explicar el mundo, pero necesitamos redefinir muchos términos que se han ido desviando de su acepción legítima. "Ego" es uno de ellos y tendríamos que revisarlo si no queremos terminar a gorrazos (metafóricamente hablando; aunque eso sabemos hacerlo de todos los modos posibles).

En cualquier caso: larga vida a un ego más y más consciente cada vez y a las obras de los autores que nos hacen gozar, con independencia de cómo sean ellos de lúcidos y de conscientes. Porque ese, en todo caso, es su problema.


escritores, autores, ego, pblicar, fama, admiración



*Me refiero al escritor que puede defenderse como tal y no está sometido a la tiranía de editores abusones, que más de uno hay y a más de uno he conocido. Escritores que "al final del día encuentran felicidad en el par de líneas que pueden rescatarle a la frustración y el cansancio", como parece que vino a decir Erri de Luca en televisión (¡gracias, María Valdés!). 

Los egos de estos señores merecerán si acaso un artículo aparte o... mi indiferencia más absoluta. (Vamos a ser elegantes, vamos a no ser como ellos). 


Marian Ruiz


20 comentarios:

  1. Hola, Marian: me ha gustado tu reflexión. Creo que estar conscientes de nuestro ego es parte de conocernos a nosotros mismos. Y como dices, cuando escribimos, no hay nada malo en admitir que no sólo lo hacemos por los demás y que nos gusta cuando nos hacen cumplidos y así dan un subidón a nuestra autoestima. Y eso lo podemos aplicar a cualquier faceta de nuestra vida: el agradecimiento por un trabajo bien hecho o por una ayuda prestada, el cumplido por una charla o idea...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Querida Dorit: opino que si pretendemos un ser humano nuevo, tenemos que empezar por aceptar lo que hay, por ser honestos y no jugar al escondite. Quizá hasta redefinir el concepto de ego, tan denostado a veces. No deja de ser contradictorio (y muy poco amoroso para con nosotros mismos) que apreciemos el trabajo ajeno, que nos guste reconocérselo y en cambio, a la inversa, digamos que no.

      ¡Un abrazo!

      Eliminar
  2. Mi querida Marian,
    Desde hace un tiempo me puse el adjetivo de escritora, apelativo, o como quieras llamarlo, porque aunque no sea una de renombre ni mis libros estén en las grandes librerías del mundo, así es como yo me siento y lo disfruto y me apasiona, y escribo para publicar, para que me lean, sí, tal vez haya mucho ego en ello, pero si tú no te lo crees, ¿Quién podría creerlo?
    Es cierto eso que dices que detrás de cientos de párrafos plagados de absoluta riqueza se puede esconder una persona sórdida y ausente de sí misma que nunca ha sabido qué hacer consigo mismo y se lo ha dejado todo a las letras, y es mejor leer sus libros que mantener una conversación que termina decepcionándote y hasta dejándote en el limbo. Tenemos tantas caras mi querida Marian, y créeme, cuando escribimos, lo hacemos con una que solo el papel y la tinta conocen y que puede no se parezca siquiera a la vida misma.
    Un gran abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Querida Eliana: sospecho, efectivamente, que escribir no nos libra de nada ni nos hace mejores personas. También yo decidí llamarme así, más como declaración de intenciones que como indicativo de un recorrido público; eso sí, buscando a la vez ir haciendo práctica de esa coherencia que persigo.
      Gracias, amiga, por tu visita. Otro abrazo grande.

      Eliminar
  3. Hola Marian:
    Me ha encantado tu reflexión. Es verdad que el ego es un compañero difícil que no le gusta a los de tu alrededor. Mucho cuidado.

    Creo de verdad que si escribimos, es porque queremos que nos lean. Y todavía no encuentro qué hay de malo en ello. Si te expones, es para que te vean. No para que halaguen a la persona detrás de las palabras, sino porque estamos en un mundo tan segmentado, que todos tenemos algo que aportar a los demás. Y entregamos valor, cada uno con lo que sabe/puede y quiere.
    No creo que sea solo el mero hecho de "que me lean" sino de hacer sentir algo, ayudar, entretener o hacer disfrutar. Para ello, claro, que me lean : )

    Larga vida a blogs como el tuyo apra hacernos gozar, a buenos libros, buenos artículos y ojalá todos sepamos expresar aquello que llevamos dentro para dárselo a los demás.

    Un beso enorme!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Creo, Pilar, que entre no querer avasallar y que nos lea quien se guste de lo nuestro y dar la matraca con "lo nuestro, lo nuestro y lo nuestro", hay todo un trecho la mar de saludable.
      Por cierto, larga vida a lo tuyo ;), que invita a saltar de la cama y calzarse las bambas o las deportivas y salir a trotar.

      ¡Abrazote, deportista!

      Eliminar
  4. Hola! no creo que exista solo el ego del escritor... quizá se pueda englobar en el ego del artista en general. Cuando alguien hace algo que gusta, que llama la atención de los demás, es normal hasta cierto punto que se sienta por encima de ellos porque es capaz de hacer algo que el resto no. Escribir un libro que tenga aceptación y guste no es nada fácil... otra cosa es que el o la protagonista de dicho libro sea un amor y lo extrapolemos al escritor de turno dándonos una buena ostia de realidad jejeje. Me ha resultado muy interesante tu reflexión, gracias por compartirla. Besos!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Marian Ruiz23 de enero de 2017, 12:10
      No es solo ego del escritor, claro que no, pero es el que me interesa porque me estoy moviendo entre ellos y alguno he conocido que escribe como un dios y desmerece en "humanidad" normal y corriente. Interesante para derribar mitos a base, como dices, de darse ostias de realidad. Desde ahí se lo agradezco en lo que le toca, mira tú por dónde. (En cualquier caso, no hablaba de un autor de ficción, sino de alguien que escribe con hondura psicológica).

      Gracias en cualquier caso por tu comentario, María, y por tu sentido del humor. Un abrazo.

      Eliminar
  5. Hola Marian!
    ¡Qué forma de escribir más bonita que tienes! Y lo digo de verdad, no por lo que acabo de leer ;)
    Me quedo con dos reflexiones de las cuales no había sido realmente consciente hasta que te he leído: 1. Efectivamente empecé a escribir por los demás por compartir pero al recibir sus comentarios positivos y motivadores, me decidí a hacerlo público para ver si podía llegar y ayudar a más personas. 2. Hay escritores que no tienen nada que ver con sus libros, y es muchas veces una sorpresa negativa y otras positiva jejeje
    ¡Muchísimas gracias por tratar este tema desde este prisma del escritor!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Hola, Ana-Alma Viajera!

      Ponme aquí la foto con el perrillo babeando y esa soy yo después de leer tu comentario. Gracias por eso que dices que te gusta ;D.

      A veces es ofrecer ayuda; otras, compartir aficiones y gustos; otras, ¿solo fardar? La imagen de un escritor subido a su podio solitario me resulta paradójica por aquello de que su material es la palabra, y la palabra es para darla y para darse uno en ella. Eso me parece. Pero bueno, cuando no es así, quedémonos con la palabra y dejemos al del pedestal donde quiera estar, que está en su derecho.

      Gracias, Ana, de corazón.

      Eliminar
  6. Creo que todos escribimos por algo, a veces por desahogo, por plasmar en el papel lo que no nos atrevemos a decirle a alguien y si a alguien le gusta lo que se escribe y nos lo dicen, pues ayuda a la autoestima.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. También lo creo así, Amparo. Y creo que lo ideal (al menos, para mí) es que no hubiera grandes diferencias entre lo que escribimos y quienes somos. ¡Un abrazo, Amparo!

      Eliminar
  7. Ego, ego, nada nos hace más humanos que el ego. El asunto con él más que temerle o verlo como algo malo es reconocerlo, aceptarlo y tener en cuenta que todos tenemos uno, es parte de nosotros y es lo que nos hace únicos a la final, especiales y a veces tan complejos. Escritos sin ego creo que sería una mala combinación, el ego es necesario, el asunto es saber trabajar y vivir con él :D (Digo yo) :D

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. También lo creo, Diana. El asunto es redefinir ego y darle el lugar que le corresponde, confiarle la administración de la casa y las llaves, pero dejándole muy claro quién es el dueño (que no se suba a las barbas, como suele pasar si no se le pone a raya...). Abrazo, linda.

      Eliminar
  8. Muy buena reflexión. El ego es una característica humana no sólo de los escritores o artistas en general, aunque si, es cierto que cuando leemos algunos escritos que nos parecen geniales podemos pensar que el escritor también lo será, pero no siempre tiene porque ser así obligatoriamente, y puede ser que las ideas del autor o su forma de ser no nos gusten en absoluto Debe ser que dejamos volar la imaginación y pensamos que el autor/a es como nosotros soñamos. De todos modos siempre podemos disfrutar una obra independientemente de quien sea el autor o autora.
    El ego es una característica humana pero también está en nuestras manos ponerle limites y no dejar que se suba por las ramas, sino bajarlo
    Un abrazo guapa
    Odina

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Lo cierto es que escribir no nos hace mejores, una constatación reciente para mí, Odina, aunque sería deseable que entre nosotros y lo que sale de nosotros (sean palabras o lo que sea) hubiera coherencia. Mientras, pongamos a cada cosa en su sitio y no levantemos ídolos que, como dice mi suegra (de una manera un tanto escatológica), "mear y cagar, todos por detrás". ;D

      Otro abrazo para ti, Odina.

      Eliminar
  9. Hace poco lei que necesitamos tener ego, claro un ego saludable. ¿A quien no le gusta que le alaguen? A mi me gusta y siempre trato de llevarlo a lo positivo. Nunca esos primeros comentarios que me ayudaron a seguir creyendo en lo que hoy en día me apasiona con locura, escribir y escribir.
    Que pena que muchas veces mezclamos una obra de arte con el autor.
    Saludos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ahí está la madre del cordero: un ego saludable, que no camine solo por las alabanzas y que las alabanzas no le hagan creerse mejor que nadie por el mero hecho de tener este u otro talento. No siempre es así, pero ahí estamos, atentas como linces. De entrada, poniendo a raya el propio...

      Abrazos, Alexa.

      Eliminar
  10. Fantástico artículo, Marian.

    No veo nada de malo en compartir lo que a uno le nace de los dedos (y tal vez del corazón) y en que alguien lo valore y reconozca algo de valor en tus palabras.

    ¿Qué serían de las palabras sin alguien que quisiera hacer magia con ellas? Pues que posiblemente no acabaríamos descubriendo la infinidad de sentidos que pueden albergar.

    Las palabras necesitan de quienes se sienten cómodos con ellas, a quienes las necesitan para compartir a través de ellas lo que no son capaces de hacer en silencio.

    Un abrazo grande.

    Ali

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No es malo, en absoluto, Ali. Vivimos en mundos lingüísticos (sin palabras, ¿qué somos?) con los que creamos realidades, pero precisamente esa multiplicidad de sentidos provoca también malos entendidos. Si encima no nos ocupamos de acortar distancias entre lo que somos y lo que decimos... apaga y vámonos.

      Y dicho esto, voy a poner silencio y a compartir desde ahí.
      Desde ahí te mando un abrazo gordo.

      Eliminar