sábado, 14 de enero de 2017

Donde reside la inspiración

Marieta Pancheva, inspiración, escritura creativa, OuLiPo


¿Dónde reside la inspiración?

¿Es la pregunta? ¿La exacta? ¿Es dónde, cuándo o cómo nos visitan las musas?

Las musas…

Hay mucho escrito sobre el tema y cada uno defiende su postura. Algunos dicen que a la inspiración hay que buscarla, currársela cada día. Otros aseguran que viene de noche, en sueños. A veces se esconde, desaparece, vuelve el papel transparente de tanto blanco y ciega los ojos.

A veces nos enamoramos y con el enamoramiento viene la poesía, así de la nada. Otras, los sentimientos se marchan cogidos de la mano, así todos juntos, y nos quedamos solos delante la pantalla sin saber por dónde tirar. Estamos al acecho. De día y de noche.

Ayer me topé con un texto que había escrito hace años y que decía:

A veces dejamos que el espacio entre dos palabras nos absorba y, presos entre dos palabras, no conseguimos trepar. Porque hay palabras que no tienen letras. Y hay letras que no significan silencio. Entonces ponemos puntos y comas. Y nos creemos dueños de las palabras. Cuando en realidad son ellas las que nos poseen.

A veces creemos que juntar dos palabras es fácil. Una mera cuestión de saber encajarlas adecuadamente como si de un rompecabezas se tratase. Y olvidamos que hay palabras que también intentan combinarnos, unirnos en crucigramas. Para más tarde adherirnos unos a otros. Para más tarde quitarnos los verbos. O simplemente dejarnos estar.

Es entonces cuando el espacio entre dos palabras nos absorbe y, presos, intentamos averiguar si fue la primera o la segunda la que nos tendió la trampa. La primera o la segunda la que abrió la brecha y nos separó del resto. A partir de allí siempre habrá más palabras y menos nosotros.

Por eso hay que dejar que ellas salgan al acecho de noche. De noche y entre líneas. Dejar que nos atrapen y devoren. Porque solo de nosotros depende dónde queremos detenernos. Si antes o después del momento.


En mi caso sigue vigente. En mi caso, la inspiración reside en el mismo lugar oculto donde moran los sentimientos. Y, al igual que los sentimientos, considero que la inspiración no se educa. Hay métodos, teorías sobre el desbloqueo, sobre buscar dentro de nosotros. Desde escritura automática hasta meditación. Y conectamos, ya lo creo que conectamos, pero cada uno en un momento diferente y exacto. Está Raymond Queneau, sus Ejercicios de estilo y su OuLiPo. Está la música, el silencio, el paseo solitario entre las hojas caducas o con olor a hierba cubierta de rocío. Están las olas, las tormentas, el fuego. El amor. Y cada uno de nosotros se siente identificado con algo que solo a él le llama la atención. Escribir sobre la inspiración es algo único. Porque ella es así: indomable. Al igual que lo es el órgano que cobija nuestros sentimientos, que también para cada uno puede ser diferente. Algunos sienten con el corazón; otros, con la mente; otros, con el estómago, con el hígado, con los ojos, con los oídos.

Raymond Queaneau, OuLiPo, inspiración

Sentimos con diferentes órganos y cobijamos en diferentes órganos. Y cada uno encuentra su sentir y se deja guiar por él.

He asistido a muchos cursos, talleres, charlas, seminarios… sobre desbloqueo, sobre romper con el papel en blanco. Y recuerdo un taller en concreto que impartía una de las mejores poetas que he tenido el honor de conocer, que es Esther Ramón, y que tanto me transmitió con su voz, con su sensibilidad, con su mundo interior, con su música y su silencio. Un taller maravilloso al que íbamos unas quince personas. Cada uno de mis compañeros escribía desde lo más hondo de su ser. Cada sesión empezaba con música suave y en penumbra, con los ojos cerrados y la voz de Esther guiándonos. Y yo, que me sentía tan conectada, lo único que conseguía era romper a llorar y cuando las luces se encendían me quedaba escondida en mi interior sin poder reaccionar. Porque no era mi momento, porque sentía tanto que necesitaba quedarme sola para asimilar todo lo que tenía por dentro. Dejé el taller al cabo de los meses y aún siento la conexión. Y aún siento aquella inspiración y que tenía que seguir investigando.

A veces la inspiración nos rompe por dentro. Nos hace añicos. Es la única manera de darnos cuenta de cómo somos o cómo queremos ser. De cuál es nuestra música particular y cuál es el silencio que anhelamos.

Otra cosa que me ocurre y que ya considero parte de mí: si me dicen escribe sobre equis, no soy capaz. Ni en el colegio, ni en la universidad, ni en ningún taller literario. Hay algo dentro de mí que se rebela. O se revela. Si me dicen escribe sobre equis, acepto el reto, porque considero que por algo se me presenta. Pero en ese caso, en todos los casos, busco la conexión, me quedo siempre al acecho. Y despacio surge un camino entre equis y mis sentimientos, aunque equis se quede solo en una palabra y mis sentimientos ocupen el resto del espacio en blanco.

A veces cojo el diccionario y dejo que mis ojos se detengan sin prisa sobre la palabra que eligen al azar. Es ella la que me lleva a la siguiente. Y a la siguiente, y a la siguiente. Son las que me construyen. Son las que me dicen adónde, o a dónde, dónde y cómo. Justamente porque me preocupa si todo está dicho ya. Me preocupa repetir lo ya dicho. Por eso busco diferentes formas, estructuras, zapatos.

A veces sé que soy un simple instrumento en manos de algo que aún desconozco. Ese algo que sabe cuál es mi lugar y mi porqué. Es cuando me siento delante del papel en blanco y respiro. Y me digo que si no nace hoy es por algo. Que la inspiración es indomable. Al menos la mía. Al igual que indomables son mis sentimientos y el órgano que los cobija, que a veces está a la izquierda y a veces a la derecha dentro de mi tórax. Y a veces ocupa un lugar indefinido entre mis manos, justo después de tocarme los ojos y volver a convencerme de que no es con los que veo.

Marieta Pancheva, OuLiPo, inspiración


Marieta Pancheva

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