miércoles, 7 de diciembre de 2016

Otra manera de hacer la calle


trabajo, calle, barbería, soledad, voluntad
Fotografía: Xabier Iriondo

No sé si hace frío o hace calor: la foto no lo dice.

Lo que revela es un modestísimo lugar de trabajo y un almacenaje ofrendado por la bicicleta en papel de asistente solícita, ya que la bolsa acomodada contra la pared no da más de sí; en un mundo que no promete nada y que, en cambio, parece presto a arrancarte lo poco a la mínima de cambio.

Modesta barbería, mecida entre la voluntad y la confianza y proyectada hacia adelante, aun cuando el futuro pinta sombrío e implacable.


La arena tras la bicicleta habla también de reparaciones y provoca preguntas a las que no es posible dar fácil respuesta; al igual que las pinturas suspendidas un par de palmos sobre ella, que nos retrotraen a otras que descubrían el mundo y sus posibilidades por vez primera. Quién eres, cómo fue que pensaste en esto, por qué ahí, cuánto tiempo llevas, cómo te va el negocio, cómo te va la vida y qué reclaman esas huellas si es que reclaman algo, para qué la reparación y qué fugas buscas, tal vez, taponar. 

Preguntas y más preguntas no muy distintas de las que suscita la propia barbería.

Así de distinto es el mundo en algunos lugares, donde quizá no ha cambiado tanto. Apenas el invento de la rueda. O sí, porque el mismo aire no es el mismo de antes, sino un poco más viciado, y tampoco la luz es la misma, sino un poco más mortecina ahora por el freno que oponen los edificios. De otros inventos no se habla aquí, que ni están ni se les espera. ¿La soledad? También la de ahora un poco más sola, casi con seguridad. La incertidumbre, probablemente la misma.

Y a pesar de la modestia, no falta una silla adicional que aguarda a un cliente extra al que le puede tocar esperar. No es una silla cualquiera, sino de elegantes torneados y asiento rectificado, la silla de la dignidad, la de quien sabe que mimar a su parroquia es condición indiscutible para que vuelva.

Bien mirado, ¿y si la precariedad que veo no fuera más que un juicio mío? ¿Y si no fuera sino producto del abarrotamiento insolente al que está acostumbrada mi mirada?

Hay dos espejos. Grandes. Que el cliente pueda observar cómodamente cómo ha quedado su corte por detrás. Y dos ventanas por las que nadie mira. Quizá ni fueron hechas para mirar.

Soy yo la que mira y remira y se dice que todo está pensado para la misión encomendada: una bici, que asegura el traslado al lugar de trabajo; una repisa, que aguanta el bote de espuma y, con seguridad, un peine, unas tijeras, una navaja; una mascarilla, que cuelga azul y accesible y que será utilizada para respetar el espacio natural del cliente, que no se vea contaminado por los miasmas del profesional; un peinador o como quiera que se llame el cobertor para contener los pelos, blanco, que el especialista es limpio y se ha de notar; una toalla que debe aguardar en algún lugar; un cartel, destacado y visible, que anuncia el servicio.

¿Para qué más? Si, al fin y al cabo, yo que escribo y me devano los sesos y él que corta pelos y afeita barbas y todos, quienes leéis y no leéis esto, estamos de paso.

No sé qué horario tiene la barbería ni si atiende cuando el día ha caído: no hay bombilla de la que deducir este nuevo quebradero que asalta mi cabeza.


Marian Ruiz

16 comentarios:

  1. La sencillez, lo que llegamos a entender, lo que podemos conocer.
    Estudié turismo en la universidad y recuerdo un trabajo de sociología que hice: no me acuerdo el nombre del autor, pero defendía el turismo a lugares modestos, a ciudades sin modernizar.
    La tecnología, los avances informáticos, la velocidad, las ciudades.. El autor hablaba de la necesidad humana de viajar a sitios sencillos, lugares en los que nosotros, las personas, podíamos entender cómo funcionan las cosas, la mecánica sencilla y el estilo de vida modesto.
    Seria interesante retornos a vivir unos días en ciudades con estos negocios, con estos estilos de vida 😊

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    1. Muy cierto, Pilar, e interesante, sin lugar a dudas. Tenemos la arrogancia de pensar que el mundo es como nuestro barrio o nuestra ciudad y que todos los seres humanos viven más o menos como nosotros. A esto contribuyen los destinos que escogemos para viajar, tan iguales a lo que queremos ver. Arrogantes y equivocados (y con quejas continuas de lo que tenemos).

      ¡Un abrazo, ciclista! ;)

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  2. Nos han convencido (y nos hemos dejado convencer, aunque creo que cada vez un poquito menos) de que necesitamos tantas cosas superfluas que ya nos hemos olvidado de qué es lo que realmente necesitamos.

    Pueden pasar meses y meses y no nos lo cuestionamos. Exprimimos día a día bajo la presión del tic tac de las agujas del reloj sin prestar atención a aspectos tan básicos y elementales cómo qué objetos de los que tenemos en casa son realmente básicos para nuestra supervivencia. Seguro que ni un tercio de ellos.

    Me quito el sombrero por ese barbero que tiene muy clara su función y más claro aún qué necesita para llevarla a cabo. Me llevo una de esas lecciones que no nos enseñan en la escuela, tal vez porque no interesa.

    Gracias Marian.

    Un abrazo grande grande.

    Ali

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    1. No sé si hay algo que agrade más que un pensamiento que se toca con el nuestro. Sé que tu mirada también cuestiona y también pone en cuarentena cosas que mucha gente da por sentadas. Mi gratitud, Ali, y un abrazo largo.

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  3. Marian a mi me sorprende la capacidad que tienes para jugar con el lenguaje, para apropiarte de una foto que regala a la vista la mayor de las simplezas, y con ella nos proporcionas un maravilloso post como este.
    Yo creo que no hacía frio, en Latinoamérica abundan lugares como este, escenarios improvisados donde la gente desarrolla su oficio, es por ello que no lo asocio con el frio, y puede que el fotógrafo haya capturado un efímero instante en el que la silla estaba vacía, y puede que este humilde rincón guarde los secretos más escandalosos del barrio, y de seguro tiene mucha clientela, lo más probable es que hayan personas esperando al otro lado de la calle para ser atendidos.
    Soy de esas personas que no abogan por textos tan descriptivos, pero tú has usado aquí la descripción en su justa medida y has convertido una foto en un magnifico relato donde la suposición fue la gran protagonista.
    ¡Un abrazo!

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  4. El caso es que no debía hacer frío pero había llovido hacía nada, de ahí mi duda. He preguntado al fotógrafo y sí, era verano ;). No recuerdo sino hordas de gente en bicis y motos abarrotadas de enseres y seres humanos (casi se veían antes los enseres que los seres), pero no alrededor de la barbería. Aun así, espero que el negocio fluyera, por supuesto.

    Mi ventaja: ser forastera, no pertenecer a aquel contexto, poder hacer una mirada extrañada sobre aquello que se ofrecía y que hoy, tú, me digas cosas como estas. Gracias, Eliana. Otro abrazo para ti, de orilla a orilla.

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  5. como bien dices no sabemos si es sencillez o todo lo contrario. Depende del lugar dónde te hayas criado o de dónde vivas. Para mí es una barbería de postín. Además, la foto es preciosa.

    Un abrazo

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    1. Está claro que las cosas hay que valorarlas en su contexto. Yo me quedé en lo que se me ofrecía a la vista y es lo que valoro. Podría especular, pero me interesaba escudriñar la imagen, entrar en ella. De acuerdo contigo en que la foto es... chula ;)

      ¡Un abrazo, Lucía!

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  6. Hola
    Me gusta como eres capaz de analizar una foto hasta el más mínimo detalle. No todo el mundo lo hace, ya que a veces estamos tan centrados en nuestra vida y nuestros problemas que sólo somos capaces de mirarnos el ombligo.
    Si parece sencillo el ambiente, pero quien sabe, habría que hablar con el barbero y conocer su historia. Por cierto la foto es preciosa
    Un abrazo

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    1. Trasmito tu opinión al fotógrafo (se está poniendo hueco). Gracias, Odina. Lo cierto es que gracias a la palabra podemos explicar y explicarnos este tipo de experiencias, y acercarnos a ellas de otras maneras. Hubiera sido interesante conocer la opinión de un nativo al respecto.

      Un abrazo, Odina.

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  7. Que bonita forma tienes de hacer una simple foto un mundo de aventuras. A la verdad que a esto le llamaría persección, vemos y sentimos las cosas tal como somos nosotros, y al final todos con nuestra diferencia hacemos una mezcla de lo que entendemos por el complemento de lo que es el mundo.
    Saludos.

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    1. Cierto, Alexa, circula por determinados ámbitos una frase que dice que no vemos el mundo "como es" sino "como somos". Y me llamarán ilusa o romántica, pero trato de ver belleza siempre que puedo, quizá como una forma de añadir un poco de equilibrio a tanta mirada que solo nos trae desastres. Gracias, bonita, a ti.

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  8. La verdad es que yo veo en la imagen que el día estaba más bien frio, tal vez nublado porque sino tendría algo más de luz, aunque claro hoy en día como las imágenes las maquillan tanto, bien puede ser que le hayan quitado algo de brillo, una pena, si me preguntas :)

    Me encantan estos lugares, que con tan poco hacen tanto y sobre todo que son lugares llenos de encanto donde se hace lo que se tiene que hacer y no se busca más, no se aspira a nada más y eso es lo mejor de todo. Hoy en día hasta una peluquería requiere aparentar y tener todo lo mejor para ofrecer un buen servicio, cuando a veces lo único que se necesita es voluntad y una sonrisa :)

    Geniales reflexiones y se pueden sacar muchas más de una simple fotografía :)

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    1. Nublado, sí; frío, hasta donde hemos podido recordar el fotógrafo y yo, no. Era verano. Y la foto está sin retocar, tal cual se sacó.

      Lugares llenos de encanto que con tan poco hacen tanto: me quedo con esas palabras tuyas. Y con tu voluntad y tu sonrisa, que dicen tanto también. Un abrazo, Diana.

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  9. He encontrado sillas de la dignidad infinitamente más humildes que la silla vieja junto a la bicicleta, no son dignas porque sean sillones de lujo, son digas porque dignifican, porque quien se sienta en ellas es más que un número, un cliente más para llegar al tope mensual, hemos perdido la tranquilidad, ahora hasta cortarse el pelo es un trámite y como buen trámite debe hacerse de manera eficiente y lo más rápido posible, nos hemos convertido también en un trámite para el peluquero así que debe meterse prisa para desocupar pronto la silla reluciente, a mi dejadme de sillas dignísimas y traedme la silla rota que me dignifica.

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    1. Son dignas por lo que dices con independencia de todo lo demás, también lo creo así. Esta silla me conecta con la casa en la que me crié, muy modesta, pero no por eso dejabas de encontrarte una "araña" que iluminaba el comedor, un "lujo" que parecía estar de más y sin embargo ahí estaba, como queriendo decir "no somos menos; también sabemos apreciar lo bello".

      ¡Larga vida a la dignidad de los objetos! Gracias, Angie, por su defensa.

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