sábado, 17 de diciembre de 2016

Acuerdo o lo que ocurre con los relatos que quedan en el olvido

Braille, Marieta Pancheva, microrrelato
Pasos.


Me pregunto qué vida les espera a los relatos de los concursos literarios que no llegan a ser escogidos. Los relatos que se quedan en el olvido, a veces incluso en el olvido del propio autor. 

A veces escribimos para mantener la pluma engrasada sin más; otras, participamos en concursos que no son nada arbitrarios y en los que se premian más ciertas afinidades y compromisos con compañeros o conocidos que la propia valía literaria. Es cuando me pregunto sobre la vida de los que se quedan en el camino de ser finalistas y me nace rescatarlos para otros lectores o mejores condiciones. Como este que escribí con mucho cariño para un concurso que por sí solo me hizo preguntarme por esos contextos en que, más allá del favoritismo o de un compañerismo fuera de lugar, cuentan la presentación y la impecabilidad ortográfica, cada vez menos valoradas. Presentarse a concursos literarios, a veces, son simples pasos a ciegas.
Es un relato sobre una calle de Madrid que siempre me llamó la atención y que permanecerá en mi recuerdo. El número de pasos que dan los dos personajes corresponde al lugar exacto de la palabra en el propio texto. Así, el paso treinta y seis corresponde a la palabra 36, hasta llegar a 353 pasos, que era el título original del relato.


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Acuerdo

Dame la mano. Atravesaremos la calle despacio. Descifraremos con tus dedos las paredes que nuestros ojos acostumbraban acariciar y esta será tu noche de día. Tropezaremos. Te sujetaré y la calle seguirá tendida. Treinta y seis. Treinta y nueve.
Nos detendremos en cada esquina. En cada cruce de vías. Diseccionaremos cada ladrillo de cada muro atrevido. Seremos cubistas, vanguardistas, poetas sin prisa. Tocaremos farolas, árboles, rejas, vitrinas. Tentaremos papeleras y bicicletas encadenadas. Tantearemos coches habituales y migrantes.
Compartiremos errores, compondremos excusas. Justificaremos el dolor del accidente. Reviviremos los espasmos de todos los bordillos. Construiremos aceras nuevas. Dibujaremos calzadas por vivir. Diseñaremos adoquines solidarios. Nivelaremos los pasos de los viandantes, sus semáforos en flor… Y cruzaremos despacio. Ciento dieciocho. Ciento veinte.
Disfrazaremos con plumas los nidos vacíos del pavimento que el accidente levantó. Crearemos horizontes nuevos sobre otros existentes. Proyectaremos la mirada lejos y el Ave Fénix de Gran Vía volverá a resurgir en tus pupilas. Respiraremos. Y la calle seguirá dormida.
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Haremos el acuerdo. Nos volveremos frecuentes, instantes fuera del instante mismo. No nos rendiremos. Volveremos a transitar la arteria urbana, cuyo nombre tan romántico nos parecía. Ahí donde el accidente nos salvó de la ceguera del tedio acumulado. Doscientos. Doscientos dos.
Seré tus mapas nuevos, ávidos a cada paso nuestro. Llegaremos trémulos, precisos, al portal de nuestra casa. Subiremos las escaleras exhaustas y nos cobijaremos en la alcoba discreta. Ahí donde incluso cuando veías, te ibas quedando ciega sin necesidad de accidente alguno. Ahí donde nos volvimos clandestinos entre tanto olvido y rutina.
Haremos la digestión de los días clínicos y fecundaremos nuevas noches tras el acuerdo tácito. Y después te levantarás entera y recordarás la posibilidad del cambio. Tus manos hendidas y cansadas se volverán, poco a poco, más valientes. Y te darás una tregua antes de seguir pintando los abismos de tus días de noche.

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Resurgiremos en la calle del Acuerdo. Manifestaremos a gritos los deseos acumulados con el tiempo y reviviremos con ojos nuevos. Mientras algún vecino patalee a la espera de quedarse ciego. Mientras cualquier viandante anhele, entonces, la tranquilidad de tus párpados videntes.

Marieta Pancheva

2 comentarios:

  1. "Resurgiremos en la calle del Acuerdo", precioso texto, lleno de imágenes, de sensaciones...
    Hay que sacar esos relatos escondidos en un cajón y darles un paseo diferente, no todos pueden ganar premios, los jurados subjetivos no pueden tener el poder de anular el valor de los no ganadores. Nuestros hijos e hijas merecen salir 🚶 y pasear diferentes senderos. hagámoslo por ellos. Quitemos el polvo de los cajones y aireemos nuestros relatos.

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    1. Todos tenemos relatos y poesías escondidos, que no tienen por qué morir olvidados, que se merecen otras oportunidades si quien los ha escrito los siente palpar todavía.
      Gracias por tus palabras, Eva. Tú también tienes mucha poesía escondida. Un abrazo.

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