sábado, 19 de noviembre de 2016

El refrán de todos los días

Marieta Pancheva, refranes, otoño

Un día más me despierto de noche.

Si madrugo, Dios me ayudará, dicen. Aunque no por mucho madrugar amanece más temprano. A fin de cuentas, la intención es lo que cuenta y decido que ni para mí, ni para él y simplemente me levanto, pues poco se gana hilando, pero menos holgando.

Aún dormida me dirijo al baño para comprobar si mi cara sigue siendo el espejo de mi alma, aunque sabido es que las apariencias engañan. En esta ocasión coinciden espejo, cara y alma y tranquila abro el grifo para dejar correr el agua mientras reúno pensamientos y dibujo el día.

Entre bostezos aparezco en la cocina donde hay una gata encerrada, mi gata, que se ha pasado la noche persiguiendo a algún nuevo fantasma que le ha dado con la puerta en las narices. Algún día la va a matar la curiosidad, ambas lo sabemos. Más bien alguna noche, que de noche todos los gatos son pardos y la curiosidad no distingue. Aunque a ella todavía le quedan unas cuantas vidas, espera resuelta y risueña estira sus patas para la revisión diaria. Siempre me han llamado la atención las personas que les cuentan las extremidades a los gatos, pues  sé que la mía tiene exactamente cuatro, pero ella no olvida mi condición humana y me la recuerda cada mañana.

Marieta Pancheva, refranes, gato

Como el trabajo hecho en domingo el diablo se lo lleva, decido salir a dar un paseo por la Casa de Campo, antes de ponerme con las tareas acumuladas de “el que busca, encuentra; el que sigue, la consigue y el que guarda, halla”.

Llueve y no hay mala lluvia, ni buen paraguas. Solo un tiempo diferente al que ofrezco mi mejor cara y un buen abrigo, que ande yo caliente y ríase la gente. Sé que no es posible prevenir misterios del porvenir, así que dejo fantasma y gata, me despido de ellos, cierro con llave y me dejo llevar.

Y como una hora de alegría compensa diez días y son más los días que las alegrías, el espejo de mi alma se ilumina bajo la lluvia y entre las hojas caídas, que aunque no es primavera que la sangre altera, es otoño que todo lo viste de colores y desviste de penas.

Y decido no sembrar vientos, ni recoger tempestades.

Decido no abarcar mucho para no apretar poco.

Decido dejar volar al pájaro que aparece en mi mano sin aviso para que se sume a los ciento volando.

Decido no pedirle peras al olmo, porque conforme es el árbol, así es el fruto. Y noviembre es de las castañas, más listas que el hambre. Y paseo sin pensar en alegrías y pesares, que me vendrán sin que los buscare. Y tras un tiempo, otro vendrá, y Dios dirá.

Vuelta a Dios y a casa. Que la paz y el hogar van a la par, aunque la de las siete vidas y el de sin vida aún no hayan hecho las paces y esperan impacientes la noche para verse de nuevo las caras.

Mientras yo duermo y sueño que madrugo para que otro dios me ayude. 

Y una noche más me acuesto de día.

Marieta Pancheva, refranes, otoño




Marieta Pancheva

2 comentarios: