miércoles, 19 de octubre de 2016

White Bear


Black Mirror, móviles, tecnologías, series

A dos días del estreno de la tercera temporada me vuelve a venir a la mente.

Déjame que te invite... 
A ver el capítulo Oso Blanco (White Bear) de la serie Black Mirror por varias razones, por muchas razones.

Me impactaron todas las entregas, pero esta que te traigo me sacudió, me lanzó lejos del sofá, fuera de la habitación, fuera de toda posibilidad racional. Aún no existen estos límites que traspasa, pero son inmediatos y predecibles…


Black Mirror, móviles, tecnologías, series
Imagen: episodio White Bear, serie Blach Mirror
Fuente: imdb.com

Y quiero regalarte esto que sigue.

Quiero regalarte la sensación con la que me quedé: la boca abierta, los ojos desorbitados, fascinada por su potencia, asustada por estos tiempos monstruosos en los que vivimos y aterrorizada ante el inevitable futuro cuya responsabilidad es exclusivamente nuestra. Y compartir contigo las ganas de más que me aceleran el corazón y me sacuden de pies a cabeza.

Solo días después me atreví con otro capítulo de la misma serie, pero el sabor de Oso Blanco permaneció. Un sabor desconocido, violento y extrañamente placentero a la vez. ¿Qué mente prodigiosa es capaz de crear algo que se apodere de una así? Solo los dioses a quienes sobran las palabras, que atrapan con la imagen y nos hacen enmudecer.

¿Cómo despertar la mente de un espectador más y más adormilado? ¿Hasta dónde es capaz de llegar el ser humano y qué límites nos pondrán a nosotros nuestros propios inventos tan profundamente inhumanos? Las nuevas tecnologías somos nosotros, un espejismo que ni siquiera nos devuelve la imagen, que calla sereno, aunque no nos otorgue nada porque el que calla no siempre otorga.

Black Mirror, móviles, tecnologías, series
Imagen: episodio White Bear, serie Black Mirror
Fuente: imdb.com
Nos convertimos en espectadores, en espías, en observadores sin empatía alguna hacia esa protagonista que un día despierta y no recuerda nada. Un intento de suicidio fallido. Fotos de una niña pequeña y un símbolo extraño en la pantalla del televisor.
Así arranca la historia.

Y sigue todo un periplo sin tregua hasta el final. Cada paso que da está grabado por las cámaras de los móviles de personas ajenas. Sin intervenir en ningún momento. Miedo, mucho miedo y desconfianza. Graban, avisan y vienen otros que intentan atraparla. Mirones, justicieros y ella, tratando de salvar su vida, desmemoriada. Sin saber por qué la persiguen, sin saber hacia dónde va. Sin saber dónde está la niña pequeña de las fotos.


Black Mirror, móviles, tecnologías, series


En cualquier lugar con cobertura móvil es vulnerable. Es presa fácil y nadie ayuda.
La historia se descubre a cada paso, pero el final, oh, el final. El final es un metashow, un Gran Hermano no ya del 1984 de Orwell, ni del Show de Truman, sino un más allá de cualquier inevitable reality.

Sin spoilers.

42 minutos sin aliento. Con el corazón en giro constante.

Una propuesta solo creativa, de momento. Ojalá quedase ahí, en una propuesta creativa y alertadora, pero ¿qué demandará nuestra avidez de experiencias más y más impactantes cada vez? ¿Hasta dónde nos llevará esta ansia de sensaciones que exigen carnaza y entroncan con límites peligrosos? ¿Tenemos que empezar a dudar en serio de nuestra humanidad? 

Probablemente.

De momento quedan solo dos días para el estreno de la tercera temporada de Black Mirror.


Black Mirror, móviles, tecnologías, series
Imagen: White Bear, serie Black Mirror
Fuente: imdb.com


Marieta Pancheva

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