sábado, 8 de octubre de 2016

Twitter y la madrastra de Blancanieves



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Por suerte para mí registré un dato fácil de recordar cuando menos, inquietante, porque lo que te voy a contar es llamativo y creo que poco o nada tiene que ver con ese posible vínculo en Twitter y literatura


Antecedentes

En un número de El País Semanal de hace unos meses, leí un artículo de Luisgé Martín titulado “A cien tuits por segundo”. Me llamó la atención un entresacado sobre la relación que se ha establecido, como digo, entre la red social y la producción literaria. Lástima no haberlo podido rescatar porque daba cifras que me chocaron, sobre todo, tomando como referencia lo que yo misma tuiteo o retuiteo como promedio diario.

¿Te imaginas que alguien, en su sana cordura, lleve tuiteando una media de cincuenta veces por día durante los últimos cinco años? Esto significa que si ha habido algún día en que ha caído enfermo o se ha quedado sin conexión, lo ha hecho doble, cosa que arroja la increíble cantidad de cuatro tuits por hora, mañana, tarde y noche y madrugada incluidas. ¿Hace algo más que tuitear esa persona? ¿Come, duerme, se asea, atiende a su familia, se toma un vino de vez en cuando, queda con sus amigos, enferma alguna vez, baja a la tienda de la esquina a avituallarse entre tuit y tuit? ¿Le da tiempo? ¿Escribe un diario? ¿¿Trabaja?? Por no mencionar otras cosas banales como ir al cine, darse un paseo por el campo o ver un atardecer desde la playa (y sin móvil), que le deben parecer pura frivolidad.


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Hace su aparición la madrastra

La realidad siempre está más allá, nos da dos vueltas, tres. Esa misma historia llevada a la pantalla nos provocaría una sonrisa indulgente, tipo “claro, es una película; qué exagerados son los cineastas”. 

Pero es que es así: millones de tuits y de textos efímeros en múltiples redes y plataformas forman un enorme palimpsesto que evidencia quienes somos. Todos buscamos ser el más ingenioso, brillante, atractivo, original, divertido, travestido, irónico u ocurrente para que el espejo responda que somos la más bella. Gracias a la red y a los nuevos modos de comunicarnos (de los que no siempre obtenemos lo que hemos venido a buscar), acabamos siendo la madrastra de Blancanieves. La civilización podría acabar fracasando por pura distorsión de la realidad.

La famosa madrastra, enferma de vanidad, es incapaz de envejecer de forma digna (que sería tomarse todo esto con naturalidad) mientras florece su criatura, a la que se empeña en tratar como rival y con la que compite a muerte (no olvidemos que ordena matar a la niña y se come un corazón creyendo que es el de la chiquilla, que porque es un cuento de hadas que si no…). Menos mal que termina con Blancanieves sana y salva, y con malvada llevándose su merecido.



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La metáfora

Es una ocurrencia, pero a lo mejor sirve:

Blancanieves: podría simbolizar las primeras incursiones en la selva de las redes sociales.

Los enanitos: los primeros-tímidos-titubeantes pasos de una etapa en la que empezamos a ser un poco conocidos, siete enanitos, siete meses mínimo; escribimos comentarios en blogs, tuiteamos, retuiteamos, compartimos posts, se nos va quitando un poco el pudor. Recordemos que en cuento no hay enanitos mudos, luego representan la socialización.

La reina: hagamos con todos los veteranos, las estadísticas, los resultados que deberían arrojar siempre la mejor valoración frente al resto el personaje de la reina.

La manzana envenenada: pongamos que son las amenazas, el tránsito de los alevines hasta llegar a expertos y el riesgo que corren: acabar fagocitados por la voracidad y la avidez del posicionamiento, la formación, los deberes, dedicando apenas segundos a cada noticia, lo imprescindible para ver si es o no susceptible de compartirse. Y si consideramos que la nota tiene interés y la guardamos, puede que ni siquiera acabemos volviendo sobre ella, presionados por el ritmo de la carrera.

El príncipe: se me hace que despertar de ese sueño requiere algo más que el beso de un príncipe arrebatado.



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El final del cuento

¿Podemos salvarnos de todo esto?

Pongamos que sí, pero no hay otro camino que la literatura, la poesía, la música, el arte, la reflexión, la meditación. Es decir: la renuncia a las prisas.

Los caminos del arte y la literatura nos permiten adentrarnos en una realidad paralela, mucho más espaciosa, evocadora, llena de recursos, alivios y sueños. Desde ahí es posible vivir una segunda vida que nos ensanche la primera, darnos cuenta de lo que tenemos y no apreciamos por culpa de este atolondramiento que no es vivir, sino huir hacia adelante.

La renuncia a las prisas nos permite observar lo pueril de la carrera. ¿Nos interesa llegar cuanto antes a costa no mirar el paisaje, o vamos a disfrutar de los pasos que damos, los olores, las vistas, y llegar a la cumbre cuando sea pero con dignidad?

Solo desde ahí tiene cura. Solo entonces queda cuento para rato. Porque corremos otro riesgo: que el cuento pierda su encanto, que nos acabemos cansando de él. Y si los cuentos pierden su encanto, pierden su sentido. Entonces sí que estamos perdidos.

Lo cierto es que hoy, si nos comparamos, la madrastra de Blancanieves sería indultada. Por ingenua.

O lo hacemos nosotros o nos queda encomendarnos a Blancanieves y a sus siete enanitos para que vengan a salvarnos de esta realidad que lo acaba conteniendo todo menos a nosotros. 


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Marian Ruiz 

4 comentarios:

  1. Te entiendo perfectamente porque yo también estoy en esa fase Blancanieves en Twitter. Ánimo y a disfrutar del camino y las vistas, como ya has dicho.
    Sobre la forma, la entrada está muy bien narrada y la metáfora es muy original 😉

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  2. Bienvenida a nuestra casa, Belén. Efectivamente, disfrutemos, no vaya a ser que quedemos dormidas para los restos. Que nos salve la poesía y esta manía que tenemos de mirar en los dobladillos de las cosas. ¡Gracias por tus palabras!

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  3. Muy interesante tu planteamiento, la verdad es que reflexionandolo bien el fenómeno de Twitter (y en general de otras redes sociales famosas como pueden ser Facebook o Instagram) está sirviendo de escaparate a la superficialidad y vanidad en estado puro de muchas personas. Muchas veces lo que la gente postea parece perseguir más la aprobación y admiración de los demás que no el hecho de aportarles valor.

    Creo que el objetivo último de todas estas herramientas debería ser el de conectarnos y enriquecernos mediante la compartición de conocimientos, consejos, frases motivacionales y cualquier otro recurso que puediera ayudarnos a ser más felices y ayudar a los demás a serlo también.

    ¡Gracias por el post! :)

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  4. Creo que si logramos manejarlas de manera racional, son fabulosas, pero corremos un riesgo serio de volvernos superficiales. Es como que sin una cierta ética intelectual desaprovecharemos las posibilidades que nos ofrecen (por ejemplo, este encuentro contigo) y nos podemos perder por el camino. En todo caso, ahí estamos, tú, nosotras, con la atención puesta en que no nos desvíen de lo realmente importante, como apuntas. ¡Saludos! :)

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