sábado, 22 de octubre de 2016

Reseña “LA CARNE”


La carne, Rosa Montero, escritores malditos, amor, paso del tiempo



Título: La carne
Autor: Rosa Montero
Editorial: Alfaguara
Páginas: 240
Fecha publicación: 09/2016
ISBN: 9788420426211
Temática: Contemporánea


La carne, decía Paul Auster, puede ser un lugar de tristeza insondable; sobre todo, cuando detrás de ella lo que en realidad se busca es el amor, digo yo.




La carne, Rosa Montero, escritores malditos, amor, paso del tiempo


Soledad tiene edad como para hacer un buen balance de su vida, pero algo falla porque ni siquiera el Arte, al que vive entregada, es suficiente. Su biografía aparece teñida de una amargura profunda ahora recrudecida porque Mario, su amante, la acaba de dejar. Se añaden el vértigo de la edad y los sucesivos peajes que conlleva envejecer. Se añade la amenaza de la locura. 

Soledad es comisaria de una galería y organiza una muestra para la Biblioteca Nacional cuyo tema, Escritores malditos, transcurre en paralelo al relato de su vida como un lamentable trasunto.


La carne, Rosa Montero, escritores malditos, amor, paso del tiempo


Sabe que la partida está perdida de antemano, pero se rebela, quizá porque todavía puede. Hay en ella un grito que reclama permanecer, conjurar un futuro en el que ya no le será posible hacerlo. Es una victoria pírrica para seguir siendo y seguir concibiendo esperanzas, dado que el destino se empeña en hacerla desaparecer antes de tiempo con su insistencia tenaz a privarle del amor. 

El amor: lo único que vale la pena.

Ese mismo destino, esa sombra adelantada e irónica, la bautizó con el apellido Alegre, pero si algo no puede decirse de ella es que sea alegre: la vida no la ha perdonado nunca y la abofetea ahora con su guante más hostil.


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Hay una edad en la que se imponen a tal punto las rebajas, que solo aferrarse a la carne pareciera retrasar las sombras que cortejan la muerte.

Adam. 32 años. 1,91, pelo negro, ojos color miel, complexión atlética, habla español, inglés y francés”. Adam es la carne, la tersura del cuerpo, la insolente e infinita juventud.

Y es un escort, un acompañante-prostituto de lujo con quien dar a Mario lo único que puede ya: celos. Mario es un hombre casado, quizá el último hombre importante en su vida, y la ha abandonado por una esposa embarazada. La idea de encontrárselos en la ópera es más de lo que puede soportar y necesita con desesperación alguien a la altura de las circunstancias. 

Solo eso; después, cada uno se irá por donde ha venido. 

Pero como si esas mismas circunstancias hubieran tomado el mando y, casi sin remedio, convierten a Adam en amante y la imposible relación empieza a tomar forma. Ella acaba de cumplir los sesenta. Él tiene treinta y dos. 

El vértigo está servido.


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Rosa Montero tiene una prosa certera capaz de hacer digeribles temas complejos utilizando sabiamente el humor, la tensión, la desconfianza, las aprensiones, la rabia, la ternura. Decía en la presentación que tuvo lugar a principios de octubre en el Conde Duque de Madrid, que en este libro había jugado con las palabras, se había reído y emocionado. Que la novela había fluido sola. Largo tiempo rondándole sin terminar de hallar el broche y, un buen día y de manera sorpresiva, la luz.

La muerte y el paso del tiempo son temas recurrentes en su obra porque ella misma afirma temerlos. Teme lo que hacen con nosotros el deterioro y la decadencia “hasta darme cuenta de que tengo una madre inmortal”, bromeaba. Su madre, 95 años, también asistía a la presentación. A Rosa parecen gustarle esas fronteras del humor, lo jocoso y lo grave, lo real y lo imaginario. 

En La carne, ella misma tiene un pequeño papel como personaje y, sin abandonar el tono de guasa, en una reciente entrevista para Europa Press, decía al respecto: "la imagen que da Soledad de mí no te creas que está tan desencaminada". Ayer, viernes 21 de octubre, en otra entrevista para El País Semanal a cargo de Maite Nieto y a la pregunta de qué es lo que más echa de menos de su juventud, confesaba: "esa maravillosa libertad futura de que vas a poder inventar tu vida de cero".

De haberse topado a Soledad con Adam por el Retiro, seguro que habría aprobado su debilidad por esa carne, tan admirada como un milagro.


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Me hago una reflexión: después de leer la novela me he preguntado por qué esta mujer, si pretende dar celos a su amante, no escoge a alguien más próximo a su edad, un tipo de cincuenta, por ejemplo. ¿No hubiera servido para que Mario lo diera como un repuesto mucho más verosímil? Pero no. Lo pienso mejor y me digo que para que esta historia sea la que es se precisa una oposición furiosa entre lo joven y lo viejo. 

Tampoco Rosa hubiera encontrado en tal caso y en ese viejo del que mostró un cortísimo vídeo para presentarlo como icono una síntesis elocuente de La carne. 

Tampoco el viejo hubiera tenido su reconocimiento ni su momento de gloria.


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El amor: lo único que nos redime. Lo único que, en mayor o menor medida, añade sentido a nuestras vidas, que puede ir más allá de la carne. 


Y la imaginación. "Todos tenemos todas las posibilidades del ser dentro de nosotros, es lo que decía el romano Terencio, nada de lo humano me es ajeno. Entonces te imaginas por dentro de esa existencia, te dejas llevar por ella, permites que el personaje te cuente su historia, que te envuelva en ella...".

"El chisporroteo en los ojos de la Montero cuando habla de la imaginación", recordó Soledad esa tarde en que el cielo era por momentos una hoguera llameante y se planteaba ella misma atreverse a escribir una novela. 


Marian Ruiz

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