sábado, 1 de octubre de 2016

Astrofísica entre líneas



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Observatorio astronómico de la isla de La Palma.
Foto: Xabier Iriondo


En un artículo sobre astrofísicos y estrellas, Rosa Montero dice: "esa terra incognita de nuestros días que está ahí afuera".

Si hago una lectura entre líneas, me remite a dos tierras tan ignotas como inquietantes: la de ahí arriba, poblada de estrellas y vacío, y otra mucho más próxima, desconocida y vacía aunque en sentido menos poético. Sigue diciendo que "deberían obligarnos a todos los ciudadanos a visitar los observatorios astrofísicos al menos una vez al año. Para que aprendamos a mirar Andrómeda en vez de estar absortos en nuestro ombligo".

De ahí no pasamos. De ahí hacia adentro hay un doble vacío sideral. 

También yo tuve el honor de visitar el IAC de la isla de La Palma en el Roque de los Muchachos. También nosotras miramos hacia arriba y hacia afuera. 

¿Crees que el afuera nos acerca al adentro de alguna manera?

Que la separación entre dentro y fuera es producto de la limitación de nuestros sentidos lo dice la física cuántica. Cuando los telescopios empezaron "a lamer los lejanos secretos del universo", como poéticamente describe Rosa, "era mágico, era extraño, era sobrecogedor. Era la indecible menudencia del ser humano enfrentándose a la enormidad del universo".

Este otro texto en la entrada al despacho de Stephen Hawking apunta a lo mismo: 



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Te estás preguntando qué tiene que ver todo esto con los libros.

Tiene que ver con la fascinación. Con darse permiso, por ejemplo, no sólo de leer, sino de ir con un libro más allá de lo obvio. De ser más curiosos, de dejarnos intrigar, de preguntarnos cosas.

Recobrar la curiosidad y el asombro, cuestionarlo todo, leer desdoblando sentidos, es semejante a cuando aprendíamos a andar en bici y descubríamos que podíamos hacerlo sin manos. 

Aunque es esta otra velocidad de hoy y no la de la bici la que es frenética, tanto que la posibilidad de asombro está muy menguada y nos hace creer que estamos de vuelta de todo cuando no estamos de vuelta de nada.

Es probable que la fantasía y la ciencia ficción estén más cerca de lo que llamamos "verdad" porque manejan términos como teletransportación o multiversos, y posibilidades de estar en dos sitios a la vez sin que por ello se le levante la ceja a nadie. 

Fuera de ahí, ni aunque la física cuántica se nos ponga de rodillas. 
No nos la creemos. 
Así somos.



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Dejarse asombrar y apuntar, como hacen los telescopios, a las estrellas. Puede que entonces atisbemos cómo ir, de paso, un poco más allá y un poco más adentro.

Mirar dentro del ombligo no es fácil: es un agujero retorcido y pequeño y está oscuro. Pero si en algún lugar está nuestro futuro es de ahí hacia dentro.




Marian Ruiz

4 comentarios:

  1. ¡Qué hermoso post Marian! La verdad es que justo ahorita estaba escribiendo mis páginas matutinas y me preguntaba dónde estará la libertad, incluso lo hice un tuit, la libertad estará afuera a cientos de kilómetros o estará adentro en los confines del corazón, si miro el cielo y encuentro ese montón de estrellas, ¿ellas me podrían marcar una ruta interna? Yo soy una observadora de nubes y una observadora de esas luces nocturnas, me gusta saber que soy parte de un todo, que tengo la edad que tiene el universo porque la materia nunca se desintegra sino que se transforma. Me pregunto ¿cuál será el camino para ir hacia adentro? Estaré pendiente y miraré más a menudo la galaxia que habitamos para que me marque caminos de cómo ir hacia ese encuentro interno.

    ¡Un abrazo!

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    1. Parece recomendable seguir la ruta del corazón tomando como guía esa ruta infinita que siguen ellas. Poner los ojos en la cola de la Vía Láctea, atentas a que la luz nocturna nos encienda nuevos caminos, y los pies bien anclados en esta hermosa tierra. ¡Gracias, Eliana, por asomarte aquí y regalarnos tan bellas palabras! Otro abrazo para ti.

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  2. Las palabras y las estrellas tienen algo en común. Es difícil saber qué es, pero se adivina en este hermoso post.

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  3. Motivo de celebración encontrarnos también con quienes tenemos ciertas cosas en común, pongamos, la mirada. Por ejemplo. ¡Mil gracias, Skyler!

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