miércoles, 17 de agosto de 2016

La poética del metalenguaje


Poesía, poética del metalenguaje, piedras, poesía cotidiana
Foto: Marieta Pancheva

Buscamos el oído delicado, la mirada curiosa, el paladar exquisito.

Para provocar estados de ánimo nuevos, hablar de sentidos y significados, de recursos literarios y de registros menos explorados. Para volver cotidiana la poesía de lo que puede pasar inadvertido.

Porque nuestra poética es una vía por la que caminan en paralelo lo dicho, lo escrito y lo visual.

Porque no es solo versos, no al menos en su sentido más frecuente. 

Nuestra poética trae imágenes que valen más que mil palabras; invita a leer entre líneas y a buscar qué se esconde más allá de lo expresado; a dibujar con la palabra, cocinarla a fuego lento, a contemplarla un minuto antes de ser saboreada; a fusionar géneros en una estructura coherente.

Implica un mayor esfuerzo por parte de quien lee. A cambio le ofrece deleite estético, acción en la aparente no-acción.

Poética son las piedras de las calles de Pompeya que servían para cruzar de una acera a otra cuando el agua anegaba los espacios, antes de que las cenizas del Vesubio devorasen la ciudad; es la mirada que captura el momento preciso, en el lugar más fiel; la que infunde vida a la materia inerte y pone la palabra al servicio de su rotundidad, le ofrece su tacto, dibuja su arquitectura interna y la hace vibrar. Es la que descubre en ella ese sabor que no le da la cocina convencional.

Si hacemos metáfora de la piedra, vemos esa vieja sustancia alquímica y filosofal que metamorfosea el plomo en oro; la piedra, metáfora de lo posible, que trasciende el significado de la palabra que la nombra. Podríamos incluso decir que es metalenguaje sosegado.



Marieta Pancheva

No hay comentarios:

Publicar un comentario